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Los términos nacido de nuevo y regenerado son bastante familiares para muchas personas y por lo general se asocian con llegar a ser cristiano.
Pero ¿qué significa nacer de nuevo? ¿Significa tener un nuevo comienzo para vivir una vida moral? Si ese es el caso, ¿tiene que nacer de nuevo una persona que ya es buena, recta y ética?
En esta entrada veremos lo que dice la Biblia acerca de nacer de nuevo.
Echemos un vistazo a la historia de Nicodemo en Juan 3. Nicodemo era un hombre moral tenido en alta estima en su comunidad. Vino a Jesús una noche en privado y le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro”.
Nicodemo pudo haber querido que Jesús le enseñara cómo mejorarse a sí mismo aún más para que pudiera ser perfecto. Pero antes de que Nicodemo pudiera decir algo más, Jesús le dijo en Juan 3:3:
“De cierto, de cierto te digo: El que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.
Nicodemo no parecía tener ningún problema moral o pecaminoso. Así que esta palabra puede haberle sorprendido. También podría sorprendernos a nosotros, especialmente si pensamos que sólo las personas que son obviamente inmorales o poco éticas necesitan nacer de nuevo.
Pero no son sólo las personas pecadoras o inmorales las que necesitan ser regeneradas. Todo ser humano necesita nacer de nuevo a fin de recibir la vida divina y eterna de Dios.
Sin importar cuán nobles, buenos o rectos seamos, sin nacer de nuevo, sólo tenemos nuestra vida humana; no tenemos la vida de Dios. Pero Dios quiere que tengamos Su vida. Por eso Él nos creó.
Así que, ¿cómo podemos tener la vida eterna de Dios? El Señor Jesús dijo que debemos nacer de nuevo, es decir, nacer espiritualmente con la vida de Dios.
Cuando un bebé nace, nace de sus padres con la vida humana de sus padres. Nacer de nuevo, o ser regenerado, simplemente significa que nacemos de Dios con la vida de Dios.
En Juan 3:6, Jesús le explicó a Nicodemo cómo esto puede ser:
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
La nota 2 de este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a ver lo que significa nacido del Espíritu, espíritu es:
“El primer Espíritu mencionado aquí es el Espíritu divino, el Espíritu Santo de Dios, y el segundo espíritu es el espíritu humano, el espíritu regenerado del hombre. La regeneración se lleva a cabo en el espíritu humano por medio del Espíritu Santo de Dios, con la vida de Dios, la vida eterna e increada. Así que, ser regenerado significa tener la vida eterna y divina (además de la vida humana, la vida natural) como la nueva fuente y el nuevo elemento de una nueva persona”.
Nuestro espíritu humano es la parte más profunda de nuestro ser. Fue creado de una manera particular por Dios con la capacidad de contactar a Dios y recibirlo. Cuando creímos en Jesús, nuestro espíritu humano nació del Espíritu divino. ¡Ahora tenemos la vida de Dios!
Dios no quiere gente ética que no tenga Su vida. Él quiere que los seres humanos lleguen a ser Sus hijos, engendrados con Su vida.
Nacer de nuevo no tiene nada que ver con la resolución de ser una mejor persona o hacer borrón y cuenta nueva. Tiene todo que ver con nacer del Espíritu en nuestro espíritu con la vida de Dios.
Podemos ver más sobre la regeneración en 1 Pedro 1:3:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos ha regenerado para una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”.
Las notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro en este versículo ayudan a aclarar este maravilloso asunto. Leeremos sólo la primera parte de la nota 4 que explica lo que obtenemos a través de la regeneración:
“La regeneración, al igual que la redención y la justificación, es un aspecto de la plena salvación de Dios. La redención y la justificación resuelven el problema que tenemos con Dios y nos reconcilian con Él; la regeneración nos vivifica con la vida de Dios, llevándonos a una relación de vida, una unión orgánica, con Dios”.
Cuando creemos en Jesucristo y todo lo que Él hizo por nosotros, nuestros pecados son perdonados, y somos traídos de vuelta a Dios. Esto fue cumplido mediante la redención de Cristo. Estamos muy agradecidos por este aspecto de la salvación completa que Dios efectúa.
Pero eso no es todo. Al ser regenerados, somos vivificados con la vida de Dios. Ahora la relación que tenemos con Dios no es objetiva, como la de una criatura y su Creador. Nacer de nuevo introdujo la vida de Dios en nosotros, y debido a eso, nuestra relación con Él es una relación de vida, o una unión orgánica.
