
Cuando lea la Biblia, notará que el Espíritu Santo se menciona en numerosos versículos. Éste, por supuesto, es el Espíritu divino de Dios. Muchos versículos también mencionan el espíritu humano. Como vimos en una entrada anterior, nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser, fue creado especialmente por Dios con la capacidad de contactarlo y recibirlo.
En esta entrada veremos tres versículos claves en el Nuevo Testamento que mencionan los dos espíritus juntos: el Espíritu Santo y el espíritu humano. También leeremos notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro para ver lo que estos versículos nos revelan acerca de nuestra experiencia cristiana.
1. Nacer del Espíritu en nuestro espíritu
Juan 3:6 dice:
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
En este versículo, Espíritu con “E” mayúscula se refiere al Espíritu de Dios, y espíritu con “e” minúscula se refiere a nuestro espíritu humano. Ambos están involucrados cuando somos regenerados, o nacemos de nuevo.
La nota 2 sobre este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica lo que sucede en nuestro nacimiento nuevo:
“El primer Espíritu mencionado aquí es el Espíritu divino, el Espíritu Santo de Dios, y el segundo espíritu es el espíritu humano, el espíritu regenerado del hombre. La regeneración se lleva a cabo en el espíritu humano por medio del Espíritu Santo de Dios, con la vida de Dios, la vida eterna e increada. Así que, ser regenerado significa tener la vida eterna y divina (además de la vida humana, la vida natural) como la nueva fuente y el nuevo elemento de una nueva persona”.
Cuando creímos en Jesús, algo ocurrió dentro de nosotros: ¡nuestro espíritu nació del Espíritu! Esto dio por resultado un cambio revolucionario en nuestro ser interior. Debido a que nacimos de nuevo del Espíritu, la vida divina y eterna es ahora nuestra nueva fuente y nuevo elemento de nuestra nueva persona.
El nacimiento de un niño es ciertamente un evento maravilloso y bendito, pero es sólo el comienzo de la vida del niño. Diariamente el niño necesita crecer y desarrollarse hasta alcanzar la madurez.
De la misma manera, nacer de nuevo es nuestra primera experiencia del Espíritu divino y nuestro espíritu humano. Ese nuevo nacimiento inició nuestra vida cristiana. A partir de ese momento, necesitamos crecer en la vida de Dios al experimentar Su vida en nosotros y vivir por ella.
2. Adorar a Dios en espíritu
El siguiente versículo crucial sobre los dos espíritus es Juan 4:24, que dice:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.
Aquí, los dos espíritus están relacionados con la adoración a Dios. Echemos un vistazo al contexto de este versículo.
En Juan 4, Jesús se encontró con una mujer samaritana en un pozo. En los versículos 13-14 Él le dijo:
“Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; mas el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que Yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna”.
La mujer vino al pozo a sacar agua física, pero ella era una persona profundamente insatisfecha: ya había tenido cinco maridos y estaba viviendo con un hombre que no era su marido. Jesús sabía esto; Él también sabía que ella necesitaba beberlo a Él como agua viva. Sólo Él podía satisfacerla verdaderamente y saciar su sed interior.
Durante el curso de su conversación, la mujer samaritana mencionó el tema de la adoración. Aunque ella era inmoral, tenía conceptos particulares sobre cómo y dónde la gente debería adorar a Dios. Ella le dijo a Jesús en el versículo 20:
“Nuestros padres adoraron en este monte, mas vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”.
Pero en el versículo 24 Jesús dijo:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.
¿Qué quiso decir el Señor aquí? Leamos la nota 2 sobre este versículo en la Versión Recobro:
“Espíritu aquí se refiere a la naturaleza del Dios Triuno completo; no se refiere solamente al Señor Espíritu. Para adorar a Dios, quien es Espíritu, debemos hacerlo con nuestro espíritu, el cual tiene la misma naturaleza que la Suya”.
Jesús le reveló que Dios es Espíritu, así que debemos adorarlo con nuestro espíritu. La adoración que Dios quiere no es en cierto lugar físico sino en la esfera del espíritu.
La nota 3 nos ayuda a ver más con respecto a adorar a Dios el Espíritu con nuestro espíritu:
“El Señor dijo esto a la mujer samaritana a fin de instruirla con respecto a la necesidad de ejercitar su espíritu para tener contacto con Dios el Espíritu. Contactar a Dios el Espíritu con el espíritu es beber el agua viva, y beber el agua viva es rendir verdadera adoración a Dios”.
Nuestro espíritu es tanto la esfera donde debemos adorar a Dios como la manera en que lo adoramos. Nuestro espíritu creado por Dios tiene la capacidad maravillosa de contactar y recibir a Dios. Así que para adorar a Dios, debemos usar nuestro espíritu para contactar a Dios, quien es Espíritu. Así es como bebemos de Él como el agua viva.
No sólo eso, beber al Señor como el agua viva es como rendimos verdadera adoración a Dios.
La verdadera necesidad de todo ser humano, incluyendo a los creyentes, es disfrutar del Señor como agua viva. Sólo Él puede satisfacernos plenamente y saciar toda nuestra sed interior.
Esto es cierto para el curso de toda nuestra vida cristiana. Así como bebemos agua físicamente varias veces al día, Dios quiere que lo bebamos diariamente como el agua viva que no se agotará más. Bebemos esta agua viva al ejercitar nuestro espíritu para contactar a Dios, quien es Espíritu.
Una de las maneras más sencillas en que podemos ejercitar nuestro espíritu es invocando el nombre del Señor. Jesús es el nombre del Señor vivo y resucitado, así que en cualquier momento y en cualquier lugar, podemos volver nuestro corazón a Él y contactarlo invocando: “Oh, Señor Jesús, Señor Jesús”. Cuando lo contactamos, Él nos refresca, nos aviva y sacia nuestra sed.
3. El Espíritu da testimonio con nuestro espíritu
Romanos 8:16 dice:
“El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.
La experiencia de los dos espíritus que se revela en este versículo es muy dulce y reconfortante. Cuando creímos en el Señor Jesús, como se mencionó anteriormente, nacimos de nuevo con la vida divina de Dios y llegamos a ser Sus hijos. Dios como Espíritu entró en nuestro espíritu. Desde entonces, Él como Espíritu da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Esto nos asegura que nuestra salvación es real.
Podemos seguir experimentando el testimonio del Espíritu con nuestro espíritu a lo largo de nuestra vida cristiana. A partir de este versículo, vemos que no es sólo el Espíritu quien da testimonio. La nota 1 en la Versión Recobro recalca el papel que desempeña nuestro espíritu:
“No es que el Espíritu da testimonio y también nuestro espíritu, sino que el Espíritu da testimonio juntamente con nuestro espíritu. Esto indica que nuestro espíritu debe tomar la iniciativa de dar testimonio primero; luego el Espíritu dará testimonio juntamente con nuestro espíritu”.
