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La Biblia
Siete razones convincentes para leer la Biblia

Cualquiera que considere la Biblia de una manera objetiva concluiría que es un libro extraordinario. Está llena de historias fascinantes y la historia cautivadora del pueblo de Dios a lo largo de muchos siglos. También contiene poesía muy conmovedora, palabras que son una fuente de consuelo y sabiduría profundos y pasajes que transmiten la norma más alta de ética y moralidad.

Esto es razón suficiente para leer la Biblia.

Pero nosotros los creyentes atesoramos la Biblia por mucho más que esas cualidades. La atesoramos como el hablar mismo de Dios.

En esta entrada, hablaremos de sólo siete de las muchas maneras maravillosas en que nos beneficiamos al leer la Biblia. Veremos versículos claves y notas de la Versión Recobro que presentan razones convincentes para leer la Palabra de Dios regularmente durante toda nuestra vida cristiana.

1. La Biblia nos alimenta

Al leer la Biblia, somos alimentados interiormente.

Así como la necesidad principal de un bebé es comer, no que se le enseñe, nosotros los hijos de Dios principalmente necesitamos ser alimentados espiritualmente en lugar de aprender muchas doctrinas de la Biblia. Dios nos dio la Biblia para alimentarnos.

En 1 Pedro 2:2 se nos dice:

“Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación”.

La Palabra de Dios es la leche dada sin engaño, nuestro alimento espiritual, para nutrirnos. Al ser alimentados, crecemos a medida que la vida de Dios aumenta en nosotros.

En Mateo 4:4, el Señor Jesús dijo:

“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Como hombre en la tierra, Jesús vivió de esta manera, y Él es nuestro excelente modelo. Necesitamos vivir no sólo de comida física, sino de la Palabra de Dios. De esta manera nuestra hambre interior será satisfecha y seremos fortalecidos para vivir la vida cristiana, creciendo en la vida de Dios.

2. La Biblia nos da luz

¿Alguna vez ha tenido que caminar de noche por algún lugar en plena oscuridad? La mayoría de nosotros probablemente llevaríamos una linterna para poder ver por dónde estamos caminando. De lo contrario, podríamos tropezar fácilmente con algo o perdernos.

A pesar de que somos salvos, todavía estamos rodeados por la oscuridad de esta era. Muchas cosas pueden hacer que tropecemos en nuestro caminar cristiano o que abandonemos el camino de seguir al Señor. ¿Cómo podemos saber qué camino tomar? En medio de tanta oscuridad, necesitamos luz divina.

La Biblia es esa luz divina. Salmos 119:105 dice:

“Lámpara es a mis pies Tu palabra y luz a mi senda”.

Todos los días necesitamos que la Palabra de Dios sea nuestra lámpara y luz para dirigir nuestro caminar y mostrarnos el camino de Dios.

En 2 Pedro 1:19 también dice que la Palabra de Dios es una lámpara para nosotros:

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una lámpara que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día amanezca y la estrella de la mañana nazca en vuestros corazones”.

La nota 2 sobre lámpara en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a entender:

“Pedro compara la palabra de la profecía en las Escrituras con una lámpara que alumbra en lugar oscuro, lo cual indica que: (1) esta era es un lugar oscuro en medio de una noche oscura (Ro. 13:12), y todos los habitantes de este mundo se conducen y actúan en tinieblas y (2) la palabra profética de las Escrituras, como lámpara que ilumina a los creyentes, transmite una luz espiritual que resplandece en las tinieblas que los rodean (no como mero conocimiento en la letra que ellos deban aprender), guiándolos para que entren en un día brillante, y puedan pasar por la noche oscura hasta que esclarezca el día de la manifestación del Señor. Antes que el Señor aparezca como luz del día, necesitamos que esta palabra sea la luz que alumbre nuestros pasos”.

Los habitantes de este mundo se conducen y actúan en tinieblas. Vemos esto en todas partes de la sociedad, en todo el mundo. ¿Cómo evitamos perdernos? Dios nos ha dado una provisión maravillosa: las Escrituras.

