Subscribe to receive the latest posts

De cualquier punto de vista, la Biblia es un libro increíble lleno de sabiduría profunda, poesía inspiradora e historia fascinante.
Pero sobre todo, nosotros los cristianos reconocemos que la Biblia es la Palabra misma de Dios. A través de ella, Dios revela Su camino de salvación y Su propósito y plan para la humanidad. Nuestra fe misma está fundada en la Palabra de Dios.
Con esto en mente, está claro que entender la Biblia es crucial para nuestra vida cristiana. Y aunque la Biblia es larga y profunda, el primer paso para entenderla es sencillo: leerla de principio a fin.
Quizás pensemos que los estudiantes de la Biblia o teólogos están calificados para leer y entender la Biblia, y nosotros no. Pero la Palabra de Dios es para que todos la lean y la entiendan.
En 2 Timoteo 3:15, el apóstol Pablo escribió a un joven llamado Timoteo:
“Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”.
Note las palabras desde la niñez. Pablo seguramente no quiso decir que de niño Timoteo entendió cada cosa en la Palabra de Dios. Pablo estaba diciendo que desde temprana edad, Timoteo sabía las Sagradas Escrituras.
Si un niño puede saber las Sagradas Escrituras, ¡todos podemos! No importa cuán jóvenes o viejos seamos, no importa cuáles sean nuestros antecedentes, todos podemos comenzar a familiarizarnos con la Biblia al leerla.
Entonces, ¿a qué nos referimos cuando decimos que necesitamos leer la Biblia? Simplemente queremos decir que necesitamos leer toda la Biblia, libro tras libro, de principio a fin. Esto sienta una base sólida para que la podamos entender.
Quizás nunca hemos leído toda la Biblia de principio a fin por alguna que otra razón. Ciertamente podemos obtener algún beneficio al leer cualquier parte de la Palabra de Dios. Pero para ilustrar lo importante que es leer toda la Biblia consecutivamente, digamos que estamos interesados en aprender sobre el cuerpo humano. Para empezar, adquirimos un libro detallado sobre anatomía. Si leyéramos al azar secciones en el medio, luego algunos párrafos al principio, seguidos de unas pocas palabras al final, no obtendríamos una comprensión adecuada del cuerpo. La mejor manera de obtener esta comprensión es leer el libro de anatomía desde el principio hasta el final, capítulo por capítulo. Esto nos daría un conocimiento básico de la estructura del cuerpo, sus diferentes sistemas y cómo están todos interconectados.
Del mismo modo, leer toda la Biblia en orden nos ayudará a obtener una visión completa de la Palabra de Dios y una base sólida para que entendamos su contenido. El primer libro de la Biblia es Génesis, así que comenzamos allí con la creación de Dios. A medida que continuamos leyendo, descubrimos la historia completa del pueblo de Dios, la revelación de Cristo y la manera en que Dios cumple Su propósito eterno. Finalmente, llegamos a Apocalipsis, donde leemos sobre la Nueva Jerusalén, el cumplimiento del deseo de Dios.
Cuando se trata de entender la Biblia, no hay manera de que podamos comprender todo la primera vez que la leamos. Nuestro entendimiento de ella es gradual y progresivo.
Considere cómo los niños aprenden a leer y comprender lo que leen. No comienzan por digerir palabras enteras, mucho menos libros enteros. Primero aprenden el abecedario y luego forman palabras con esas letras. Finalmente, aprenden a leer y a entender el significado de una oración simple como “Mi mamá me ama”. Esa primera oración es sólo el comienzo. Con la lectura continua viene una mayor comprensión.
De la misma manera, adquirimos “el abecedario” para entender la Biblia al leerla. A medida que continuamos leyendo, progresamos para entenderla poco a poco. Y cada vez que leemos la Biblia, nuestro entendimiento aumentará.
Por ejemplo, digamos que usted llega a Juan 1:29 en su lectura de la Biblia:
“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: ¡He aquí el Cordero de Dios, qué quita el pecado del mundo!”.