No necesitamos esperar a que el Espíritu dé testimonio primero. De hecho, cuando tomamos la iniciativa al ejercitar nuestro espíritu, el Espíritu entonces dará testimonio juntamente con nuestro espíritu. Podemos hacer esto testificando de los hechos espirituales. Por ejemplo, podemos declarar algo como esto:
“Señor Jesús, Tú eres mi Salvador y Señor. ¡Gracias, he nacido del Espíritu en mi espíritu! Tengo la vida de Dios. ¡Soy un hijo de Dios!".
Al hacer tal declaración, el Espíritu dentro de nosotros da testimonio juntamente con nuestro espíritu que en verdad somos hijos de Dios. Tenemos una sensación dulce de que Dios es nuestro Padre querido y amoroso, que hemos nacido de Él y que tenemos Su vida.
Cuando estamos pasando por momentos difíciles, podemos ejercitar nuestro espíritu y declarar algo al Señor. Por ejemplo, podemos declarar: “¡Señor, estás conmigo en mi espíritu! Gracias por estar conmigo”.
Aunque podamos sentirnos tristes, cuando ejercitamos nuestro espíritu de esta manera, experimentaremos el consuelo del Espíritu dando testimonio juntamente con nuestro espíritu de que verdaderamente somos hijos de Dios.
¿Cómo es posible que el Espíritu dé testimonio juntamente con nuestro espíritu de esta manera? Leamos la nota 2 sobre la frase nuestro espíritu en Romanos 8:16:
“Esto revela que hoy en día el Espíritu de Dios, el Espíritu todo-inclusivo del Dios Triuno, mora en nuestro espíritu humano regenerado y opera en nuestro espíritu. Estos dos espíritus son uno; juntamente viven, operan y existen, mezclados como un solo espíritu (1 Co. 6:17)”.
Cuando fuimos regenerados, el Espíritu de Dios vino a morar en nuestro espíritu. Él no está separado de nosotros, solamente viviendo lejos en los cielos. El Espíritu de Dios en realidad está habitando, viviendo y morando en nuestro espíritu regenerado.
En 1 Corintios 6:17, al que se hace referencia al final de esta nota, se nos dice:
“Pero el que se une al Señor, es un solo espíritu con Él”.
Esto nos dice que los dos espíritus están mezclados como uno solo. Así es como el Espíritu puede dar testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.
La importancia de conocer estos tres versículos
Estos tres versículos cruciales nos muestran lo que Dios desea. Dios no quiere que lo conozcamos meramente de manera objetiva como Aquel que vive fuera y aparte de nosotros. En cambio, el Espíritu y nuestro espíritu humano están íntimamente involucrados el uno con el otro.
Nuestra vida cristiana comienza cuando nacemos del Espíritu en nuestro espíritu con la vida de Dios, y continúa a medida que vivimos por Su vida en nosotros. Diariamente podemos adorar a Dios, quien es Espíritu, en nuestro espíritu al contactarlo y beberlo como el agua viva. Y debido a que nuestro espíritu y el Espíritu están mezclados como uno solo, podemos estar seguros y ser consolados por el testimonio del Espíritu juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos amados de Dios.
Es completamente a través del Espíritu Santo y de nuestro espíritu humano que podemos experimentar a Dios subjetivamente como nuestra vida, nuestra verdadera satisfacción y nuestro consuelo. Esperamos que haya disfrutado de estos tres versículos importantes que resaltan los dos espíritus y que éstos lo animen en su vida cristiana. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro para leer todas las notas sobre los versículos mencionados en esta entrada.

¿Alguna vez ha sentido que no sabía cómo orar, o que no sabía las palabras correctas para hablar con Dios?
A lo largo de los años, se han escrito miles de libros sobre el tema de la oración. Este gran asunto tiene muchos aspectos. Pero en esta entrada, hablaremos sólo de un aspecto simple de la oración: hablar con Dios.
Veremos algunos casos en los Evangelios de Mateo y Lucas que pueden ayudar a aclarar este aspecto de la oración.
Pidieron ver
Al leer los cuatro Evangelios, notará que las personas que acudieron a Jesús en busca de ayuda le hablaron de una manera honesta y directa.
Por ejemplo, en Mateo 20:29-34 tenemos la historia del encuentro entre Jesús y dos ciegos:
“Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. Y he aquí dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y la multitud les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Entonces Jesús se detuvo, los llamó y dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron”.
Cuando los dos ciegos oyeron que Jesús estaba cerca, clamaron a Él para que tuviera misericordia de ellos. Si no hubieran clamado: “Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros”, ellos habrían permanecido en su ceguera. Pero ellos sí clamaron y Jesús los escuchó. Él les preguntó qué querían que hiciera por ellos. Los dos ciegos no usaron expresiones elegantes ni formales. Ellos hablaron directamente desde su corazón y le dijeron a Jesús lo que querían: que sus ojos fueran abiertos.
Pidió ser limpio
Ahora leamos Lucas 5:12-13, donde tenemos la historia de Jesús y un leproso:
“Sucedió que estando Él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, y viendo a Jesús, se postró sobre su rostro y le rogó diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Entonces, extendiendo Él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de aquél”.
La lepra es una enfermedad altamente contagiosa y desfigurante. Pero cuando este leproso vio a Jesús, le pidió claramente que lo limpiara, o sanara. Jesús no retrocedió ante él; en cambio, en Su simpatía y amor por este hombre, Él lo tocó y lo sanó.
Aprender a orar a partir de estos casos
Entonces, ¿qué podemos aprender de estos casos sobre cómo orar? Mientras estas personas conversaban con Jesús, ellos básicamente estaban orando a Él. Simplemente le hicieron saber lo que esperaban que Él hiciera por ellos.
Es fácil que compliquemos demasiado el asunto de la oración. Podríamos pensar que necesitamos orar de cierta manera, o que necesitamos repetir la combinación correcta de palabras para que el Señor nos escuche. Pero estos relatos en los Evangelios nos muestran que podemos hablar libremente con el Señor de manera genuina.
Cómo podemos conversar con Jesús hoy
Los ciegos y el leproso tuvieron el privilegio de conocer a Jesús y contarle sus peticiones en persona. Pero en aquel tiempo, cuando Jesús vivía en la tierra, ellos tenían que estar en el lugar correcto en el momento adecuado para poder hacerlo.
Para nosotros los creyentes hoy, Jesús ahora vive en nuestro espíritu, nuestra parte más profunda. Esto significa que Él siempre está con nosotros. No necesitamos estar en un lugar especial, ni reservar nuestra oración para un momento especial.
Debido a que Él siempre está con nosotros, ¡podemos hablar con Él en cualquier momento, en cualquier lugar, tan a menudo como deseemos! El Señor vive en nosotros y quiere participar en cada área de nuestra vida. Él ya sabe todo lo que necesitamos, pero quiere que hablemos con Él y le digamos lo que hay en nuestro corazón. Al hablar con el Señor a lo largo del día, obtenemos más que la respuesta a nuestras peticiones. Experimentamos una comunión dulce y continua con Él.
Algunos ejemplos de conversar con el Señor
Podemos hablar con el Señor de muchas maneras sobre todo tipo de cosas. A continuación se presentan sólo algunos ejemplos. Sin importar cuál sea nuestra situación o necesidad, sólo necesitamos abrir nuestros corazones al Señor y ser directos y genuinos con Él.