Esto es diferente a dos objetos inanimados simplemente unidos por pegamento. En cambio, nuestra relación con Dios es como la unión de un pámpano en una vid. El pámpano se une a la vid orgánicamente y comparte la vida de esa vid.
El nacimiento de un bebé es un acontecimiento maravilloso. Pero es sólo el comienzo del crecimiento y desarrollo del bebé.
De la misma manera, nacer de nuevo es sólo el comienzo de nuestra vida cristiana. Entonces, ¿qué debemos hacer después de nacer de nuevo?
Después de nacer, la necesidad principal de un bebé es respirar y comer. Un recién nacido no necesita enseñanzas ni libros de texto sobre cómo comportarse. Necesita aire y alimento. Mientras reciba la nutrición adecuada, crecerá espontáneamente, sin luchar o esforzarse. El bebé simplemente respira y come, y así crece a través de todas las etapas de la vida hasta la adultez.
Sucede lo mismo con nuestra vida cristiana. Una vez que nacemos de nuevo, nuestra necesidad más importante es respirar y ser nutridos espiritualmente para que esta nueva vida en nuestro espíritu pueda crecer. Podemos hacer esto al orar, invocar el nombre del Señor, y pasar tiempo en la Palabra de Dios. A medida que crecemos, expresaremos la vida de Dios cada vez más en nuestro vivir diario.
Aquí solamente pudimos tocar brevemente este maravilloso asunto de nacer de nuevo con la vida de Dios. El Nuevo Testamento Versión Recobro contiene más notas de las que podríamos incluir en esta entrada, especialmente sobre los versículos en 1 Pedro 3. Si usted vive en los Estados Unidos, le animamos a pedir una copia gratuita para que pueda leerlas y obtener una apreciación más completa de la regeneración.
También le recomendamos encarecidamente que lea el capítulo 3, “La primera experiencia de vida: la regeneración” en El conocimiento de la vida. Este libro excelente sobre la experiencia que tiene un creyente de la vida de Dios proporciona una ayuda invaluable. Puede descargar este libro electrónico gratuito desde cualquier lugar del mundo aquí.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Es muy importante que cada creyente se haga esta pregunta. Sea que hayamos sido salvos recientemente o tengamos tiempo de serlo, la respuesta a esta pregunta tiene una importancia profunda para nuestra vida cristiana.
Esta entrada proporcionará alguna ayuda práctica acerca del bautismo según la Palabra de Dios.
En Marcos 16:16 el Señor Jesús dijo:
“El que crea y sea bautizado, será salvo; mas el que no crea, será condenado”.
Algo en lo que debemos estar claros es que solamente creer en Cristo nos salva de ser condenados. En la segunda parte del versículo podemos ver que no creer es el único asunto mencionado en relación a ser condenado. Además, Juan 3:16 confirma este punto al decir que “todo aquel que en Él cree, tenga vida eterna”.
De modo que podemos tener la certeza de que si recibimos al Señor Jesús, somos un hijo de Dios. Hemos sido salvos de ser condenados por Dios y nunca pereceremos.
Entonces, ¿qué significa la primera parte de este versículo: “El que crea y sea bautizado, será salvo”? Si creer es suficiente para salvarnos de ser condenados, ¿por qué se menciona el bautismo?
Como creyentes, a menudo pensamos que una persona que ha sido salva es alguien que recibió al Señor Jesús y es salva de ser condenada eternamente. Ciertamente, esto es verdad, como mencionamos anteriormente; sin embargo, hay un significado más completo de la palabra “salvo” del que normalmente tenemos noción.
Probablemente, todos estemos de acuerdo que es necesario que seamos salvos de muchas cosas. La cosa más obvia es la condenación eterna. Sin embargo, después de creer, ¿qué hay respecto a nuestra vida diaria? Hoy en día, Satanás utiliza muchas cosas que intentan atrapar a los cristianos, aun sabiendo que nuestro destino eterno está seguro. Él utiliza cosas como el mundo y nuestra vieja manera de vivir a fin de sobrecargarnos y distraernos de ir en pos de Cristo. De modo que, ¿qué debemos hacer? ¿De qué manera podemos escapar estas cosas? Es claro que necesitamos ser salvos de más que de la condenación eterna.
Las buenas nuevas son que la salvación completa que Dios efectúa encierra mucho más que el no perecer eternamente.
