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El comienzo de un nuevo año es el momento perfecto para comenzar a leer la Biblia. Puede echar un vistazo a nuestra entrada con relación a la lectura de la Biblia, por qué es importante y cómo puede lograr que este año se convierta en año para leer la Biblia.
El comienzo del nuevo año nos da la oportunidad de reflexionar en cuanto al año pasado, y una de las preguntas con gran valor que nos podemos hacer es ¿cómo nos fue con nuestra lectura bíblica el año pasado? ¿Acaso pensamos en leerla, pero no sabíamos dónde comenzar? ¿Comenzamos pero nos desviamos a mitad del camino? o quizás seguimos un itinerario para leer la Biblia diariamente, pero nos atrasamos y por ende nos desanimamos.
Las buenas nuevas son que usted puede empezar de nuevo con el Señor sin importar si perdió el ritmo de la lectura el año pasado o se las haya arreglado para mantener su lectura bíblica diaria, o incluso, si por alguna razón acaba de decidir leer la palabra de Dios por primera vez de forma habitual. Un día nuevo, una semana nueva, un nuevo mes y un año nuevo nos dan la oportunidad de tener un nuevo principio. ¿Por qué no aprovechar el comienzo de este año como una oportunidad para renovar su lectura y disfrute de la Palabra de Dios?
Quizás sintamos que nuestra condición espiritual no es la mejor o que por alguna razón le fallamos al Señor. Pueda que hayamos pecado y nos sintamos indignos de acudir al Señor o abrir la Biblia.
Pero cualquier tipo de falla que hayamos tenido, no importa que tan mal nos sintamos, no debemos permitir que esto nos impida acudir al Señor o Su Palabra. Si confesamos nuestros pecados y fallas al Señor, seremos perdonados y lavados. ¡La sangre preciosa y eficaz de Jesús se ocupa de todas las cosas delante de Dios! Es debido a la sangre preciosa de Cristo que nuestra comunión con el Señor puede ser recobrada y que podemos acudir a la Biblia con confianza, sabiendo que Dios quiere reunirse con nosotros en Su palabra y que Su palabra nos refrescará y alimentará.
Como cristianos, nunca debemos subestimar la importancia y el valor de llevar una lectura bíblica que es regular y consistente. Nuestra fe no se basa en nuestras ideas o conceptos, pero en la Palabra sólida de Dios. Debemos conocer y estar seguros de lo que creemos. Nuestra fe subjetiva, es decir, nuestra habilidad de creer, es fomentada y fortalecida cuando pasamos tiempo en la Palabra viviente de Dios. La Biblia es el alimento de nuestra vida cristiana.
Si nos damos cuenta de la importancia de mantener el hábito de leer la Biblia diariamente, no la consideraremos como una actividad opcional para cuando tengamos el deseo de hacerlo, sino como una necesidad para nuestra vida cristiana. Y como con cualquier cosa que valoramos como una necesidad absoluta, nos daremos el tiempo para esto.
Formar un hábito: Formar un hábito diario nos ayudará a mantener nuestra lectura bíblica. Todos tenemos muchos hábitos en nuestras vidas: rutinas por la mañana, trabajo o clases, regímenes de ejercicio y así sucesivamente. De igual forma que con cualquier otra actividad podemos hacer que la lectura bíblica llegue a ser un hábito. Podemos apartar un tiempo específico del día, incluso ir a un lugar específico para pasar unos minutos leyendo la Palabra de Dios. Apartar un tiempo para la lectura bíblica en nuestro horario diario, ya sea por las mañanas o a la hora del almuerzo o por las tardes, esto nos ayudará a mantener un buen hábito para leer la Biblia de forma persistente durante todo el año.
Leer de forma consecutiva: Una de las mejores maneras de leer la Biblia es leerla de forma consecutiva, libro tras libro y capítulo tras capítulo. Leer una porción distinta de la Palabra aquí y otra allá es algo bueno aparte de la leer de forma consecutiva, sin embargo, para su lectura bíblica diaria y para que pueda tener un panorama general de lo que la Biblia dice, es necesario que leamos la Palabra de Dios de principio a fin para que sea de gran beneficio.
