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En nuestra vida con el Señor, la fe es absolutamente esencial.
Pero ¿qué es la fe? Algunos piensan que es solamente pensar positivamente, o decidir creer en algo, o la confianza que se deposita en alguien o algo.
Pero ¿qué dice la Biblia sobre la fe? ¿De dónde proviene la fe? ¿Y cómo podemos obtenerla?
La fe es un tema importante en la Biblia, pero en esta entrada, nos centraremos en versículos y notas en Hebreos en el Nuevo Testamento Versión Recobro para responder a estas preguntas.
Primero, veamos cómo define la Biblia la fe. Hebreos 11:1 dice:
“Ahora bien, la fe es lo que da sustantividad a lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.
La nota 1 sobre fe en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos da una explicación más detallada:
“La fe es lo que da sustantividad a lo que se espera. Por lo tanto, es la seguridad, la confianza, la confirmación, la realidad, la esencia, la base de sustentación, de lo que se espera, es decir, el fundamento que sustenta lo que se espera. La fe también es la convicción de lo que no se ve. Esta fe nos convence de lo que no vemos. Por lo tanto, es la evidencia, la prueba, de lo que no se ve”.
¡La fe es realmente maravillosa! Le da sustantividad a todas las cosas maravillosas de Dios que esperamos y nos asegura de ellas. La fe también nos convence y es la prueba de cosas qué no podemos ver.
Por ejemplo, cuando fuimos salvos, Cristo vino a vivir en nosotros. Esto no es algo que alguno de nuestros cinco sentidos físicos pueda verificar, pero la fe le da sustantividad a esta realidad que no se ve y nos da la convicción de ella. Debido a que la fe opera en nosotros de esta manera, simplemente no podemos negar que Cristo vive en nosotros.
¿Cuál es la fuente de nuestra fe? ¿Alguna vez ha batallado para creer en el Señor, especialmente mientras enfrentaba dificultades? Muchos de nosotros hemos experimentado algo así en algún momento u otro. Por esta razón necesitamos ver de dónde proviene la fe.
Leamos ahora Hebreos 12:2:
“Puestos los ojos en Jesús, el Autor y Perfeccionador de nuestra fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.
La primera parte de la nota 3 sobre Autor explica el significado de esta palabra en griego, el idioma original del Nuevo Testamento:
“U, Originador, Inaugurador, Líder, Pionero, Precursor. La misma palabra griega es usada en [Hebreos] 2:10. Los santos vencedores del Antiguo Testamento solamente son testigos de la fe, mientras que Jesús es el Autor de la fe. Él es el Originador, el Inaugurador, el origen y la causa de la fe”.
Que Jesús sea el Autor y Perfeccionador de nuestra fe significa que Él es la única fuente de la fe; nuestra fe se origina únicamente en Jesús. Aunque creemos, la fe no proviene de nosotros.
¿Y qué de nosotros? La nota 3 continúa:
“En nuestro hombre natural no tenemos la capacidad de creer. No tenemos fe por nosotros mismos. La fe por medio de la cual somos salvos es la fe preciosa que hemos recibido del Señor (2 P. 1:1)”.
Recibimos fe directamente del Señor. Por nosotros mismos no tenemos la capacidad de creer. Para ilustrar, podríamos decir que intentar producir fe por nosotros mismos es como agitar furiosamente los brazos en un esfuerzo por volar. Pero no logramos volar porque simplemente no tenemos la capacidad de hacerlo. De la misma manera, por más fervorosamente que lo intentemos, simplemente no tenemos la capacidad de creer.
Si nos percatamos de que la fe no proviene de nosotros, no quedaremos atrapados en el ciclo de intentar generar fe por nosotros mismos y luego estar desanimados cuando fracasamos. Veremos que la fe está completamente entrelazada con la persona viva de Jesús y que necesitamos a Jesús para poder tener algo de fe.
Jesús es la fuente de la fe, y nosotros no tenemos fe en nosotros mismos. Entonces, ¿cómo podemos obtener fe? ¿Cómo podemos experimentar la fe en nuestra vida cristiana?
Centrémonos ahora en las primeras cinco palabras de Hebreos 12:2: “Puestos los ojos en Jesús”.
¿Por qué se nos dice que pongamos los ojos en Jesús, y de qué apartamos la mirada?
Tome en cuenta su día. La familia, el trabajo, los estudios, las relaciones y muchas otras cosas exigen nuestra atención. Durante todo el día recibimos mensajes, correos electrónicos y llamadas telefónicas. Además de eso, una multitud de cosas nos distrae, como notificaciones sobre la última tendencia o alertas minuto a minuto sobre eventos de noticias que tienen lugar al otro lado del mundo.