Al comenzar nuestro día, podemos orar algo así:
“Señor Jesús, buenos días. Gracias por otro día. Gracias por este nuevo día para que yo experimente y disfrute de que Tú vives en mí”.
Más tarde, quizás querramos orar al Señor por un miembro de la familia que no es salvo:
“Señor Jesús, mi padre todavía no es salvo. Realmente quiero que él te conozca. ¡Oh Señor, sálvalo!”.
A veces estamos cargados de muchas preocupaciones. Pero 1 Pedro 5:7 es una palabra alentadora:
“Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él se preocupa por vosotros”.
Así que podemos orar acerca de nuestras preocupaciones de esta manera:
“Oh Señor Jesús, te necesito. Hoy estoy muy ansioso. Necesito Tu ayuda. Señor, echo todas mis ansiedades sobre Ti. No puedo lidiar con todas estas cosas, pero Tú sí puedes. Gracias porque te preocupas por mí”.
En otras ocasiones, cuando nos damos cuenta de lo mucho que necesitamos crecer en el Señor, podemos simplemente orar: “Señor, crece más en mí hoy”.
Podemos orar por cualquier cosa. Podemos pedirle algo al Señor, darle gracias o decirle: “Señor Jesús, te amo”.
Si no sabemos por dónde empezar, podemos comenzar invocando el nombre del Señor Jesús. Invocar Su nombre es una forma de orar, y a menudo encontraremos las palabras para hablarle al Señor mientras lo invocamos.
A partir de estos ejemplos podemos ver que nuestras oraciones no necesitan ser complicadas o formales. El Señor está viviendo dentro de nosotros, esperando que nos abramos a Él y hablemos con Él.
A medida que avanzamos en nuestra vida cristiana, podemos tener cientos de miles de conversaciones con el Señor Jesús sobre cualquier cosa y todas las cosas. Puede que Él no responda a nuestras peticiones de inmediato o de la manera que esperamos, pero Él se preocupa por cada detalle de nuestras vidas. Él siempre está listo para escuchar lo que esté en nuestro corazón, y podemos disfrutar de una dulce comunión con Él mientras hablamos con Él.
El Nuevo Testamento Versión Recobro está lleno de notas detalladas que lo ayudarán a comprender la Palabra de Dios. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita aquí y aprender más sobre los relatos de los Evangelios mencionados en esta entrada.

The church is a profound and deeply significant matter in the Bible. In our post “What Is the Church according to the Bible,” we began to look into the church as it’s revealed in the Scriptures.
In this post, we’ll continue to discuss the matter of the church by getting into some verses in Ephesians, a book unique in its rich revelation of what the church is in God’s eyes. We’ll look at seven aspects of the church revealed in Ephesians and how they relate to us as believers.
1. The Body of Christ
“The church, which is His Body, the fullness of the One who fills all in all.” Ephesians 1:22-23
The revelation of the church as the Body of Christ tells us that the church is not an organization but something living, just as our physical body is a living organism. The Body of Christ is an entity of life.
The church as the Body of Christ isn’t a lifeless organization, structured and arranged according to the concept of man. The Body of Christ is a living organism, issuing from the life of Christ as the Head who becomes the life in His believers as the members of His Body. This means all the members of the Body must possess Christ’s life.
Because the church is Christ’s Body, an organism with Christ’s life, a person can’t simply join it by taking an oath, agreeing to a creed, or signing a paper. One can only become a member of the Body of Christ by being born again, or regenerated, with the divine life.
Praise God, we received the life of Christ when we were born again; at that time, we became members of His Body. In His life, we’re joined to Christ as the Head and to other believers as the members of His Body. Just as with our physical body our fingers, arms, legs, and so on are joined together by our physical life, we as members of the Body of Christ share and are joined together in the life of Christ.
2. The new man
“Abolishing in His flesh the law of the commandments in ordinances, that He might create the two in Himself into one new man, so making peace.” Ephesians 2:15
For the church to be the Body of Christ means the church has Christ as its life. The aspect of the church as the new man means the church has Christ as its person. Christ is the person of the Body with His personality. For this, we as His members must live by His life and take Him as our person, and not ourselves.
As individual human beings, we all have our own personality and differ in background, upbringing, culture, preferences, etc. Although we may greatly desire to be one with one another, if we each live by our own personality, it’s impossible.
But Christ Himself now lives in us to be our new person. He wants us to take Him with His personality as our person. This means we take His preferences and feeling instead of our own.
When we live in this way, spontaneously we’re one because one Person is really living through all of us—Jesus Christ.
[[Free Study Bible]]
3. The kingdom of God
“So then you are no longer strangers and sojourners, but you are also fellow citizens with the saints.” Ephesians 2:19
The phrase fellow citizens with the saints here shows us our salvation brings us into a new kingdom—the kingdom of God. Here, all the believers are fellow citizens in God’s kingdom.
As citizens of a particular country, people have certain rights. For instance, in the US, citizens have the right of freedom of speech. But responsibilities also come with being citizens of this country, such as paying taxes.
Similarly, today we have both the rights and the responsibilities as citizens of the church as the wonderful kingdom of God. Sometimes we may want to enjoy the rights without bearing any responsibilities, but as citizens we must also acknowledge and bear the responsibilities of the church as God’s kingdom.
4. The household of God
“…and members of the household of God.” Ephesians 2:19
All the believers make up the household of God. This is a very sweet aspect of the church, for household refers to the church as God’s family. When we’re saved, whatever our background was before, we become a member of the household, the family, of God.
As the kingdom of God, we have rights and fulfill our responsibilities as citizens. But as the household of God, God’s family, we have God as our Father and the other believers as our brothers and sisters. The church is God’s home, God’s family, where we enjoy the care of our Father and where we care for one another. We find true rest, satisfaction, and enjoyment as members of the household of God.
5. The dwelling place of God
“In whom all the building, being fitted together, is growing into a holy temple in the Lord; in whom you also are being built together into a dwelling place of God in spirit.” Ephesians 2:21-22
The church is also God’s dwelling place on earth. How incredible that today, God’s dwelling place is our spirit, and not simply individually but corporately with all the believers in Christ. Today we are growing in His life and being built together to be God’s corporate dwelling place!
Note 4 on verse 21 in the New Testament Recovery Version helps us see what this implies:
“Since the building is living (1 Pet. 2:5), it is growing. It grows into a holy temple. The actual building of the church as the house of God is by the believer’s growth in life.”
God’s dwelling place on earth isn’t a physical building but His redeemed and regenerated believers, built up by the growth of the divine life in us. Today we are growing together as God’s dwelling place. The more we grow in life, the more God’s dwelling place is built up!
6. The bride, the wife of Christ
“Husbands, love your wives even as Christ also loved the church and gave Himself up for her that He might sanctify her, cleansing her by the washing of the water in the word, that He might present the church to Himself glorious, not having spot or wrinkle or any such things, but that she would be holy and without blemish.” “This mystery is great, but I speak with regard to Christ and the church.” Ephesians 5:25-27, 32
The church is the bride, the wife of Christ. In this aspect of the church, Christ loves us with the tender love of a husband, and we love Him as our dear Bridegroom. In His love, He is preparing us by the washing of the water in the Word for our wedding day when He returns.