BfA desarrolló leasupalabra.com con el fin de ayudarlo a lograr esto. Usted puede usar este servicio gratuito para crear su propio horario de lectura bíblica personalizado, monitorear su progreso y obtener recordatorios en su correo electrónico las veces que usted desee. Puede comenzar desde el principio del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento o donde anteriormente se haya quedado en la lectura. Monitorear su lectura en un horario como este, logrará que esté motivado a seguir adelante.
No tan sólo puede usted tener el reto de leer la Biblia consistentemente, sino que también puede invitar a sus amigos al crear grupos de lectura bíblica. Leer la Biblia juntos utilizando el mismo itinerario puede ser de gran ayuda para mantenerse al día en su lectura durante el año, y rendir cuentas a alguien por su lectura. El sitio web biblechallenges.org, aunque sólo está disponible en inglés, es una herramienta útil para crear retos de leer la Biblia con sus amigos.
Nunca es demasiado tarde para comenzar de nuevo con su lectura bíblica, pero es una buena oportunidad que al comienzo del año nos consagremos al Señor para hacer que la lectura de Su Palabra forme parte regular de nuestra vida. Si este año desea conocer mejor la Palabra y al Señor, le animamos a que tome su Biblia (o pida una gratis aquí) y comience a leerla.
La Biblia nos dice que Job atesoraba la palabra de Dios más que su comida asignada (Job 23:12). ¡La Palabra contiene tales riquezas para que las disfrutemos! Que en los días y meses que entran podamos desarrollar el hábito maravilloso de leer la Palabra de Dios e incluso llegar a atesorarla más que nuestra comida asignada.

Leer la Biblia diariamente es un hábito excelente que beneficia a todo cristiano en muchas maneras. En esta entrada hablaremos de tres beneficios.
Cuando leemos la Biblia somos alimentados por la Palabra de Dios y suministrados en nuestra vida cristiana. Jesús mencionó esto en Mateo 4:4 cuando dijo:
“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Otros versículos encontrados en La Biblia también nos muestra claramente que la Palabra de Dios es alimento para Sus hijos. Por ejemplo, 1 Pedro 2:2 dice:
“Desead, como niños recién nacidos, la leche de la Palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación”.
Y en el Antiguo Testamento, Jeremías 15:16 dice:
“Fueron halladas Tus palabras, y yo las comí; y Tu palabra me fue por alegría y por gozo de mi corazón”.
Cuando comemos comida física recibimos los nutrientes necesarios para vivir y estar saludables. Así recibimos las energías necesarias para ir a trabajar, hacer ejercicio y pasar tiempo con la familia y amigos. En cambio, cuando no comemos por un día nos sentimos débiles, cansados e incluso malhumorados. Si seguimos sin comer nos ponemos susceptibles a problemas mayores, como enfermedades.
De igual manera, cuando comemos la comida espiritual recibimos el suministro necesario para vivir nuestra vida cristiana. Pero cuando nos alejamos de la Palabra de Dios por un tiempo es posible que nos sintamos débiles, cansados y “malhumorados” espiritualmente. Nos encontramos más susceptibles a tentaciones, dudas y otras clases de enfermedades espirituales. Simplemente no contamos con la manera de enfrentarnos a los muchos desafíos que llegan a nuestra vida como creyentes.
Por lo tanto, es muy importante que recibamos el suministro que proviene de leer y comer la Palabra de Dios diariamente. Para mantener una vida cristiana saludable e incluso llena de gozo, debemos recibir el alimento espiritual que nos brinda la Palabra de Dios.
¿Y qué si no entendemos lo que leemos?. Es posible que nos preguntemos si debemos seguir leyendo la Biblia. Quizás estamos desanimados porque se nos olvidó lo que leímos en la mañana. ¿Debemos seguir leyendo, aun cuando no podemos recordarlo todo?
La respuesta es sí, definitivamente. La razón por la cual debemos seguir leyendo es que es que ésta nos lava, lo cual es un gran beneficio que recibimos al leer la Palabra de Dios.
Efesios 5:26 dice:
“Para santificarla, purificándola por el lavamiento del agua en la palabra”.
El uso de la tercera persona aquí se refiere a la iglesia, la cual está compuesta de todos los creyentes en Cristo, y el “lavamiento del agua en la palabra” indica algo diferente del lavamiento de nuestros pecados por la sangre del Señor. Así pues, ¿qué es este lavamiento?