Dios en Su sabiduría ordenó el bautismo como el segundo paso en una salvación maravillosa y plena a fin de tratar con las cosas de las cuales ahora debemos ser salvos.
Creer es algo interno y escondido. Cuando Dios ve nuestra fe, Él nos justifica e imparte Su vida en nosotros. Ya no estamos condenados por Dios y somos engendrados con Su vida divina para ser Sus hijos. Cuando creemos somos salvos delante Dios.
No obstante, las personas que nos rodean no pueden ver esto y quizás crean que todavía somos como ellos. De hecho, el mundo intenta aferrarse a nosotros de modo que no solamente necesitamos ser salvos ante Dios, también necesitamos ser salvos ante los hombres. Necesitamos ser separados del mundo.
Creer nos salva de la condenación y el bautismo pone fin al mundo que se aferra a nosotros. Éste entierra nuestra vida pasada y nos libera del mundo que nos enreda.
Podemos mostrar estos dos aspectos de la salvación con la historia de los hijos de Israel en Éxodo 12—14. En 1 Corintios 10:6 Pablo dice que lo que sucedió con ellos es un ejemplo para nosotros los creyentes en la actualidad.
Los israelitas fueron esclavizados en Egipto, y en su miseria clamaron a Dios. Dios los escuchó y envió muchas plagas a los egipcios, inclusive una última: la plaga de la muerte del primogénito. Para ser salvos de esta muerte, los israelitas tenían que sacrificar un cordero, el cual es una figura de Cristo como el Cordero de Dios quien se sacrificó por nosotros, y aplicar la sangre del cordero en los postes y el dintel de la puerta de sus casas. Cuando Dios veía la sangre del cordero en una casa, Él pasaba esa casa y el primogénito en ella era salvo de la destrucción. Al quedarse en sus casas bajo la sangre del cordero, los israelitas escaparon de la condenación de Dios.
En la actualidad, tenemos a Cristo como el verdadero Cordero de Dios quien murió para que fuésemos redimidos. Cuando aplicamos Su sangre y creemos en Él, somos salvos del juicio eterno de Dios que cae sobre la humanidad pecaminosa. Si usted nunca ha recibido a Cristo como su Salvador, puede hacer esta sencilla oración:
“Señor Jesús. Gracias por venir a esta tierra para ser el Cordero de Dios y quitar todos mis pecados. Gracias por derramar Tu sangre por mí. Te recibo como mi Salvador y mi vida. Perdona todos mis pecados y límpiame con Tu sangre preciosa. Entra en mí ahora mismo. Amén”.
Si hicimos esta oración podemos tener la certeza de que hemos sido redimidos, nuestros pecados han sido perdonados, tenemos vida eterna y somos un hijo de Dios. ¡Alabado sea el Señor!
Sin embargo, Dios no se detuvo con la Pascua. Él no dejó a los hijos de Israel como esclavos en Egipto
Éxodo 12:51 dice:
“Y en aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos”.
Pero, ¿cómo los sacó Dios de la tierra de Egipto?
Aunque los israelitas escaparon la condenación de Dios de muerte por medio del cordero pascual, el problema inicial seguía presente: estaban todavía en Egipto bajo la tiranía de Faraón. A fin de ser salvos de esa tiranía, era necesario que tuvieran un éxodo de Egipto.
Para que pudieran ser salvos del Faraón y de Egipto, Dios guió a los israelitas fuera de Egipto llevándolos a propósito por el mar Rojo. Faraón y su ejército los persiguieron hasta que los hijos de Israel estuvieron acorralados entre el ejército de Faraón y el mar Rojo, aparentemente sin salida. No obstante, Dios le dijo a Moisés que extendiera su mano sobre las aguas y las aguas se dividieron. Los israelitas entonces cruzaron hacia el otro lado del mar por tierra seca.
Cuando todos cruzaron, Moisés extendió su mano una vez más sobre el mar y las aguas se juntaron, sepultando al ejército de Egipto que los perseguía. De esta manera, los hijos de Israel fueron separados de Egipto y el poder de Faraón sobre ellos fue derrocado.
Esta historia sobre los hijos de Israel nos muestra de manera vívida por qué debemos ser bautizados una vez que recibimos a Cristo. Aunque el Señor nos redimió y lo recibimos como nuestro Salvador y nuestra vida, algo nos retiene. No somos tan libres de disfrutar nuestra salvación como pensábamos; no somos tan libres de nuestra vieja manera de vivir o enredos mundanos como esperábamos.