7. The warrior
“Be empowered in the Lord and in the might of His strength. Put on the whole armor of God that you may be able to stand against the stratagems of the devil.” Ephesians 6:10-11
The Body of Christ, the new man, the kingdom of God, the household of God, the dwelling place of God, and the bride of Christ are all positive aspects of the church. But the church is also the warrior by which God can deal with His enemy, the devil. This a crucial aspect of the church.
Many are familiar with the verses in Ephesians 6 about putting on the parts of the armor of God. But when we look at the original Greek of these verses, we can realize this armor isn’t for an individual Christian. Paul exhorts the church, made up of all the believers, to put on the armor of God. Thus, the church is the corporate warrior of God, empowered in the Lord to fight the spiritual warfare to deal with God’s enemy.
Seeing and entering into the reality of the church
The revelation of the church in Ephesians is rich, deep, and high. We can pray for the Spirit of reality to reveal the church to us according to Ephesians, and we can ask Him to guide us into the reality of each aspect of the church in our experience.
“Dear Lord, thank You for the church. Grant me a spirit of wisdom and revelation so I can see the church in all these aspects. I also ask that the Spirit of reality would guide me and my fellow members of Your Body into the reality of the church so You can gain the church You desire. Amen.”
If you live in the US, you can order a free copy of the New Testament Recovery Version here.

En el Nuevo Testamento, cada uno de los cuatro Evangelios relata la crucifixión de Jesús. Pero Juan 19 registra detalles que no aparecen en los otros tres relatos. Este capítulo nos dice que los soldados romanos quebraron las piernas de los ladrones que estaban siendo crucificados junto a Jesús para acelerar sus muertes. Luego Juan 19:33-34 dice:
“Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”.
¿Por qué es el Evangelio de Juan el único en registrar estos detalles del costado traspasado de Jesús y la sangre y el agua que fluyeron? ¿Acaso hay algún significado especial?
El tema del Evangelio de Juan
Para responder a esta pregunta, primero necesitamos ver el tema del Evangelio de Juan.
El Nuevo Testamento Versión Recobro provee el tema de todos los libros. Esto incluye los cuatro Evangelios, cada uno de los cuales presenta un aspecto diferente del Señor Jesús:
Mateo: El evangelio del reino: prueba que Jesucristo es el Salvador-Rey
Marcos: El evangelio de Dios: prueba que Jesucristo es el Salvador-Esclavo
Lucas: El evangelio del perdón de pecados: prueba que Jesucristo es el Salvador-Hombre
Juan: El evangelio de vida: prueba que Jesucristo es Dios el Salvador venido como vida para propagarse
El énfasis del evangelio de Juan es la vida. Cuando consideramos los detalles en el relato de Juan de la crucifixión del Señor, tenemos que tener en cuenta ese énfasis.
Figuras en Juan
Las realidades espirituales son profundas y difíciles de entender. Así que el evangelio de Juan incluye señales, o figuras, como el Cordero de Dios, el agua viva y la vid para comunicarnos profundas realidades espirituales. Estas figuras nos impresionan de una manera que las palabras por sí solas no pueden.
Esto también es cierto de la sangre y el agua que salieron del costado de Jesús.
La figura de la sangre y el agua
Entonces, ¿qué realidad espiritual revelan la sangre y el agua del costado traspasado del Señor?
La nota 1 sobre sangre y agua en Juan 19:34 en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos da gran entendimiento. Veamos algunas partes de esta nota larga.
La primera sección dice:
“Dos sustancias salieron del costado traspasado del Señor: sangre y agua. La sangre efectúa la redención y así quita los pecados (1:29; He. 9:22) para comprar la iglesia (Hch. 20:28). El agua imparte vida y así acaba con la muerte (12:24; 3:14-15) para producir la iglesia (Ef. 5:29-30). La muerte del Señor, por un lado, quita nuestros pecados, y por otro, nos imparte vida. Por lo tanto, tiene dos aspectos: el aspecto redentor y el aspecto de impartir vida. La redención tiene como fin impartir vida. Lo narrado en los otros tres Evangelios muestra solamente el aspecto redentor de la muerte del Señor; lo narrado en Juan muestra no sólo el aspecto redentor, sino también el de impartir vida”.
Todo ser humano necesita tanto la redención —representada por la sangre— como la vida —representada por el agua— porque ante Dios, no sólo somos pecadores sino que también estamos muertos.
Necesitamos el perdón de nuestros pecados, y también necesitamos la vida divina de Dios. A través de la muerte de Jesús en la cruz, podemos tener ambas cosas.
Debido a que Jesús derramó Su sangre por nosotros, podemos ser perdonados de todos nuestros pecados. Nunca podremos alabarle y agradecerle lo suficiente por el aspecto redentor de Su muerte. Pero Su redención fue con el propósito de impartir Su vida divina en nosotros.
La muerte de Jesús también liberó la vida divina
Leamos otra sección de la misma nota:
“Pero el agua que fluyó y los huesos que no fueron quebrados, como lo menciona Juan en los vs. 34 y 36, son señales que se relacionan con la muerte del Señor en su aspecto de impartir vida (véase la nota 261). La muerte que imparte vida liberó la vida divina del Señor desde Su interior, para que se produjera la iglesia, la cual se compone de todos Sus creyentes, en quienes se ha impartido la vida divina”.
Centrémonos primero en esta oración de la nota: La muerte que imparte vida liberó la vida divina del Señor desde Su interior.
Para entender lo que esto significa, leamos lo que Jesús dijo en Juan 12:24:
“De cierto, de cierto os digo, qué si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto”.
En este versículo, Jesús se comparó a Sí mismo con un grano de trigo que caería en la tierra y moriría. Un grano de trigo es una semilla. Dentro de la cáscara de una semilla hay una fuerza vital, un elemento de vida. Pero mientras la semilla permanezca entera, la vida dentro de ella está confinada a esa única semilla. Debe caer en la tierra y “morir” para que su cáscara pueda abrirse. Así es como se libera la vida en la semilla para que pueda dar fruto para su propagación, o aumento.
De la misma manera, el Hijo divino de Dios se hizo hombre de carne y sangre llamado Jesús. Jesús era a la vez divino y humano, pero Su vida divina estaba confinada dentro de la “cáscara” de su humanidad.
Según Su intención original para la humanidad, Dios desea que recibamos Su vida. Para que esto sucediera, la vida divina en Jesús tenía que ser liberada desde dentro de la cáscara de Su humanidad, lo cual ocurrió cuando Jesús murió en la cruz. ¡A través de Su muerte, la vida divina fue liberada!
Ahora esa vida divina puede ser impartida a todos los que creen en Jesús. Cuando somos salvos, nosotros, quienes éramos pecadores muertos, experimentamos la sangre y el agua: somos limpiados de nuestros pecados y recibimos la vida divina.