Diariamente necesitamos leer la Biblia para que pueda brillar sobre nosotros como luz divina, salvándonos de conducirnos y actuar en tinieblas. Mientras esperamos la segunda manifestación del Señor, necesitamos leer la Biblia todos los días para que pueda brillar sobre nosotros e iluminar nuestro camino hasta que esclarezca el día.

3. La Biblia nos riega

¿Alguna vez ha notado lo verdes y frescas que son las plantas después de que llueve? Eso es porque la lluvia les da un baño muy necesario, limpiando el polvo, la suciedad y los residuos que se han acumulado. También limpia los poros diminutos en las hojas de una planta, mejorando su capacidad para absorber nutrientes. Y la lluvia también contiene ciertos nutrientes que las plantas necesitan para crecer. No es de extrañar que las plantas sean revitalizadas después de un aguacero.

El rocío también es beneficioso para las plantas. Forma una barrera protectora en las hojas de una planta para que la planta pueda retener más humedad en sus células. Y en un ambiente cálido, el rocío enfría la planta para reducir el estrés por calor.

¿Qué tiene esto que ver con leer la Biblia? Bueno, ¿sabía que a los creyentes se nos  compara con las plantas? Colosenses 2:7 dice:

“Arraigados y sobreedificados en Él”.

¿Y sabía que la Palabra de Dios es el agua celestial que necesitamos?

Deuteronomio 32:1-2 dice:

“Prestad oído, oh cielos, y dejadme hablar; y oiga la tierra las palabras de mi boca. Gotee como la lluvia mi enseñanza; destilen como el rocío mis palabras, como gotas de lluvia sobre la tierna hierba y como abundantes lluvias sobre las plantas”.

La Palabra de Dios es como lluvia celestial, rocío y abundantes lluvias para nosotros.

A veces, mientras leemos la Biblia, tenemos la sensación de que la Palabra de Dios es como la lluvia, lavando la suciedad del mundo que hemos acumulado en nuestra vida diaria. Al leer, somos revitalizados y nuestros corazones, como los poros de una planta, son abiertos nuevamente a Él. Al mismo tiempo, los nutrientes espirituales en Su Palabra nos son transmitidos de una manera refrescante.

Y a veces leer la Biblia es como ser humedecido por el suave rocío de la mañana. Cuando primero venimos al Señor en la mañana, podemos sentirnos como si estuviéramos totalmente secos. Por ejemplo, nuestra difícil situación laboral puede ser un ambiente “caliente” para nosotros que nos estresa. Pero las palabras de la Biblia nos riegan en nuestra condición seca, calmándonos y enfriándonos como el rocío.

Ya sea que la experimentemos como lluvia, rocío o lluvias abundantes, la Palabra de Dios es nuestra agua celestial. Nos refresca, vigoriza y renueva.

4. La Biblia es la manera en que Dios nos habla

Dios quiere hablarnos a cada uno personalmente. Pero ¿cómo es eso?

Dios no nos habla de una manera sobrenatural o espectacular. Él nos habla directa y claramente en las palabras de la Biblia. En 2 Timoteo 3:16 se nos dice:

“Toda la Escritura es dada por el aliento de Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

Cuando leemos las Escrituras, Dios nos habla. Muchas veces somos enseñados, redargüidos, corregidos o instruidos, no por las letras en blanco y negro en la página, sino por Dios hablándonos a través de esas palabras de una manera personal y directa.

Por ejemplo, al leer los diez mandamientos en Éxodo 20, somos redargüidos en nuestra conciencia, y nos damos cuenta de que nos quedamos cortos ante Dios en muchas áreas de nuestras vidas. Ese sentido de redargución proviene de que Dios nos habla de una manera personal y directa mientras leemos esas palabras.

Dios también puede hablarnos incluso después de que hayamos leído algo en Su Palabra. Como ejemplo, digamos que un día lee Mateo 6:12:

“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores”.

Más adelante, alguien dice algo que le ofende. Usted se siente molesto e incluso resentido hacia ellos. Entonces, aparentemente de la nada, esas palabras de Mateo 6:12 surgen en su corazón y lo redarguyen acerca de sus resentimientos.