Esto es lo que dice la nota 3 de la Versión Recobro acerca del lavamiento del agua en la Palabra:
“La sangre redentora nos lava de nuestros pecados (1 Jn. 1:7; Ap. 7:14), mientras que el agua de vida nos lava de los defectos de la vida natural de nuestro viejo hombre, tales como las manchas, arrugas y cosas semejantes, según se menciona en el v. 27. Al separar y santificar la iglesia, el Señor primero nos lava de nuestros pecados con Su sangre (He. 13:12) y luego nos lava de nuestras manchas naturales con Su vida. Ahora estamos en este proceso de lavamiento a fin de que la iglesia sea santa y sin defecto (v. 27)”.
Es probable que ya entendemos el hecho de que necesitamos ser lavados de nuestros pecados por medio de la sangre del Señor, sin embargo, tenemos que entender que necesitamos ser lavados de nuestra vida natural por Su propia vida. ¿Cómo podemos experimentar este lavamiento en nuestra vida? El lavamiento del agua de vida está en la Palabra de Dios. Así que, incluso cuando no recordemos y no entendamos completamente lo que leemos, leer a diario la Biblia nos lava de tantas cosas negativas.
Como cristianos, nuestra fe no se basa en nuestra imaginación o nuestros conceptos, sino en la Palabra de Dios. Por tanto, es de suma importancia que sepamos lo que nos dice la Palabra de Dios. Al leer la Biblia regularmente, con el tiempo leeremos la Biblia en su totalidad y obtendremos un conocimiento básico de Dios y las cosas de Dios. Este conocimiento básico es como aprender el abecedario. Si no aprendemos las letras del abecedario, será imposible que leamos o escribamos. Antes de poder entender el libro más sencillo o escribir una carta, debemos aprender el abecedario.
Conocer los hechos relatados en la Biblia es como saber nuestro abecedario espiritual. Familiarizarnos con las palabras, los hechos, las historias y las expresiones en la Biblia forman en nosotros los componentes básicos que el Señor puede usar para mostrarnos más de la verdad en Su Palabra. Esto nos ayuda a que lo conozcamos de una manera más profunda y le permite hablarnos más y más en Su Palabra.
Dios nos ha dado un regalo poderoso y maravilloso en Su Palabra. Al leerla, no sólo somos educados espiritualmente, sino que también somos lavados y nutridos en nuestro interior. Si usted desea recibir ayuda en cuanto a leer la Biblia regularmente, le recomendamos mirar la siguiente entrada: edificar un hábito de leer la Biblia diariamente.
Todos los versículos citados son de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede solicitar su ejemplar gratuito del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Cuando se trata de la Biblia, todos los cristianos estaríamos de acuerdo en que es muy importante leerla con regularidad.
Pero si nuestra lectura de la Biblia se ha convertido en una tarea tediosa, puede ser porque no sabemos que podemos gustar y disfrutar a Dios en la Biblia.
A lo largo de la historia, el pueblo de Dios ha experimentado disfrutar de Él en Su Palabra. Cuando aprendemos a gustar a Dios en Su Palabra, el tiempo que pasamos con la Biblia no es un deber; es un deleite.
En esta entrada, exploraremos cómo podemos gustar a Dios y disfrutarlo en Su Palabra.
Todos sabemos que tenemos que comer para vivir. Pero esto no significa que simplemente lo soportamos como una tarea que tenemos que hacer; la mayoría de nosotros anhelamos comer. Cuando comemos, no sólo masticamos y tragamos la comida, sino que también la saboreamos. Es por eso que comer puede ser tan disfrutable.
La Biblia no es como cualquier otro libro; en realidad es nuestro alimento espiritual. Al igual que la comida física, necesitamos ingerirla todos los días. Y podemos anhelar tener nuestro tiempo en la Palabra como una oportunidad para disfrutar a Dios y gustar de Él.
¿A qué se asemeja disfrutar de Dios en Su Palabra?
El escritor del Salmo 119 dice en el versículo 103:
“¡Cuán dulces son a mi paladar Tus palabras! ¡Más dulce que la miel a mi boca!”.
Este salmista y otros en el Antiguo Testamento experimentaron un sabor dulce en sus corazones cuando leían la Palabra de Dios. Seguramente descubrieron y experimentaron cuán disfrutable es la Palabra de Dios.