Todas estas cosas, tanto grandes como pequeñas, nos abruman y nos ocupan. Se ciernen sobre nosotros y nuestra fe se debilita.
Dios ciertamente no quiere que existamos en tal estado. Él quiere que vivamos y andemos por fe. Para tener fe, ¡necesitamos apartar la mirada! Necesitamos apartar la mirada de las cosas que distraen y agotan la fe y poner los ojos en Jesús.
Y Hebreos 12:2 nos exhorta no sólo a apartar la mirada, sino también poner los ojos en Jesús.
Al mirarlo a Él, descubrimos de nuevo cuán presente está Jesús y lo real que Él es en nosotros. Él mora en nuestro espíritu, y lo vemos allí, el más bello y real en el universo. Todo lo demás se desvanece.
Pero ¿qué tiene que ver que pongamos los ojos en Jesús con cómo obtenemos y experimentamos la fe? Cuando tenemos puestos los ojos en Jesús, algo maravilloso sucede dentro de nosotros.
Volvamos a la nota 3 sobre Autor para leer la siguiente parte:
“Cuando ponemos los ojos en Jesús, Él como Espíritu vivificante (1 Co. 15:45) se infunde en nosotros, nos infunde Su elemento que hace creer. Luego, espontáneamente, cierta clase de fe surge en nuestro ser, y así tenemos la fe para creer en Él. Esta fe no proviene de nosotros, sino de Aquel que se imparte en nosotros como el elemento que cree, a fin de que Él crea por nosotros. Por consiguiente, Él mismo es nuestra fe. Vivimos por Él como nuestra fe; es decir, vivimos por Su fe (Gá. 2:20), y no por la nuestra”.
Jesús se infunde en nosotros como nuestra fe. Ni siquiera tenemos que pedir fe. Espontáneamente, la fe surge dentro de nosotros porque el Señor Jesús, quien es impartido en nosotros, es Aquel que cree por nosotros. Muchos de nosotros podemos dar testimonio de que hemos experimentado precisamente esto. Un minuto podemos ser muy débiles en la fe, pero cuando nos volvemos a Jesús y lo miramos, sentimos que una fe viva surge dentro de nosotros y toda nuestra perspectiva cambia.
La nota 3 concluye:
“Jesús, como el Autor y el origen de la fe, también es el Líder, el Pionero y el Precursor de la fe. Él abrió el camino de la fe y, como Precursor, tomó la delantera para ser el pionero. Por lo tanto, mediante Sus pisadas puede conducirnos por el camino de la fe. Cuando ponemos los ojos en Él como Aquel que es el Originador de la fe en Su vida y camino sobre la tierra, y los ponemos en Él como Aquel que es el Perfeccionador de la fe en Su gloria y trono en los cielos, entonces Él nos imparte y nos infunde la fe a la que dio origen y perfeccionó”.
El Señor simplemente quiere que nos volvamos a Él en nuestro espíritu y lo miremos. Entonces Él podrá infundirnos consigo mismo. Así es como obtenemos y experimentamos diariamente la fe que Él originó y perfeccionó para que nosotros podamos continuar en el camino de la fe.
Consideremos algunas maneras prácticas en las que podemos poner nuestros ojos en Jesús y ser infundidos de Él todos los días.
1. Volver nuestro corazón: Nuestro corazón se distrae fácilmente del Señor, pero 2 Corintios 3:16 nos asegura: “Cuando su corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado”. Luego, el versículo 18 dice: “Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor”. Cuando volvemos nuestro corazón al Señor, podemos mirar interiormente Su gloria.
2. Tratar con los pecados que hemos cometido: Cualquier pecado que cometamos se convierte en un obstáculo para nuestra comunión con el Señor, así que debemos tratar con ellos confesándolos al Señor. Así es como podemos ser perdonados y limpiados para disfrutar mirar al Señor en comunión nuevamente.
3. Invocar Su nombre: Invocar el nombre del Señor es la forma más fácil de apartar la mirada de todo lo demás y poner los ojos en Él. Podemos clamar: “¡Señor Jesús! ¡Oh, Señor Jesús! ¡Señor Jesús, te necesito!”. Invocar Su nombre nos ayuda a poner los ojos en Jesús en cualquier momento y en cualquier lugar. Cuanto más invocamos, más sentimos que todo lo demás se desvanece a medida que Él se vuelve más cercano y querido para nosotros en nuestra situación actual.