Su Palabra hace que se dé cuenta de nuevo de cómo el Señor lo ha perdonado tantas veces por tantos pecados, y que usted debe perdonar a esta persona. Éste fue el hablar vivo y al instante del Señor en su situación. Por la gracia del Señor, usted se vuelve a Él y ora: “Oh Señor, perdóname por estar enojado. Yo también perdono”.

Este tipo de experiencia en realidad no viene “de la nada”. Surge de nuestra lectura de la Biblia. El hablar personal del Señor a nosotros siempre corresponde a las palabras escritas de la Biblia. Así que leer la Biblia consistentemente permite que Él nos hable de una manera regular. Cuanto más la leemos, más Él puede hablarnos personalmente.

5. La Biblia es la fuente de nuestra fe

Estamos acostumbrados a vivir en la esfera material y visible; a veces podemos dudar de las cosas invisibles de la esfera espiritual. Incluso podemos dudar de que Dios exista.

Cuando experimentemos dudas en nuestra vida cristiana, ¿deberíamos esforzarnos más por creer? ¿Deberíamos emplear el pensamiento positivo? Nada de eso ayuda. Siempre que nos desanimen las dudas, no necesitamos desesperarnos. Leer la Biblia fortalece nuestra fe.

Romanos 10:17 dice:

 “Así que la fe proviene del oír, y el oír, por medio de la palabra de Cristo”.

Fe y la palabra de Cristo van juntas. Si no oímos la palabra de Cristo, simplemente no podemos tener fe. Definitivamente esto era cierto antes de que fuéramos salvos. Necesitábamos que alguien nos hablara el evangelio de la salvación de Cristo. Al oírles hablar de Jesús, creímos espontáneamente en Él.

Tener fe al escuchar la palabra de Cristo continúa siendo verdad a lo largo de nuestra vida cristiana. Cuando escuchamos la palabra de Cristo al leer la Biblia, la fe es impartida en nosotros. Cuanto más leemos, más creemos.

6. La Biblia nos santifica

En 1 Juan 2:15 se nos ordena:

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”.

La tierra fue creada por Dios, pero el mundo al que se hace referencia en este versículo fue concebido por el enemigo de Dios, Satanás. El mundo es un sistema elaborado diseñado para atraer, usurpar y mantener a la humanidad alejada de Dios. El diablo ha utilizado todos los aspectos de la vida humana para desarrollar este sistema. Tiene una miríada de departamentos con algo para todos. Así que, ¿cómo podemos escapar de amar al mundo? ¿Cómo podemos separarnos de él?

Para ser separados del mundo, necesitamos ser santificados.

En Juan 17:17, el Señor Jesús oró al Padre:

“Santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad”.

Leamos la nota 1 en la Versión Recobro para entender el significado de santifícalos:

“Ser santificado (Ef. 5:26; 1 Ts. 5:23) significa ser separado del mundo y de su usurpación, y apartado para Dios y Su propósito, no solamente en cuanto a posición (Mt. 23:17, 19), sino también en cuanto a nuestro modo de ser (Ro. 6:19, 22). La palabra viva de Dios opera en los creyentes para separarlos de todo lo mundano. En esto consiste ser santificado en la palabra de Dios, la cual es la verdad, la realidad”.

Este versículo nos dice que la verdad, la Palabra de Dios, puede santificarnos, es decir, separarnos de este mundo. Cuanto más leamos y asimilemos la Palabra de Dios, más seremos santificados. En lugar de luchar por nuestra cuenta para no amar al mundo, necesitamos leer y absorber la Biblia, la Palabra de Dios. Su Palabra puede hacer la obra santificadora en nosotros y para nosotros.

7. La Biblia nos equipa para derrotar al diablo

Leer la Palabra también nos equipa para derrotar los ataques y tentaciones del diablo.

Mateo 4 nos dice que después de que el Señor Jesús fue bautizado, fue al desierto y ayunó allí durante cuarenta días. Entonces el diablo vino a Él y lo tentó tres veces. Pero cada vez el Señor, que había estado viviendo de la Palabra de Dios como Su alimento, derrotó a Satanás y derrocó sus proposiciones diabólicas citándole las Escrituras.