Este versículo le recuerda su lectura de Éxodo 12, un relato del cordero pascual sacrificado por los hijos de Israel antes de salir de Egipto. Este relato del Antiguo Testamento es un cuadro vívido que apunta a Jesús como el verdadero Cordero pascual. Comprender esto enriquece tanto su lectura de Éxodo 12 como su aprecio por lo que Jesús hizo al sacrificarse a Sí mismo en la cruz para quitar nuestros pecados.
Muchos otros pasajes en el Antiguo Testamento apuntan a acontecimientos y personas que aparecen en el Nuevo Testamento. Cuando hacemos estas conexiones, entendemos más del significado de la Biblia, y nuestra fe en el hecho de que la Biblia es la Palabra de Dios es fortalecida. Poco a poco, los versículos cobran vida con un significado rico y una aplicación práctica a nuestras vidas.
Entonces, ¿cómo hacemos para leer toda la Biblia? Es útil crear y seguir un horario. Por ejemplo, si toma 20 minutos al día y lee dos o tres capítulos, terminará toda la Biblia en poco más de un año.
Lo principal es seguir leendo. No importa cuál sea nuestro ritmo, si somos sistemáticos no tardaremos mucho en leer toda la Biblia.
Por supuesto, a veces podemos faltar a nuestra lectura diaria. Pero cuando la reanudamos, no necesitamos empezar de nuevo desde el principio. Debemos retomarla donde la dejamos y continuar desde ahí.
Lo más importante es empezar, si aún no lo hemos hecho. Podemos llevar nuestra lectura de la Biblia al Señor y hacer una oración sencilla como esta:
“Señor, gracias por darnos Tu Palabra. Recuérdame cada día reservar un tiempo para leer. Señor Jesús, ayúdame a edificar el hábito de leer la Biblia todos los días”.
¡Sin duda esta es una oración que el Señor estaría feliz de responder!
Aquí tenemos muchas más entradas que usted puede explorar acerca de los diferentes aspectos de la preciosa Palabra de Dios. Y si usted vive en los Estados Unidos, le animamos a que pida una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro, una Biblia de estudio única que le ayudará a entender la Palabra de Dios.

En entradas anteriores, vimos que el Espíritu es la esencia de la Palabra de Dios, Cristo mismo es su contenido, y Dios es su origen. Además, hablamos de seis funciones principales de la Palabra de Dios. La Biblia da testimonio de Cristo, hace a las personas sabias para la salvación, hace que las personas sean regeneradas, nutre a los creyentes como leche espiritual, alimenta a los creyentes como el pan de vida y hace a los creyentes cabales.
En esta entrada, usaremos versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para centrarnos en una de esas funciones de la Palabra de Dios con más detalle: dar testimonio del Señor Jesucristo.
Lucas 24 nos dice que después de Su crucifixión y resurrección, el Señor Jesús se encontró con dos de Sus discípulos mientras caminaban de Jerusalén a Emaús. En el versículo 44, Él les dijo:
“Éstas son Mis palabras, las cuales os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.
Jesús no les dijo a sus discípulos que estos libros fueron escritos para que aprendieran a vivir una vida moral, conocieran historias interesantes del pasado o alguna otra cosa. Él les dijo que fueron escritos acerca de Él, el Cristo viviente.
Jesús habló algo similar antes de Su crucifixión a algunos judíos que conocían las Escrituras. Juan 5:39 dice:
“Escudriñáis las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Mí”.
Estos judíos no sólo conocían las Escrituras, sino que incluso las escudriñaban para encontrar la vida eterna. Sin embargo, estos “escudriñadores de las Escrituras” no se dieron cuenta de que las Escrituras daban testimonio de una maravillosa Persona, Jesús, quien estaba justo delante de ellos. Y sólo Él podría darles vida eterna.
En el versículo 40, Jesús continuó:
“Pero no queréis venir a Mí para que tengáis vida”.