Pero no son sólo las palabras de la Biblia las que saben bien. Es Dios mismo en Su Palabra lo que gustamos.
Vemos esto en 1 Pedro 2:2-3, donde la Palabra y el Señor van juntos:
“Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado lo bueno que es el Señor”.
Tomamos la leche de la palabra dada sin engaño, y en esa leche, gustamos lo bueno que es el Señor.
La nota 1 sobre gustado en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:
“El Señor puede ser saboreado, y Él tiene un sabor agradable y bueno. Si le saboreamos, anhelaremos la leche nutritiva de Su palabra”.
El sabor del Señor en Su Palabra es agradable y bueno. Una vez que lo hayamos saboreado, hace que anhelemos saborear aún más de Él.
En 2 Timoteo 3:16 se nos dice:
“Toda la Escritura es dada por el aliento de Dios”.
Las palabras de la Escritura son el aliento mismo de Dios, que emana de Su exhalación. Como salen del mismo ser de Dios, llevan el sabor de Dios.
Necesitamos tener en mente este hecho crucial cuando acudimos a la Biblia, acercándonos a ella de la manera correcta para que podamos disfrutar y saborear a Dios en ella. De lo contrario, podemos perderlo por completo.
Digamos que un amigo suyo lo invita a asistir al banquete de su boda. Cuando usted llega, ve un banquete maravilloso con una gran cantidad de platillos atractivos. Pero en lugar de comerlos, los estudia. En vez de probar y saborear la rica comida, aprende la mayor cantidad de información posible sobre ella. Averigua los ingredientes, las cantidades de calorías, el valor nutricional, el método de preparación, etc.
Pero nunca toma un bocado.
Más tarde, cuando otro amigo le pregunta sobre la cena, usted relata toda la información que reunió sobre la comida. Pero si su amigo pregunta: “Sí, pero ¿cómo sabía? ¿Era buena?” usted no puede responder porque no probó nada.
El problema no fue la comida. Todos los demás invitados que comieron la comida encontraron todo delicioso. El problema fue su enfoque e intención cuando fue a la cena.
Este ejemplo puede parecer un poco ridículo, y el problema es obvio. Pero ilustra cómo es posible que no gustemos a Dios debido a nuestro enfoque e intención cuando acudimos a la Biblia.
Quizás en el pasado nos hemos acercado a la Biblia como si fuera un libro de texto para analizar y aprender la mayor cantidad de información posible acerca de Dios. Puede que hayamos adquirido algún conocimiento objetivo acerca de Él, pero probablemente no probamos mucho de la bondad o la dulzura del Señor.
O tal vez nos hemos acercado a la Biblia como un manual o una guía sobre cómo deberíamos vivir. Buscamos en ella las “reglas” que debemos obedecer y las cosas buenas que deberíamos hacer. Pero si acudimos a la Biblia con la intención de aprender a comportarnos o mejorarnos, perdemos la comida en la Palabra de Dios.
Definitivamente debemos dedicar tiempo a estudiar, entender y conocer la Biblia. Pero no podemos detenernos ahí. Si nos enfocamos simplemente en conocer al Señor de una manera objetiva, nos perderemos de experimentarlo subjetivamente al saborearlo en Su Palabra.
Y realmente, la manera en que somos verdaderamente cambiados desde adentro e incluso espontáneamente transformados a la imagen de Cristo es al comer y disfrutar a Dios en Su Palabra.
Dios es inescrutablemente rico en quién Él es. Él es amor, luz, santidad, justicia, paz, perseverancia, fidelidad y mucho más. Y Él quiere que disfrutemos todo lo que Él es. La Biblia nos da una manera para gustar y experimentar a Dios como un rico banquete.
Pero para saborearlo y disfrutarlo, es fundamental que sepamos cómo comer la Palabra de Dios como nuestro alimento espiritual. Hablamos de esto en otra entrada, Cómo comer la Palabra de Dios. Con una alimentación adecuada viene la degustación. Mientras comemos las palabras de la Biblia, disfrutaremos del sabor agradable y bueno de Dios.
Entonces las palabras de Jeremías 15:16 serán nuestro testimonio:
“Fueron halladas Tus palabras, y yo las comí; y Tu palabra me fue por alegría y por gozo de mi corazón”.
Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.