El diablo también viene a nosotros para tentarnos, desanimarnos y proponernos ciertas cosas. Cuanto más leamos la Biblia y tengamos la Palabra de Dios almacenada en nuestro ser, más tendremos algo que hablar al diablo para derrotarlo y escapar de la tentación.

Por ejemplo, digamos que sus colegas o compañeros de clase lo invitan a unirse a ellos en una actividad pecaminosa. Usted sabe que es algo que el Señor desaprueba, pero sus palabras persuasivas le dan al diablo una manera de tentarle.

Al considerar qué hacer, recuerda las palabras que leyó en 2 Timoteo 2:22:

“Huye de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor”.

Esta palabra le deja claro que esta invitación es la tentación del diablo, y también lo fortalece para resistir. Siendo fortificado por la Palabra de Dios, usted rechaza su invitación.

Leer la Biblia nos beneficia de maneras incalculables. De lo que hemos hablado en esta entrada, es fácil ver que tomarse el tiempo para leer la Biblia diariamente vale más que la pena. ¿Qué otro libro puede alimentarnos, iluminarnos, regarnos, transmitirnos el hablar de Dios, fortalecer nuestra fe, santificarnos y derrotar al diablo? ¡Leer la Palabra de Dios hace mucho por nosotros! Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Conocer a Dios
El amor de Dios para con nosotros es insondable

La Biblia revela que las profundidades del amor de Dios son insondables. Simplemente no tenemos la capacidad de comprender todos los detalles del gran amor de Dios para con nosotros.

Pero en esta entrada, leeremos sólo algunos versículos y notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro para aumentar nuestro aprecio del amor de Dios para con nosotros.

Efesios 2:1-3: Dios nos amó cuando estábamos en un estado lamentable

Para apreciar mejor las profundidades del amor de Dios, primero consideremos el estado en el que estábamos antes de ser salvos.

A través de la caída de Adán y Eva en el huerto del Edén, toda la humanidad fue completamente contaminada con el pecado y llegó a ser maligna. Debido a que Dios es santo y justo, la humanidad tuvo que ser juzgada y removida de Su presencia.

En Efesios 2:1-3, el apóstol Pablo nos da una descripción detallada de nuestra condición caída y pecaminosa:

“Y vosotros estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la autoridad del aire, del espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros nos conducíamos en otro tiempo en las concupiscencias de nuestra carne, haciendo los deseos de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.

Estábamos muertos en nuestros pecados, andando y viviendo de una manera que era absolutamente contraria a Dios. Como hijos de ira, estábamos verdaderamente perdidos y no merecíamos nada más que el juicio de Dios.

Aun así, el corazón de Dios estaba lleno de amor por nosotros. Él no se rindió; no nos dejó en nuestro estado caído, separados de Él por toda la eternidad.

Pablo continúa en los versículos 4-6:

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por Su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvos), y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales en Cristo Jesús”.

Aunque éramos completamente miserables, Dios todavía nos amó con un gran amor. Y Él también es rico en misericordia.

La nota 2 en el versículo 4 de la Versión Recobro explica nuestra necesidad de la misericordia de Dios:

“El objeto del amor debe estar en una condición que inspire amor, pero el objeto de la misericordia siempre se encuentra en una situación lastimosa. Así que, la misericordia de Dios va más allá que Su amor. Dios nos ama porque somos el objeto de Su elección. Pero debido a que caímos, llegamos a ser despreciables, incluso a estar muertos en nuestros delitos y pecados; por lo tanto, necesitábamos de la misericordia de Dios. Debido a Su gran amor, Dios es rico en misericordia para salvarnos de nuestra posición miserable y traernos a una condición que sea propicia para Su amor”.

Éramos malvados y despreciables, incluso estábamos muertos en nuestros pecados y delitos. Pero debido a Su gran amor por nosotros, la misericordia de Dios nos alcanzó en nuestra situación despreciable para darnos vida, resucitarnos y hacernos sentar en los lugares celestiales en Cristo.

Juan 3:16: De tal manera amó Dios al mundo

Hemos visto que Dios nos amó incluso cuando estábamos en un estado lamentable. Ahora veamos más acerca de lo que Dios hizo por causa de Su gran amor para con nosotros.