4. Orar: Podemos llevar todo asunto a Dios en oración y contarle los problemas que enfrentamos, grandes y pequeños. Podemos orar oraciones cortas a lo largo del día, como: “Señor Jesús, no sé qué hacer. Pero Señor, ahora mismo pongo mis ojos en Ti. Quiero contemplar Tu belleza. Señor, Tú eres el más hermoso”. ¡Podemos contactar a Jesús mediante la oración en nuestro espíritu incluso cuando no tengamos problemas!
5. Leer Su Palabra: Podemos mirar al Señor Jesús en Su Palabra. Por ejemplo, al leer los Evangelios, vemos los detalles de la maravillosa vida de Jesús en la tierra. La Palabra de Dios nos revela cómo vivió Jesús, cómo trató a las personas, Sus palabras de gracia, Su fidelidad a Dios, Su muerte y resurrección, lo que hizo para salvarnos, y mucho más. Al leer la Biblia y mirar a Jesús allí, somos llenos de amor y aprecio por Él. También podemos orar usando las Palabras de la Biblia, para permitirle que nos infunda de Sí mismo aún más profundamente.
6. Pasar tiempo regularmente en Su presencia: Una de las principales razones de nuestra falta de fe podría ser que últimamente no hemos pasado mucho tiempo de calidad con el Señor. En cambio, hemos dedicado nuestro tiempo a mirar las redes sociales, buscar entretenimiento o fijarnos en muchas otras cosas. Necesitamos dedicar tiempo regularmente a poner nuestros ojos en Jesús; el mejor momento para hacerlo es por la mañana. En lugar de despertarnos y mirar inmediatamente nuestros teléfonos, podemos primero poner los ojos en el maravilloso Jesús que vive en nosotros, pasando tiempo en oración y en la Palabra. Es bueno ser infundidos con Él y absorberlo antes de hacer cualquier otra cosa.
Podemos conectarnos a la fuente de la fe todos los días al poner nuestros ojos en Jesús y mirarlo a Él, el Autor y Perfeccionador de la fe. ¡Él mora en nosotros! Está tan cerca; en cualquier momento podemos volvernos a Él en nuestro espíritu y permitirle que nos infunda de Sí mismo. Él será nuestra capacidad de creer y la fe por la que vivimos.
Si vive en los Estados Unidos, le animamos a pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para que pueda leer todas las notas sobre los versículos citados en esta entrada con sus referencias paralelas.

Usted probablemente conoce la historia encontrada en Mateo 2 sobre los magos, o sabios, que vinieron del oriente para adorar a Jesús después de que Él nació en Belén.
Pero ¿alguna vez ha pensado cómo esta historia podría aplicarse a nuestra vida cristiana? En esta entrada, leeremos Mateo 2:1-11 con notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para descubrir cuán relevante es para nosotros hoy en día.
Mateo 2:1-2 dice:
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, he aquí llegaron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el que ha nacido como Rey de los judíos? Porque vimos Su estrella cuando apareció, y hemos venido a adorarle”.
La palabra magos es una traducción de la palabra griega magoi, que significa “un hombre sabio de origen extranjero”. Estos magos no eran judíos de Israel. Eran hombres paganos del oriente, donde se les había aparecido una estrella brillante. Se dieron cuenta de que la estrella que vieron era “Su estrella”, la estrella de Cristo, quien nació Rey de los judíos. Guiados por esa estrella, ellos dejaron su tierra y viajaron para encontrarlo y adorarlo. Con el tiempo, llegaron a Jerusalén.
¿Por qué los magos partieron de su país y viajaron a la tierra de Israel? La primera parte de la nota 2 sobre estrella en el versículo 2 en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:
“Los judíos tenían las Escrituras acerca de Cristo, pero los magos del oriente vieron la estrella de Cristo (Nm. 24:17). Los judíos tenían un conocimiento mental de Cristo, escrito en letra muerta, mientras que los magos recibieron una visión viva con respecto a Él”.
Estos magos paganos no conocían las Escrituras, pero recibieron una visión viva, representada por la estrella, acerca de Cristo. Esa visión los llevó a viajar una gran distancia para encontrarlo y verlo con sus propios ojos.
La historia continúa en los versículos 3-6:
“Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y habiendo convocado a todos los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo, inquiría de ellos dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; pues así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un gobernante, que apacentará a Mi pueblo Israel’”.