Como la nota también señala, esta vida que se es impartida en nosotros es para producir la iglesia. La iglesia es una entidad de vida. Está compuesta por todos los creyentes en Cristo en quienes la vida divina ha sido impartida.
Dos fuentes
Ahora leamos la última sección de la nota:
“El costado abierto del Señor fue tipificado por el costado abierto de Adán, del cual Eva fue producida (Gn. 2:21-23). La sangre fue tipificada por la sangre del cordero pascual (Éx. 12:7, 22; Ap. 12:11), y el agua fue tipificada por el agua que fluyó de la roca golpeada (Éx. 17:6; 1 Co. 10:4). La sangre formó una fuente para la purificación del pecado (Zac. 13:1), y el agua llegó a ser la fuente de vida (Sal. 36:9; Ap. 21:6)”.
La muerte de Jesús abrió dos fuentes para satisfacer todas nuestras necesidades: una fuente para la purificación de nuestros pecados y una fuente de vida.
Zacarías 13:1 dice:
“En aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, por el pecado y por la impureza”.
Y Salmos 36:9 dice:
“Porque contigo está la fuente de la vida; en Tu luz vemos la luz”.
Podemos ser purificados en la fuente por el pecado al confesar cualquier pecado que cometamos. Y podemos recibir la vida divina al venir continuamente al Señor como la fuente de vida para beber de Él. Siempre podremos disfrutar de la provisión de estas dos fuentes.
¡Alabado sea el Señor por Su muerte redentora que imparte vida, por la sangre y el agua!
Sólo pudimos hablar brevemente aquí acerca del significado profundo de la sangre y el agua que salieron del costado traspasado del Señor. Y la nota que vimos hoy incluye otra sección sobre el aspecto redentor de la muerte del Señor.
Le recomendamos encarecidamente que pida una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro si vive en los Estados Unidos. Usted puede leer la nota completa con sus versículos de referencia para obtener un entendimiento más profundo de esta maravillosa señal.

Los seres humanos se necesitan unos a otros para el compañerismo y la protección mutua. Lo mismo es cierto para nosotros los creyentes; necesitamos el apoyo y el compañerismo de otros cristianos. Ya sea que seamos un nuevo creyente o que hayamos sido cristianos por un tiempo, todos necesitamos compañeros espirituales.
El principio de compañerismo espiritual en la Biblia
El principio de compañerismo espiritual está claramente presente en toda la Biblia. Por ejemplo, Eclesiastés 4:9-12 dice:
“Mejor son dos que uno, porque tienen buena recompensa por su trabajo; porque si caen, el uno levantará a su compañero. Pero ¡ay del que cae y no tiene otro que lo levante! Asimismo, si dos se acuestan juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevalece contra uno, dos le resistirán; y un cordel de tres hilos no se rompe pronto”.
No importa cuán fuertes pensemos que somos en nuestra fe, ninguno de nosotros es perfecto. Todos caemos y fallamos al Señor. Cuando lo hacemos, es fácil desanimarnos por nuestros pecados o fracasos, y podría resultarnos difícil continuar en nuestra vida cristiana. Necesitamos que otros nos levanten cuando caemos, nos animen cuando fallamos y nos ayuden a volver al Señor. Y también podemos hacer lo mismo por ellos.
Los compañeros espirituales son diferentes de los amigos
Las ovejas en un campo tienen una característica particular: siempre se agrupan. Está en su naturaleza. Por eso es raro ver una sola oveja completamente sola, lejos del rebaño. Por naturaleza, quieren estar juntas.
A los ojos del Señor, nosotros los creyentes somos Sus ovejas. Cuando fuimos salvos, fuimos regenerados con la vida de Dios. Todos los creyentes en Cristo comparten esa misma vida. Ahora nosotros, como ovejas de Dios, tenemos una necesidad y un deseo inherentes de estar con otros creyentes para nuestra protección y beneficio mutuos.
Es por esto que los compañeros espirituales no son lo mismo que los amigos. No importa cuán cercanos seamos a nuestros amigos que aún no son salvos, la relación que tenemos con nuestros compañeros espirituales es diferente. Es mucho más profunda porque se basa en nuestra fe en Jesús y en compartir la vida de Dios.
Todavía podemos pasar tiempo con nuestros amigos, pero nuestra intención no debería ser involucrarnos en las cosas viejas de nuestra pasada manera de vivir, algunas de las cuales eran pecaminosas. Nuestra meta debería ser compartir con ellos cómo fuimos salvos y cuán bueno es Jesús. Podríamos encontrar que un amigo es receptivo y orará con nosotros para recibir al Señor Jesús.
Y si tenemos compañeros espirituales, podemos orar juntos por nuestros amigos. También podemos tener comunión acerca de la mejor manera de estar con nuestros amigos y cómo hablar con ellos acerca del Señor.
Los compañeros espirituales del apóstol Pablo
El apóstol Pablo era fuerte en el Señor y en su fe. Podría ser fácil pensar que él no necesitaba ningún compañero. Pero el libro de Hechos y las epístolas de Pablo nos muestran algo diferente.
Hechos 16 registra el viaje de Pablo y Silas mientras viajaban juntos para compartir el evangelio de Jesucristo. Cuando llegaron a Filipos, le hablaron a la gente sobre el Señor Jesús y fueron arrojados a prisión como resultado. Los versículos 25 y 26 nos dicen lo que sucedió después:
“Hacia la medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos de alabanza a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron”.
Incluso Pablo podría haberse sentido sin esperanzas si Silas, su compañero, no hubiera estado con él. Pero juntos, oraron y cantaron himnos de alabanza al Señor, a pesar de su situación desesperada. Los prisioneros y el carcelero los escucharon cantar y alabar.
Pablo también viajó para compartir el evangelio con Bernabé, Tito, Lucas, Timoteo y otros hermanos en el Señor. Escribió muchas de sus epístolas con uno o más de sus compañeros a su lado e incluyó sus nombres en sus saludos a las iglesias. Estos hermanos eran sus compañeros espirituales, y juntos tenían comunión, oraban y predicaban el evangelio.
La instrucción de Pablo a Timoteo
Pablo sabía lo importante que era tener compañeros espirituales por su propia experiencia. Así que en 2 Timoteo 2:22, Pablo instruyó a Timoteo, un hermano joven:
“Huye de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor”.
Aquí, Pablo no le dijo a Timoteo que resistiera las pasiones por sí mismo para demostrar cuán fuerte era. En cambio, le dijo a Timoteo que huyera de las pasiones juveniles con aquellos que invocan al Señor de corazón puro. Al estar con tales compañeros, Timoteo no sólo podía huir de las pasiones, sino también seguir la justicia, la fe, el amor y la paz.
Orar por compañeros espirituales
El Señor no espera ni quiere que vivamos la vida cristiana por nosotros mismos. Ya sea que seamos un nuevo creyente o uno que haya sido salvo por un tiempo, todos necesitamos compañerismo espiritual.