Juan 3:16 nos dice:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no perezca, mas tenga vida eterna”.

Esto es tremendo. Dios amó al mundo al darnos a Su Hijo amado.

Leamos la primera parte de la nota 1 sobre este versículo en la Versión Recobro para ver lo que esto significa:

“Aquí el mundo se refiere a la gente caída y pecaminosa, que constituye el mundo. No sólo tienen pecado sino también el elemento venenoso del diablo, la serpiente antigua; por lo tanto, han llegado a ser serpientes. Necesitan que Cristo muera por ellos en la forma de una serpiente y que sea juzgado por Dios como substituto de ellos (v. 14); de no ser así, perecerán (v. 16). Aunque los hombres han caído por completo, Dios los sigue amando con Su amor divino, que es Él mismo (1 Jn. 4:8, 16), porque ellos son vasos que Él creó conforme a Su propia imagen para que le contuvieran a Él (Gn. 1:26; Ro. 9:21a, 23)”.

¡Dios nos ama tanto! Él nos creó como vasos para contenerlo. Él todavía nos atesoraba incluso después de que la caída del hombre nos volviera completamente sucios y contaminados. Éramos incapaces de contener al Dios justo y santo y estábamos bajo el juicio de Dios para perecer eternamente. Pero Dios abrió un camino de salvación.

Dios envió a Su Hijo, Jesús, para morir como nuestro Sustituto en la cruz y ser juzgado por todos nuestros pecados para salvarnos de perecer para siempre. Sin embargo, por increíble que sea, no es todo. La siguiente parte de la nota 1 dice:

“Además, Él los ama tanto, que dio a Su Hijo unigénito, Su expresión, para que obtengan la vida eterna y lleguen a ser Sus muchos hijos y sean Su expresión corporativa a fin de que se cumpla Su economía neotestamentaria eterna”.

Dios dio a Su Hijo para que todos los que creen en Él no sólo no perecieran, sino que también tuvieran Su vida eterna y llegasen a ser Sus hijos.

Cuando escuchamos el evangelio, nos arrepentimos y aceptamos a Jesús como nuestro Salvador. Fuimos perdonados de nuestros pecados debido a la sangre que Jesús derramó por nosotros, y fuimos salvos del juicio de perecer eternamente. Al mismo tiempo, como vasos limpios y redimidos, también recibimos la vida eterna y llegamos a ser hijos de Dios.

¡Nosotros, que éramos pecadores caídos, ahora poseemos la vida eterna de Dios por fe en Cristo! Lo que Dios en Su amor hizo por nosotros sobrepasa nuestra capacidad de comprensión. Dios hizo todo esto para poder cumplir Su plan de unirse a nosotros y compartir Su vida eterna con nosotros.

Gálatas 2:20: El Hijo de Dios me amó

Jesucristo murió por nosotros porque Él nos amó. El apóstol Pablo fue alguien que conoció y experimentó Su amor de una manera personal y profunda.

Antes de que Pablo fuera salvo, era conocido como Saulo. Era un fariseo celoso que perseguía a los creyentes en Jesús.

Hablando de su vida pasada, Pablo dijo en Gálatas 1:13:

“Porque habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba”.

Pablo aparece en el Nuevo Testamento por primera vez en Hechos 7 como Saulo. En ese momento, Saulo se oponía fuertemente, incluso vigorosamente, a la iglesia de Dios. A medida que el evangelio era propagado y más personas eran salvas, Hechos 9:1 nos dice que Saulo estaba “respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor”.

Pero luego, en Hechos 9:2-30, el Señor Jesús se apareció a Saulo y lo llamó a Sí mismo. El gran amor y la salvación del Señor alcanzaron incluso a una persona como Saulo.

Después de ser salvo, se le conoció como Pablo y comenzó a viajar para llevar el evangelio del amor de Dios y de la salvación de Jesucristo a la gente. Uno de los muchos lugares que visitó fue la región de Galacia y luego les escribió a los creyentes en esa área.

En Gálatas 2:20 Pablo declaró:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí”.