Estos judíos entendidos se negaron a venir al Señor Jesús porque no hicieron la conexión entre Él y las Escrituras que escudriñaban. La nota 1 en el versículo 39 en el Nuevo Testamento Versión Recobro dice:
“Es posible escudriñar las Escrituras y no venir al Señor (v. 40). Los religiosos judíos escudriñaban las Escrituras pero no estaban dispuestos a venir al Señor. Estas dos cosas deben ir juntas. Puesto que las Escrituras dan testimonio del Señor, no deben estar separadas de Él. Es posible tener contacto con las Escrituras sin tener contacto con el Señor. Sólo el Señor puede dar vida”.
Comprender que la Palabra de Dios da testimonio de Jesucristo revolucionará nuestra lectura de la Biblia. Cuando acudamos a la Palabra, nos centraremos en Cristo y disfrutaremos de Él.
El apóstol Pablo seguramente se dio cuenta de que todo el Antiguo Testamento da testimonio de Cristo. En 1 Corintios 5:7-8, se refirió a la experiencia que los hijos de Israel tuvieron de la Pascua y la relacionó con Cristo. Escribió:
“Limpiaos de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra Pascua, que es Cristo, fue sacrificada. Así que celebremos la fiesta”.
Estos dos versículos nos abren de una manera nueva el relato de la Pascua y de la Fiesta de los Panes sin Levadura.
La nota 2 sobre Pascua en el versículo 7 en la Versión Recobro explica:
“Esto indica que el apóstol consideraba a los creyentes el pueblo escogido de Dios, quienes ya habían tenido su Pascua, tipificada por la que se describe en Éx. 12. En esta Pascua, Cristo no es sólo el Cordero pascual sino toda la Pascua. Para ser nuestra Pascua, Él fue sacrificado en la cruz a fin de que nosotros fuéramos redimidos y reconciliados con Dios. De esta manera, podemos disfrutarle como una fiesta delante de Dios. En esta fiesta no se permite que haya ninguna levadura. El pecado y el Cristo redentor no pueden estar juntos”.
Y la nota 1 sobre fiesta en el versículo 8 revela aún más:
“Aquí la fiesta se refiere a la Fiesta de los Panes sin Levadura como continuación de la Pascua (Éx. 12:15-20). Duraba siete días, lo cual denota un período completo, el mismo que representa todo el curso de nuestra vida cristiana, desde el día de nuestra conversión hasta el día del arrebatamiento. Ésta es una larga fiesta que debemos celebrar, no con el pecado de nuestra vieja naturaleza, la vieja levadura, sino con panes sin levadura, que son el Cristo de nuestra nueva naturaleza como nuestro alimento y disfrute. Sólo Él es el suministro vivo de sinceridad y verdad, absolutamente puro, sin mezcla, y lleno de realidad. La fiesta es un tiempo para disfrutar el banquete. Toda la vida cristiana debe ser tal banquete, un gran disfrute de Cristo como nuestro banquete, el rico suministro de vida”.
Estos versículos y notas nos ayudan a ver que cuando leemos acerca de la Pascua en Éxodo 12, no sólo estamos leyendo una historia interesante o un relato histórico. En realidad, Jesús es el cumplimiento de toda esta escena en Éxodo. Él es el Cordero de Dios sin defecto, Aquel que fue inmolado por nosotros y derramó Su sangre preciosa para redimirnos. Al creer en Él, somos librados del justo juicio de Dios. Y Él es también la realidad de los panes sin levadura para ser nuestro suministro de vida. ¡Este relato detallado en Éxodo revela tantos aspectos de Cristo!
La Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura en Éxodo 12 son sólo dos ejemplos que muestran que el Antiguo Testamento da testimonio de Cristo. En realidad, Cristo es el cumplimiento de cada asunto positivo en el Antiguo Testamento. Comprender este hecho aumentará nuestra experiencia y disfrute de Él de muchas maneras. Ver a Cristo testificado a lo largo del Antiguo Testamento elevará y enriquecerá nuestra apreciación por Él cuando leamos el Nuevo Testamento.
Así que cada vez que abramos nuestras Biblias, acerquémonos al Señor Jesús y centrémonos en Él para verlo revelado en toda la Palabra de Dios.
Para ver más de Cristo revelado en el Antiguo Testamento, le recomendamos leer El Cristo todo-inclusivo, un libro que puede descargar gratis desde cualquier parte del mundo. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para leer todas las notas sobre los versículos del Nuevo Testamento a los que se hace referencia en esta entrada.