Podemos tener comunión y leer la Biblia con nuestros compañeros espirituales. Podemos orar unos por otros y llevar las cargas uno del otro. De esta manera, nos ayudamos mutuamente a levantarnos e ir adelante incluso en situaciones difíciles. Si tambaleamos, nuestros compañeros pueden fortalecernos y animarnos a volvernos al Señor.
Independientemente de nuestra etapa en la vida, todos necesitamos compañeros para poder orar, tener comunión y buscar a Cristo juntos. Si aún no tenemos un compañero, podemos pedirle al Señor que nos ayude a encontrar al menos uno. El Señor ciertamente contestará esta oración.
Si vive en los Estados Unidos, le animamos a que pida una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para descubrir más luz y suministro de vida en la Palabra de Dios.

El comienzo de un nuevo año es el momento perfecto para comenzar a leer la Biblia. Puede echar un vistazo a nuestra entrada con relación a la lectura de la Biblia, por qué es importante y cómo puede lograr que este año se convierta en año para leer la Biblia.
El comienzo del nuevo año nos da la oportunidad de reflexionar en cuanto al año pasado, y una de las preguntas con gran valor que nos podemos hacer es ¿cómo nos fue con nuestra lectura bíblica el año pasado? ¿Acaso pensamos en leerla, pero no sabíamos dónde comenzar? ¿Comenzamos pero nos desviamos a mitad del camino? o quizás seguimos un itinerario para leer la Biblia diariamente, pero nos atrasamos y por ende nos desanimamos.
Las buenas nuevas son que usted puede empezar de nuevo con el Señor sin importar si perdió el ritmo de la lectura el año pasado o se las haya arreglado para mantener su lectura bíblica diaria, o incluso, si por alguna razón acaba de decidir leer la palabra de Dios por primera vez de forma habitual. Un día nuevo, una semana nueva, un nuevo mes y un año nuevo nos dan la oportunidad de tener un nuevo principio. ¿Por qué no aprovechar el comienzo de este año como una oportunidad para renovar su lectura y disfrute de la Palabra de Dios?
Nuestros sentimientos no deben ser un impedimento para que leamos la Palabra
Quizás sintamos que nuestra condición espiritual no es la mejor o que por alguna razón le fallamos al Señor. Pueda que hayamos pecado y nos sintamos indignos de acudir al Señor o abrir la Biblia.
Pero cualquier tipo de falla que hayamos tenido, no importa que tan mal nos sintamos, no debemos permitir que esto nos impida acudir al Señor o Su Palabra. Si confesamos nuestros pecados y fallas al Señor, seremos perdonados y lavados. ¡La sangre preciosa y eficaz de Jesús se ocupa de todas las cosas delante de Dios! Es debido a la sangre preciosa de Cristo que nuestra comunión con el Señor puede ser recobrada y que podemos acudir a la Biblia con confianza, sabiendo que Dios quiere reunirse con nosotros en Su palabra y que Su palabra nos refrescará y alimentará.
La importancia de leer la Biblia
Como cristianos, nunca debemos subestimar la importancia y el valor de llevar una lectura bíblica que es regular y consistente. Nuestra fe no se basa en nuestras ideas o conceptos, pero en la Palabra sólida de Dios. Debemos conocer y estar seguros de lo que creemos. Nuestra fe subjetiva, es decir, nuestra habilidad de creer, es fomentada y fortalecida cuando pasamos tiempo en la Palabra viviente de Dios. La Biblia es el alimento de nuestra vida cristiana.
Si nos damos cuenta de la importancia de mantener el hábito de leer la Biblia diariamente, no la consideraremos como una actividad opcional para cuando tengamos el deseo de hacerlo, sino como una necesidad para nuestra vida cristiana. Y como con cualquier cosa que valoramos como una necesidad absoluta, nos daremos el tiempo para esto.
Consejos prácticos
Formar un hábito: Formar un hábito diario nos ayudará a mantener nuestra lectura bíblica. Todos tenemos muchos hábitos en nuestras vidas: rutinas por la mañana, trabajo o clases, regímenes de ejercicio y así sucesivamente. De igual forma que con cualquier otra actividad podemos hacer que la lectura bíblica llegue a ser un hábito. Podemos apartar un tiempo específico del día, incluso ir a un lugar específico para pasar unos minutos leyendo la Palabra de Dios. Apartar un tiempo para la lectura bíblica en nuestro horario diario, ya sea por las mañanas o a la hora del almuerzo o por las tardes, esto nos ayudará a mantener un buen hábito para leer la Biblia de forma persistente durante todo el año.
Leer de forma consecutiva: Una de las mejores maneras de leer la Biblia es leerla de forma consecutiva, libro tras libro y capítulo tras capítulo. Leer una porción distinta de la Palabra aquí y otra allá es algo bueno aparte de la leer de forma consecutiva, sin embargo, para su lectura bíblica diaria y para que pueda tener un panorama general de lo que la Biblia dice, es necesario que leamos la Palabra de Dios de principio a fin para que sea de gran beneficio.
BfA desarrolló leasupalabra.com con el fin de ayudarlo a lograr esto. Usted puede usar este servicio gratuito para crear su propio horario de lectura bíblica personalizado, monitorear su progreso y obtener recordatorios en su correo electrónico las veces que usted desee. Puede comenzar desde el principio del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento o donde anteriormente se haya quedado en la lectura. Monitorear su lectura en un horario como este, logrará que esté motivado a seguir adelante.
No tan sólo puede usted tener el reto de leer la Biblia consistentemente, sino que también puede invitar a sus amigos al crear grupos de lectura bíblica. Leer la Biblia juntos utilizando el mismo itinerario puede ser de gran ayuda para mantenerse al día en su lectura durante el año, y rendir cuentas a alguien por su lectura. El sitio web biblechallenges.org, aunque sólo está disponible en inglés, es una herramienta útil para crear retos de leer la Biblia con sus amigos.
Nunca es demasiado tarde para comenzar de nuevo con su lectura bíblica, pero es una buena oportunidad que al comienzo del año nos consagremos al Señor para hacer que la lectura de Su Palabra forme parte regular de nuestra vida. Si este año desea conocer mejor la Palabra y al Señor, le animamos a que tome su Biblia (o pida una gratis aquí) y comience a leerla.
La Biblia nos dice que Job atesoraba la palabra de Dios más que su comida asignada (Job 23:12). ¡La Palabra contiene tales riquezas para que las disfrutemos! Que en los días y meses que entran podamos desarrollar el hábito maravilloso de leer la Palabra de Dios e incluso llegar a atesorarla más que nuestra comida asignada.

Un miembro del personal de BfA nos habla sobre su experiencia de orar utilizando la Palabra de Dios.
En Efesios 6, el apóstol Pablo nos dice que recibamos la Palabra de Dios “con toda oración” (vs. 17-18).
Sin lugar a dudas, existen diferentes formas de entender y practicar este encargo, y posiblemente todas ellas son provechosas. Si el contenido de nuestra oración refleja el contenido de lo que Dios nos habla en Su Palabra, lo más seguro andamos en el camino correcto.