Pablo seguramente sabía y predicaba cómo Dios amaba a todo mundo. Pero aquí no pudo evitar testificar personalmente del amor particular de Cristo por él: “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí”.

Estas palabras fueron el testimonio de Pablo. Y cada uno de nosotros también puede declarar: “¡Cristo me amó y se entregó a Sí mismo por mí!”.

Ahora leamos la nota 8 en este versículo para ver más acerca de por qué Cristo se entregó a Sí mismo por nosotros:

“El Hijo de Dios nos amó e intencionalmente se entregó a Sí mismo por nosotros a fin de impartirnos la vida divina”.

El Señor reveló que Él se entregó a Sí mismo por Pablo no sólo para redimirlo, sino para que pudiera vivir en Él para ser la vida de Pablo. Así es como Pablo pudo decir que ya no era él quien vivía, sino Cristo.

Como vimos en Juan 3:16, Dios nos amó y envió a Su Hijo para salvarnos mediante Su muerte redentora y también para impartir vida eterna en nosotros. Aquí vemos que el hecho de que Cristo se entregó por nosotros y nos imparte Su vida es también debido a Su amor.

Gálatas 3:13-14: Cristo nos redimió al ser hecho maldición para nosotros

En el siguiente capítulo de Gálatas vemos más detalles acerca del hecho de que Cristo se entregó por nosotros.

Leamos Gálatas 3:13-14:

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: ‘Maldito todo el que es colgado en un madero’), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por medio de la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”.

Nos es imposible imaginar, pero el Cristo sin pecado fue hecho maldición por nosotros en la cruz. ¡Qué asombroso es Su amor por nosotros! Él fue hecho maldición para que pudiéramos tener la bendición, que es la promesa del Espíritu.

En el versículo 14, la nota 2 sobre recibiésemos explica lo que es esta bendición:

“En el evangelio no sólo hemos recibido la bendición de ser perdonados, lavados y limpiados; aún más, hemos recibido la mayor bendición, la cual es el Dios Triuno —el Padre, el Hijo y el Espíritu— como Espíritu procesado, todo-inclusivo y vivificante que mora en nosotros de una manera muy subjetiva para nuestro disfrute. ¡Oh, qué bendición poder disfrutar como nuestra  porción diaria a Aquel que es todo-inclusivo!”.

Cristo nos amó tanto. Él fue hecho maldición para que nosotros los pecadores caídos pudiéramos recibir la bendición más maravillosa: el Dios Triuno en Su totalidad como Espíritu vivificante que mora en nosotros para ser nuestro disfrute. ¡Qué asombroso es esto!

Nuestra respuesta al ver el amor de Dios para con nosotros

Cuando dedicamos tiempo para considerar este tipo de detalles sobre el amor de Dios y lo que Él hizo por nosotros en Jesucristo, nos llenamos de asombro. Sólo podemos agradecerle y amarle en reciprocidad. ¡Cuán profundo es el amor de Dios para con nosotros!

Hablar de todas las facetas del amor de Dios para con nosotros está más allá del alcance de una sencilla entrada de blog. Sólo hemos raspado la superficie. Pero esperamos que los versículos en esta entrada aumenten su aprecio del amor eterno de Dios. Le animamos a leer los versículos con todas sus notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita aquí.

El pecado y el perdón
Cuatro versículos claves acerca de la sangre de Jesucristo

La Biblia nos dice que nosotros los creyentes tenemos un remedio excelente que es más que capaz de lidiar con los pecados que cometemos: la sangre de Jesucristo.

Cuando primero creímos en Jesús como nuestro Salvador, Dios nos perdonó y nos lavó de nuestros pecados. Esto se debe a que la sangre que Cristo derramó en la cruz satisfizo todas las justas demandas de Dios que estaban sobre nosotros.

Y lo mismo es cierto después de que somos salvos. Somos perdonados de nuestros pecados no por cualquier cosa que podamos hacer, sino por causa de la preciosa sangre de Jesús.

Pero ¿alguna vez se ha preguntado si realmente fue perdonado después de haber pecado? ¿Se ha sentido preocupado por el temor de que la mancha de su pecado estaría con usted para siempre?