A diferencia de los magos, los principales sacerdotes y escribas judíos que estaban en Jerusalén sí poseían las Escrituras del Antiguo Testamento. Conocían todas las profecías acerca del nacimiento de Cristo, incluso la ciudad exacta en la que nacería.
Sin embargo, después de que los sacerdotes y escribas le dieron al rey Herodes la información precisa sobre el nacimiento de Cristo en Belén, permanecieron en Jerusalén. No viajaron la corta distancia hasta Belén para ver al Gobernante recién nacido, y mucho menos para adorarlo. ¿Por qué no?
La nota 1 sobre sacerdotes y escribas en el versículo 4 en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:
“Los sacerdotes enseñaban la ley a la gente (Mal. 2:7), y los escribas conocían las Escrituras (Esd. 7:6). Tanto los sacerdotes como los escribas tenían el conocimiento acerca del nacimiento de Cristo (vs. 5-6), pero ellos, a diferencia de los magos del oriente, no tuvieron la visión, ni interés alguno en buscar a Cristo”.
El conocimiento que los sacerdotes y los escribas tenían acerca de Cristo era preciso, pero para ellos sólo era un conocimiento mental en letra muerta. Debido a que sólo poseían este conocimiento mental, no fueron conmovidos ni se sintieron motivados a ir a ver a Aquel que había sido profetizado en las Escrituras. No tenían interés alguno en buscar a Cristo. En cambio, los magos habían recibido una visión viva de Cristo y tenían interés en buscarlo. Esto es lo que marcó la diferencia.
Pero tener una visión por sí sola no basta. Dado que las Escrituras son la base sólida de nuestra vida cristiana, necesitamos leer y conocer la Palabra de Dios. La Palabra de Dios nos da testimonio acerca del Señor Jesucristo, así que no podemos tener el conocimiento adecuado de Él sin leer y conocer la Biblia.
De hecho, como los magos desconocían las Escrituras acerca de Cristo, fueron a Jerusalén, asumiendo erróneamente que el Rey de los judíos nacería en la capital. Pero una vez que fueron corregidos por las Escrituras, continuaron su camino de Jerusalén a Belén. Mateo 2:9-11 nos relata lo que sucedió después:
“Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto aparecer les guiaba hasta que llegó y se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron sobremanera con gran gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con María Su madre, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, olíbano y mirra”.
La nota 1 sobre estrella en el versículo 9 dice:
“Cuando los magos fueron corregidos por las Escrituras y reencauzados, la estrella se les apareció de nuevo. La visión viva siempre va a la par de las Escrituras”.
Al tener el conocimiento adecuado de las Escrituras más la visión viva, los magos fueron guiados al lugar exacto donde estaba el Señor. Allí lo vieron con sus propios ojos, lo adoraron como Dios y le ofrecieron regalos preciosos.
¿Cómo podemos aplicar los puntos importantes de esta historia a nuestra vida cristiana hoy?
La Biblia revela la persona maravillosa de Cristo en muchos aspectos. Es asombroso tener acceso a las Escrituras y poder aprender acerca de Él a través de Su Palabra. Pero no deberíamos estar satisfechos con sólo saber acerca de Él.
De hecho, Jesús mismo dijo a los judíos en Juan 5:39-40:
“Escudriñáis las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Mí. Pero no queréis venir a Mí para que tengáis vida”.
La nota 1 del versículo 39 sobre la frase Escudriñáis las Escrituras dice:
“Es posible escudriñar las Escrituras y no venir al Señor (v. 40). Los religiosos judíos escudriñaban las Escrituras pero no estaban dispuestos a venir al Señor. Estas dos cosas deben ir juntas. Puesto que las Escrituras dan testimonio del Señor, no deben estar separadas de Él. Es posible tener contacto con las Escrituras sin tener contacto con el Señor. Sólo el Señor puede dar vida”.
Definitivamente es posible acudir a la Biblia y recibir conocimiento acerca del Señor. Pero no queremos que lo que aprendamos acerca de Cristo nos sea sólo conocimiento mental en letra muerta. Cuando venimos a la Biblia también deberíamos venir a Él con un corazón que busca, un corazón amoroso que desee conocerlo personalmente.
Con esto en mente, podemos hacer oraciones sencillas como ésta:
“Señor Jesús, quiero ver más de quien Tú eres en la Palabra. Pero no quiero estar satisfecho con sólo saber acerca de Ti. Quiero venir a Ti y conocerte en mi experiencia. Por eso, Señor, dame un corazón que siempre vaya en pos de Ti”.