Una vez leí una ilustración en un libro que comparaba las palabras de la Biblia con un árbol cuyas ramas están llenas de fruto, y como, por medio de la oración, podemos sacudir una rama hasta que el fruto cae y podemos comerlo. Leo la Biblia regularmente, capítulo por capítulo, pero decidí experimentar y añadir un poco de “orar-leer” a mi lectura bíblica diaria.
De modo que, de vez en cuando, comencé a escoger uno o dos versículos del capítulo que estaba leyendo ese día y simplemente oraba utilizando las frases y palabras de los versículos repitiendolas y enfatizándolas en voz alta.
Algunos días, sentí un aprecio general, se podría decir sin “fuegos artificiales”. Sin embargo, otros días realmente sentí que la Palabra se volvía vida para mí mientras oraba. Ese tipo de oración específica, enfocada, hizo que el versículo fuese vivificante, iluminador para mí y como dice en Hebreos 4:12, vivo “y eficaz”.
Recuerdo claramente una ocasión en específico. Estaba en la parada de autobús un día esperando a que un amigo me recogiera allí y por casualidad leía Efesios 4. El capítulo termina con lo que pensaba era un versículo bastante ordinario acerca de ser bondadosos los unos con los otros y de perdonarnos los unos a los otros.
Pero me detuve y comencé a orar ese último versículo. De manera muy inesperada, comencé a estar plenamente consciente de algunos comentarios justos pero duros que les había hecho a algunos de mis compañeros de trabajo. A medida que repetía las palabras una y otra vez: “Sed bondadosos. Sed bondadosos. Sed bondadosos, perdonándoos unos a otros…” más luz recibía de estas palabras. Me di cuenta de cuán frío y estricto era con algunos de mis compañeros de trabajo. Me sentí abrumado al ver cuán tirano podía a veces ser. No esperaba que iba a tener ese tipo de entendimiento, pero por medio de orar utilizando esas palabras, ¡casi me caigo de la impresión que tuve!
Al ser iluminado por la luz del Señor en Su Palabra, simplemente confesé al Señor y dejé que las palabras de ese versículo lavarán todo el descontento que sentía hacia los demás. A medida en que “comí” las palabras de Efesios al orarlas, sentí que Aquel que es bondadoso y perdonador se extendía a nuevas áreas de mi corazón. Incluso, derrame varías lágrimas.
Cuando mi amigo llegó a recogerme y miró mi rostro, me pregunto: “¿Qué te sucedió?” ¿Cómo responde uno a esa clase de pregunta? Por medio de la oración, un versículo impreso en blanco y negro en una página llegó a ser una luz personal en mi ser y facilitó que Cristo se expandiera más en mi ser.
¡Qué gran milagro que tengamos en nuestras manos un libro tan enriquecedor como la Biblia, y mucho más, que tengamos la oración como un medio para darnos cuenta de lo que se encuentra impreso en cada página! Esta experiencia al igual que muchas otras parecidas me han enseñado a siempre dedicar un tiempo para orar uno o dos versículos. Sencillamente, no quiero perderme ninguna experiencia que el Señor tenga para mí en Su Palabra.

En Marcos 16:15 el Señor Jesús encargó lo siguiente:
“Id por todo el mundo y proclamad el evangelio a toda la creación”.
¿A quién se le dio este encargo? En esta entrada discutiremos quiénes son los que deben proclamar y por qué deben proclamar el evangelio.
¿Quiénes son los que proclaman el evangelio?
Es probable que al principio sólo veamos este versículo y consideremos que el encargo del Señor aquí solamente se aplica a un grupo de creyentes en particular, como a los once apóstoles que estuvieron con el Señor. Pero, ¿quiénes eran los apóstoles? Los apóstoles eran personas que vieron y recibieron al Cristo crucificado y resucitado como su Salvador.
¿Qué significa esto? Si hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador, entonces estamos calificados para proclamar el evangelio. Asistir a una escuela especial o completar un programa para predicar el evangelio no es un requisito para proclamar el evangelio. Lo que nos califica para proclamar el evangelio es haber sido redimidos por Cristo y regenerados con Su vida.
Un buen ejemplo es la historia de la mujer samaritana mencionada en Juan 4. Tan pronto como ella creyó en el Señor Jesús y lo recibió como el agua viva, dejó su cántaro, fue a la ciudad, y le dijo a la gente: “Venid, ved a un hombre, que me ha dicho todo cuanto he hecho ¿No será éste el Cristo?” No esperó hasta ir a una escuela para aprender a predicar el evangelio. Sencillamente le dijo a la gente sobre el Jesús maravilloso que había conocido. Al igual que ella, también nosotros podemos decirle a alguien acerca de este Cristo precioso a quien hemos aceptado como nuestro Salvador.
Así que en realidad, el encargo de nuestro Señor y Cristo crucificado y resucitado incluye a todos los creyentes. Él desea que cada uno de Sus creyentes le diga a las personas las buenas nuevas de Su salvación.
¿Por qué debemos proclamar el evangelio?
Ahora que hemos visto que todos los creyentes son los que deben proclamar, veamos la razón por la cual debemos proclamar el evangelio.
Primero, proclamamos el evangelio de Jesús porque nuestro Señor nos encargó hacerlo. Somos bendecidos cuando no nos resistimos o tenemos discrepancias acerca del encargo que nos hizo el Señor sino que respondemos en fe: “Sí, Señor, deseo tomar este encargo seriamente y obedecerte. Hazme uno que proclama Tu evangelio a las personas”.
Ahora veamos otras dos razones importantes por las cuales debemos proclamar el evangelio de Jesucristo.
1. Las personas necesitan oír el evangelio
Romanos 10:14 nos muestra la manera en que las personas pueden ser salvas:
“¿Cómo, pues invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien proclame?”
Proclamamos el evangelio para que las personas lo escuchen y crean en el Salvador quien murió por ellos y resucitó para ser su vida.
Ninguno de nosotros es creyente por nacimiento. Cada uno de nosotros es un creyente en Cristo y disfruta la salvación Dios debido a que alguien nos proclamó a Dios. Nosotros tenemos una deuda con nuestros amigos, parientes y con otras personas que Dios ha puesto en nuestras vidas de decirles acerca del Salvador.
El apóstol Pablo expresó este sentir en Romanos 1:14-15:
“Deudor soy igualmente a griegos y a bárbaros, a sabios y a ignorantes. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma”.
Todos conocemos a alguien que necesita salvación. Quizás sea alguien con quien usted trabaja, nuestro vecino o un amigo. Las personas se sienten heridas por dentro; se sienten perdidas y vacías. Ellos anhelan saber el propósito de su existencia. Les debemos el evangelio. Ellos necesitan escuchar acerca del Salvador que nos ama a fin de que puedan creer en Él. Esta es la razón por la cual debemos obedecer el encargo solemne del Señor de proclamarles el evangelio.
2. Necesitamos fluir a otros
Para estar espiritualmente saludables es necesario que pasemos tiempo diariamente con el Señor Jesús en las mañanas para alimentarnos de Su Palabra. Pero es igual de necesario compartir a Cristo con otros. Cuando no lo hacemos, sentimos como que nos falta algo. Esto se debe a que el Señor quien vive en nosotros no sólo desea que nosotros lo recibamos y disfrutemos sino que también lo fluyamos a otros.