Estos sentimientos indican que es necesario que también nosotros tengamos un éxodo, pues nos muestran cuán conscientes estamos de nuestra necesidad de escapar del mundo, representado por Egipto, y de la tiranía de Satanás, representado por Faraón. No obstante, “Faraón” no está satisfecho de renunciar a sus esclavos así que nos persigue aún después de haber sido redimidos para llevarnos nuevamente al mundo. Así que, ¿de qué manera podemos escapar?
Un bautismo adecuado ofrece una línea de separación entre nosotros y el mundo, de la misma manera que el mar Rojo separó a los hijos de Israel de Egipto. El bautismo nos libera de la tiranía que Satanás tiene sobre nosotros. Cuando somos bautizados, él y su ejército quedan sepultados en las aguas del bautismo. Ya no pueden aferrarse a nosotros y estamos seguros en el “otro lado”, libres de la esclavitud de Satanás y somos capaces de seguir al Señor Jesús sin estorbos.
La respuesta más simple a la pregunta de cuándo debemos ser bautizados es, ahora. Si una persona recibe a Cristo como su Salvador, entonces según la Palabra de Dios, nunca es demasiado temprano para ser bautizado.
El Nuevo Testamento registra dos ejemplos excelentes de nuevos creyentes siendo bautizados inmediatamente después de haber recibido al Señor.
El Señor le dijo a Felipe que le hablara a un eunuco etíope, quien recibió el evangelio con gozo. Mientras iban por el camino, llegaron a un lugar donde había agua. El eunuco le dijo a Felipe:
“Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?” (v.36)
Felipe simplemente le respondió: “Si crees de todo corazón, serás salvo”. El eunuco declaró que creía que Jesucristo es el Hijo de Dios y procedió a ser bautizado”. (v. 38)
Felipe solamente expresó un solo requisito para que el eunuco etíope fuese bautizado: que creyera en el Señor. Felipe no requería que el hombre tomara una clase, que aprendiera sobre prácticas cristianas o que fuera salvo por cierto periodo de tiempo. Más bien, una vez que el hombre declaró su fe, Felipe lo bautizó.
Los apóstoles Pablo y Silas, después de haber sido golpeados y encarcelados por predicar a Cristo, estaban en prisión a medianoche cantando himnos de alabanza a Dios. Mientras ellos cantaban, un terremoto sacudió los cimientos de la cárcel y las cadenas de todos los prisioneros se soltaron, lo cual les daba la oportunidad de escapar.
La fuga de los prisioneros hubiera significado la ejecución del carcelero. Debido a que el carcelero pensó que todos habían huido, éste se iba a matar. No obstante, Pablo lo detuvo y le hizo saber que todos estaban allí.
Bajo tales circunstancias, el carcelero les dijo a los apóstoles: “¿qué debo hacer para ser salvo?” (v. 30). Los apóstoles simplemente le respondieron: “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y tu casa” (v. 31).
Los apóstoles entonces le hablaron la Palabra a él y a todos los que estaban en su casa, y el carcelero lavó sus heridas. Después de haber recibido la Palabra y creído en Dios con todos los que estaban en su casa, “en seguida se bautizó él con todos los suyos” (v. 33).
En estos dos casos podemos ver que no es necesario esperar a estar “listos” para ser bautizados. Estamos listos cuando creemos. Nada nos hará más dignos o menos dignos de entrar en el agua del bautismo. Solamente hay un requisito en la Palabra de Dios para ser bautizados: creer en el Señor Jesús.
Sea que haya creído en el Señor hace bastante tiempo o que sea recién salvo, eso no importa. Del mismo modo que no es demasiado temprano para que una personas sea bautizada, tampoco es demasiado tarde. Si usted ha creído en Cristo, pero no ha sido bautizado, no deje pasar la oportunidad.
Si este es su caso, por favor, tome unos instantes para orarle al Señor respecto a su necesidad de ser bautizado:
“Señor Jesús, gracias por mostrarme mi necesidad de ser bautizado. Señor, no solamente quiero ser salvo interiormente al haber recibido Tu vida. También quiero ser salvo exteriormente de Satanás y del mundo, los cuales me impiden seguirte libremente. Señor, muéstrame cómo debo llevar a cabo este paso importante de ser bautizado. Amén”.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.