Somos bendecidos de que podemos leer las Escrituras, las cuales nos revelan al Cristo maravilloso. Que también podamos recibir una visión viva de Cristo y tengamos un corazón que lo busque, venga a Él y lo experimente.
Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

En una entrada anterior, hablamos de la importancia de pasar tiempo con Jesús cada mañana y de cómo desarrollar este hábito fundamental.
Pero ¿cómo pasamos tiempo con Jesús?
No deberíamos pensar que pasar tiempo con el Señor Jesús cada mañana es un deber religioso y aburrido que debemos cumplir. Si lo tratamos como una tarea más en nuestra lista de pendientes, no será muy placentero.
En realidad, cada mañana es una oportunidad preciosa para pasar tiempo a solas sin interrupciones con nuestro querido Salvador, a quien amamos y quien nos ama. Aunque Él vive en nosotros y siempre está con nosotros, necesitamos dedicarle tiempo a fin de profundizar en nuestra relación personal con Él.
El Señor Jesús no quiere que solamente creamos en Él; quiere que lo amemos. Después de todo, Él demostró Su amor al morir en la cruz por nosotros. Ahora desea tener una relación íntima y amorosa con nosotros. En 1 Timoteo 1:14 leemos:
“Y la gracia de nuestro Señor sobreabundó con la fe y el amor que están en Cristo Jesús”.
En el Nuevo Testamento Versión Recobro, la nota 2 sobre la fe y el amor explica:
“Por medio de la fe recibimos al Señor (Jn. 1:12), y por medio del amor disfrutamos al Señor a quien hemos recibido (Jn. 14:21, 23; 21:15-17)”.
Así que estar con el Señor Jesús por la mañana es estar con Aquel a quien amamos; es un tiempo para disfrutar de Él. Podemos saludarlo cada mañana diciéndole: “Señor Jesús, Te amo”. Cuando hacemos esto, sentimos una dulzura en nuestro interior. Y cuanto más le decimos que lo amamos, más crece nuestro amor por Él y más disfrutamos de Él.
Así como pasar tiempo con alguien que amamos no siempre sigue una fórmula determinada, estar con Jesús es lo mismo. La meta es simplemente tener un toque viviente con Él en nuestro espíritu.
¿Entonces, cómo pasamos tiempo con Jesús por la mañana? ¿Qué hacemos durante este tiempo? Veamos algunas maneras en que podemos tener este tipo de toque viviente con Él.
Aunque no sepamos cómo o qué orar, siempre podemos invocar el nombre del Señor: “¡Oh, Señor Jesús!”. Esta práctica sencilla nos ayuda a abrir nuestro corazón a Él y a ejercitar nuestro espíritu para contactarlo.
Romanos 10:12 dice:
“Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos y es rico para con todos los que le invocan”.
En lugar de preocuparnos por otras cosas, podemos simplemente invocar a Jesús. Cuando lo invocamos, recibimos Su Persona misma. Así es como experimentamos todo lo que Él es para nosotros y todo lo que ha logrado por nosotros. ¡Él es tan rico para con nosotros cuando lo invocamos!
A menudo, cuando comenzamos a abrirnos al Señor invocando Su nombre, Él nos habla a través de nuestra conciencia con respecto a un pecado que hemos cometido. A fin de mantener nuestra comunión con el Señor, es muy importante tener una conciencia purificada. Necesitamos confesar nuestros pecados al Señor Jesús a medida que Él nos hace conscientes de ellos.
Todos hemos experimentado la incomodidad de estar con alguien después de haberlo ofendido. Aunque todavía sentimos afecto el uno por el otro, una barrera nos separa, lo que nos dificulta el pasar un tiempo agradable o incluso hablarnos.
Nuestra relación con el Señor Jesús es aún más delicada. Él vive en nosotros y sabe todas las cosas. Aunque Él quiere tener comunión con nosotros, no puede tolerar el pecado. Así que cuando pecamos o le desobedecemos, inmediatamente se forma una barrera que nos separa de Él.
En 1 Juan 1:9 se nos dice:
“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.
Cuando confesamos nuestros pecados a Jesús, somos perdonados y lavados. Según Isaías 43:25, ¡Él incluso olvida nuestros pecados una vez que los hemos confesado! Todas las barreras son eliminadas, y sentimos paz entre nosotros y el Señor. Una vez más, podemos tener comunión libre con el Señor con un corazón despreocupado y abierto.