Podemos usar como ejemplo una manguera. La llave llena la manguera de agua y cuando ésta funciona correctamente, el agua fluye hasta el otro lado. Pero, si la manguera tiene un tapón en la salida tendríamos un gran problema: nada pudiera fluir hacia afuera, lo cual también implica que nada puede entrar en ella.
Ciertamente necesitamos estar en “la llave” de Cristo para recibir más de Él por medio de la oración y la Palabra de Dios, para que de esa manera crezcamos en Él. Esto es lo que ingerimos. Pero como la manguera, nosotros también necesitamos una salida; compartir al Señor Jesús con otros es esa salida. El Señor quien vive en nuestro espíritu quiere fluir. Él ama a las personas y desea que sean salvas. Cuando no le hablamos a otros acerca de Él, nuestro fluir es obstruido, lo cual hace que otros no tengan la oportunidad de escuchar el evangelio, lo cual afecta también nuestro disfrute de Cristo.
Entre más recibimos y disfrutamos al Señor, espontáneamente más desearemos hablarle a las personas y decirles acerca del Cristo que apreciamos y disfrutamos. Por otro lado, mientras les decimos a las personas acerca de Cristo, experimentamos ser llenos de Él como el agua viva de nuevo.
Confiar en la oración y el evangelio
Por supuesto, la oración debe acompañar nuestro proclamar; debemos orar por la salvación de personas específicas que el Señor ha puesto en nuestros corazones. Por medio de la oración también podemos ser limpiados de nuestros pecados a fin de ser un canal transparente para que el Señor fluya a los demás por medio nuestro.
La palabra del evangelio es poderosa. Pablo dijo en Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”.
¿Cuál es el poder de Dios?” La nota 1 en este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro lo explica:
“Esto significa una fuerza potente que puede abrirse paso a través de cualquier obstáculo. Este poder es el mismo Cristo resucitado, quien es el Espíritu vivificante, y resulta en salvación para todo aquel que cree”.
¡El evangelio de Dios puede llevar a un pecador a la salvación! Y qué salvación abundante tenemos! Así nos lo muestra la nota 2:
“Salvar a los creyentes no sólo de ser condenados por Dios y de la perdición eterna, sino también de su vida natural y de su yo, para que sean santificados, transformados, y también edificados con otros en un solo Cuerpo de Cristo, a fin de que sean Su plenitud y expresión (Ef. 1:23)”.
Proclamar a fin de rescatar al perdido
Si meditamos en la situación actual del mundo, nos daremos cuenta de cuán urgente tanto nuestra oración como predicar el evangelio es.
Fanny J. Crosby, autor de muchos himnos muy queridos, escribió el siguiente himno. En él expresa con elocuencia la necesidad que tiene la humanidad del Salvador, al igual que nuestra responsabilidad de compartir las buenas nuevas de Jesucristo. Que el Señor hable a nuestros corazones acerca de amar a las personas y de proclamarles el evangelio. Y que podamos responder a Él por medio de orar por la personas y hacerles saber de Su gran amor y salvación para con ellos.
Rescata con piedad
Los que perecen,
Para salvarlos de muerte eternal;
Llora por todo aquel
Que está perdido,
Dile de Cristo el fuerte en salvar.
Guía al perdido,
Alza al caído.
Con compasión Jesús
Los salvará.
En ellos hay desdén,
Más Cristo espera,
Al penitente Él quiere atender;
Insiste con fervor
Y con ternura,
Perdonará a los que crean en Él.
La gracia sanará
Los sentimientos
Tan aplastados por el tentador;
De nuevo vibrarán
Las cuerdas rotas,
Al ser tocadas por tan grande amor.
A todos rescatad,
Es el encargo,
Para la obra da fuerza el Señor;
Tráelos a la verdad
Con fe y paciencia,
Dile al errante que Cristo murió.
(Aquí puede escuchar la tonada de este himno.)
El versículo, nota y referencia paralela son de la Santa Biblia Versión Recobro, publicada por Living Stream Ministry. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Esperamos que disfrute este testimonio de uno de los miembros del personal de BfA acerca de descubrir su espíritu humano y el efecto que esto tuvo en ella.
La entrada del blog Mi espíritu: un descubrimiento que cambia la vida me tocó mucho pues lo que se habla allí es exactamente lo que he experimentado. Desde que comencé a ver en la Biblia que tengo un espíritu humano, y después poder experimentar realmente al Señor quien vive allí, mi vida ya no es la misma.
En lo más profundo de mi ser siempre tuve la sensación de que algo faltaba en mi vida cristiana. Una vez que creemos en el Señor y somos salvos, ¿qué sucede después? ¿Qué es lo que Dios quiere? ¿Qué significaba ser cristiano en mi diario vivir? Durante un tiempo pensé que quizás lo que Dios deseaba era que ayudará a las personas. Por ejemplo, pensé en llegar a ser cierto tipo de doctor, o unirme al Cuerpo de Paz. Y otras veces pensaba que lo que Dios deseaba era que cumpliera mis sueños.
Nunca olvidaré un momento en especifico en mi vida después de graduarme de preparatoria. Mientras estaba en la cama con mis dos hermanas menores, las lágrimas comenzaron a bajarme por el rostro, lloraba en silencio para no despertarlas. Estaba desesperada por algo real. Así que clamé al Señor: “Señor, ¡tienes que ser real para mí ¡No puedo seguir adelante si no eres real para mí!”
El Señor verdaderamente contestó esa oración cuando fui a la universidad. Allí, conocí a un grupo de creyentes que me mostraron en la Biblia que Dios tiene un propósito, y con el fin de cumplirlo, Él creó al hombre con un espíritu humano para contenerle y contactarle. Aunque crecí siendo cristiana nunca había visto o escuchado esta verdad tan crucial. Fui ayudada a ver que cuando creí en el Señor, Él vino a ¡morar en mi espíritu!
También pude ver que Dios desea que las personas lo experimenten en su espíritu. Él no es un Dios impersonal o un Dios que está lejos que tengo que esforzarme por agradar al hacer el bien o al hacer algo para Él pero sin Él. No, el Dios del universo era alguien a quien puedo volverme, con quien puedo tener comunión y vivir por Él en el espíritu. ¡Dios vino a ser tan real para mí!
Por mucho tiempo había experimentado un vacío inexplicable en mi ser que no podía llenar. Sin embargo, cuando toque al Señor en mi espíritu, ese vacío se esfumó. Tuve la sensación de “¡esto era! ¡Esta es la razón por la cual fui creada!” El hombre fue creado para recibir al Señor Jesús y disfrutarle como el Espíritu en nuestro espíritu.
Estoy tan agradecida al Señor que esta verdad crucial me ha sido revelada y que he podido experimentar al Señor Jesús en mi espíritu. Mi oración es que muchos otros puedan descubrir su espíritu humano y que el Señor llegue a ser tan real para ellos como lo ha llegado a ser para mí.