Daily Bible reading is an excellent habit that can benefit every Christian in many ways. We’ll discuss three main benefits in this post.
When we read the Bible, we’re fed by God’s Word and supplied for our Christian life. Jesus mentioned this in Matthew 4:4 when He said,
“Man shall not live on bread alone, but on every word that proceeds out through the mouth of God.”
Other verses in the Bible also make it clear that God’s Word is nourishment to us. For example, 1 Peter 2:2 says,
“As newborn babes, long for the guileless milk of the word in order that by it you may grow unto salvation.”
And in the Old Testament, Jeremiah 15:16 says,
“Your words were found and I ate them, and Your word became to me the gladness and joy of my heart.”
When we eat physical food, we’re supplied with the nutrients we need to live and be healthy. We get the energy to go to work, exercise, and spend time with family and friends. Conversely, when we skip a meal, we feel weak, tired, and even grumpy. And if we keep missing meals, we become susceptible to even greater problems, like illness.
Similarly, when we eat spiritual food we’re supplied to live our Christian life. But when we’re away from God’s Word for a while, we can become spiritually weak, tired, and “grumpy,” or, unable to handle difficulties well. We become more susceptible to temptation, doubts, and other kinds of spiritual sickness. We simply don’t have the means to cope with the many challenges that come into our lives as believers.
It’s very important, therefore, that we’re supplied by reading and feeding on God’s Word every day. To maintain a healthy and even joyful Christian life, we need daily Bible reading to receive the spiritual nourishment in God’s Word for us.
What if we don’t understand what we’re reading? We may wonder whether we should keep reading the Bible. Or maybe we’re discouraged because by the afternoon we’ve forgotten what we read in the morning. Should we keep on reading, even when we don’t remember much?
The answer is, yes, definitely. This is because a great benefit of reading God’s Word is that it washes us.
Ephesians 5:26 says,
“That He might sanctify her, cleansing her by the washing of the water in the word.”
The “her” here is the church, which is composed of all the believers in Christ, and “the washing of the water in the word” here indicates something different from the washing of our sins by the Lord’s blood. So what is this washing?
Here’s what note 3 on this verse in the Recovery Version says about the washing of the water in the Word:
“The washing of the water here is different from the washing of the redeeming blood of Christ. The redeeming blood washes away our sins (1 John 1:7; Rev. 7:14), whereas the water of life washes away the blemishes of the natural life of our old man, such as the ‘spot or wrinkle or any such things’ mentioned in v. 27. In separating and sanctifying the church, the Lord first washes away our sins with His blood (Heb. 13:12) and then washes away our natural blemishes with His life. We are now in such a washing process, that the church may be holy and without blemish (v. 27).”
We may understand that we need the washing of our sins by the Lord’s blood, but we also need to realize that we need the washing away of our natural life by His life. How do we get this washing of life? The washing water of life is in God’s Word. So even if we don’t remember or fully understand what we read, our daily Bible reading still washes us from so many negative things.
[[Free Study Bible]]
Our faith is based not on our imaginations or concepts but on the Word of God, so it’s critical that we as Christians all know what God’s Word says. By reading the Word regularly, we’ll eventually read through the entire Bible and gain a basic knowledge of God and the things of God. Gaining this basic knowledge is like learning our ABCs. If we don’t learn the letters of the alphabet, it’s impossible for us to read or write. To understand even the simplest book or write a letter, we first have to learn our ABCs.
Knowing what’s in the Bible is like knowing our spiritual ABCs. Becoming familiar with the words, facts, stories, and expressions in the Bible forms in us the building blocks the Lord can use to show us more of the truth in His Word. This helps us to know Him in a deeper way and allows Him to speak to us more and more through the Word.
God has given us a powerful and wonderful gift in His Word. By reading it, we’re not only spiritually educated but also washed and nourished within. If you’d like some help with reading the Bible regularly, take a look at our post on building up a habit of daily Bible reading. And if you live in the US, you can order a free New Testament study Bible from us here.