Nuestro tiempo con el Señor por la mañana debería incluir leer la Biblia. La meta en estos tiempos no es estudiar la Palabra, sino ser alimentado. La mejor manera de ser alimentado con la Palabra de Dios es orar con las palabras que leemos.
Efesios 6:17-18 dice:
“Y recibid el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios; con toda oración y petición orando en todo tiempo en el espíritu”.
A veces, mientras leemos la Biblia con oración, nos llama la atención un versículo o una frase en particular. Podemos detenernos y permanecer en esa porción y orarla al Señor. Cuando nos acercamos a la Palabra de esta manera, es posible que ni siquiera terminemos el resto del capítulo o versículo que estamos leyendo; la meta es venir a Su presencia y ser alimentados.
Por ejemplo, digamos que usted llega a Juan 4 en su lectura de la Biblia. Le llama la atención el versículo 10, que dice: “Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le habrías pedido y Él te habría dado agua viva”.
Usted puede orar: “Señor Jesús, dame de beber. Vengo a Ti ahora mismo. Gracias, Señor, Tú eres el agua viva que me satisface”.
Cualquier otra cosa que podamos hacer durante nuestro tiempo en la mañana con Jesús, siempre deberíamos incluir tiempo en la Palabra. Podemos hablar con Jesús con las palabras de la Biblia, y Él puede hablarnos a nosotros a través de Su Palabra. Cuando oramos con la Palabra de Dios, ésta nos nutre, refresca, ilumina y fortalece.
No siempre estamos de buen humor a primera hora de la mañana. Pero cuando dedicamos un tiempo a agradecer al Señor, nuestro corazón es animado. Y cuanto más le agradecemos, más nos damos cuenta de lo mucho que tenemos que agradecer.
Efesios 5:20 dice:
“Dando siempre gracias por todo a nuestro Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.
Nuestro tiempo en la mañana puede ser uno de esos momentos en los que “siempre” damos gracias a nuestro Dios y Padre. Podemos comenzar con un simple: “Gracias por un nuevo día” o “Gracias por amarme”.
También podemos agradecer al Señor por las muchas maneras específicas en las que Él ha cuidado de nosotros. Podemos darle gracias por ser nuestro Salvador, nuestro Pastor y nuestra vida.
La Biblia revela tanto acerca de la persona de Cristo y lo que Él ha hecho por nosotros que nunca podremos quedarnos sin cosas por las que dar gracias.
Efesios 5:19 dice:
“Hablando unos a otros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y salmodiando al Señor en vuestros corazones”.
A veces, un himno expresa nuestros pensamientos y sentimientos mejor que nuestras propias palabras. Cantar un himno puede abrirnos profundamente al Señor Jesús. Nuestros tiempos por la mañana son un buen momento para cantar al Señor.
Hymnal.net es un excelente recurso para encontrar himnos, incluyendo la música que los acompaña.
El Señor Jesús es una Persona maravillosa que quiere tener una relación íntima y amorosa con nosotros. Así que, en lugar de comenzar nuestro día trayéndole todas las cosas que nos preocupan, primero deberíamos venir a Él para disfrutar de Su presencia. Una vez que hayamos contactado al Señor en nuestro espíritu y lo hayamos disfrutado en Su Palabra, Él nos guiará a orar por asuntos específicos de acuerdo con Su voluntad.
En esta entrada, mencionamos cinco cosas que podemos hacer durante nuestro tiempo con el Señor. Sin embargo, no deberíamos tomarlas como un método al que debemos adherirnos o pasos específicos que necesitamos seguir. Algunos días podemos comenzar dando gracias al Señor Jesús. Luego Él puede iluminarnos con respecto a un pecado u ofensa específica, y podemos confesárselo a Él. Otras veces, al leer y orar con Su Palabra, quizás nos acordamos de un himno y le cantemos. No hay una fórmula establecida; la meta es tener un toque viviente con el Señor cada mañana.
Si abrimos nuestro corazón y ejercitamos nuestro espíritu para contactar a nuestro maravilloso Señor, por lo general tendremos un sentir interno de cómo pasar nuestro tiempo juntos. Esto evita que nuestro tiempo con Él se vuelva metódico, rutinario o seco. En cambio, disfrutaremos de nuestro Señor Jesús de manera fresca mañana tras mañana. Y cuanto más practiquemos, más el Señor nos mostrará cómo contactarlo de una manera viviente y personal.
Si vive en los Estados Unidos, puede pedir un Nuevo Testamento Versión Recobro gratis aquí para usarlo en su tiempo con el Señor.