Para abordar este problema, necesitamos ver la eficacia poderosa de la sangre de Cristo para lidiar con nuestros pecados. Para esto, necesitamos conocer la verdad de la Palabra de Dios con respecto a este asunto. Entonces pondremos nuestra fe completa en la sangre de Jesús.

La sangre de Cristo es verdaderamente preciosa, y la Biblia revela muchos aspectos maravillosos de lo que hace por nosotros. En esta entrada, nos centraremos en sólo cuatro de estos aspectos mirando versículos y notas de la Versión Recobro. Esto fortalecerá nuestra fe en la sangre de Jesús y su eficacia para toda nuestra vida cristiana.

1. La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado

Para que podamos experimentar el perdón y la limpieza de Dios cuando hemos pecado, necesitamos confesar nuestros pecados a Dios. Confesar significa que admitimos lo que hemos hecho y estamos de acuerdo con Dios en que es pecado. Éste es un requisito indispensable.

En 1 Juan 1:9 se nos dice:

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.

Cuando nuestra conciencia nos alerta de que hemos hecho algo mal, simplemente podemos decir algo como: “Sí, Señor, he pecado de esa manera. Perdóname”. Y cuando confesamos, el resultado es que somos perdonados y limpiados.

¿Qué nos limpia?

En 1 Juan 1:7 se nos dice:

“La sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado”.

Así que cuando confesamos nuestros pecados a Dios, somos perdonados de nuestros pecados y limpiados de ellos por la sangre de Jesús. ¡Éste es un hecho maravilloso!

2. La sangre de Cristo purifica nuestra conciencia

Ninguno de nosotros puede pasar el día sin ensuciarse las manos. De manera similar, ninguno de nosotros puede vivir un solo día sin cometer un pecado, ya sea grande o pequeño. Así como debemos lavarnos las manos cuando están sucias, deberíamos confesar nuestros pecados cada vez que nuestra conciencia nos diga que hemos ofendido a Dios.

Hebreos 10:22 dice:

“Acerquémonos al Lugar Santísimo con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia con la aspersión de la sangre, y lavados los cuerpos con agua pura”.

Cuando pecamos, nuestra conciencia está agobiada por la culpa, lo que afecta negativamente nuestra fe. Simplemente no tenemos la certidumbre de que podemos acercarnos a Dios; podríamos pensar que no tenemos derecho a hacerlo.

Pero este versículo nos dice que podemos acercarnos al Lugar Santísimo, es decir, a Dios, en plena certidumbre de fe cuando nuestros corazones son purificados de mala conciencia con la aspersión de la sangre.

Hebreos 9:14 clarifica que es la sangre de Cristo la que nos purifica:

“¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a Sí mismo sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo?”.

La Palabra de Dios nos asegura que la sangre pura y sin pecado que Cristo derramó en la cruz purifica nuestro corazón de una mala conciencia con la aspersión de la sangre y además purifica nuestra conciencia.

¡Así que confesamos nuestros pecados, y la sangre de Cristo purifica completamente nuestra conciencia de cualquier culpa o mancha! Este hecho maravilloso debería darnos la plena certidumbre de fe para acercarnos a Dios.

3. La sangre de Cristo habla por nosotros

La sangre de Jesús es poderosa y eficaz para limpiarnos de nuestros pecados cuando confesamos. ¿Sabía usted que la sangre de Cristo incluso habla a Dios por nosotros? Éste es el hablar que Dios escucha y al que presta atención.

Hebreos 12:24 dice:

“Y a Jesús, el Mediador del nuevo pacto; y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.

En Génesis 4, Caín mató a su hermano Abel. Dios entonces le dijo a Caín: “La voz de la sangre de tu hermano clama a Mí desde la tierra”. Hebreos 12:24 nos dice que hoy la sangre de Jesús habla algo mejor que la sangre de Abel.

¿Qué le dice la sangre de Cristo a Dios? Leamos la primera parte de la nota 3 sobre este versículo en la Versión Recobro:

“La sangre de Cristo no solamente redime, santifica y purifica, sino que también habla. Es la sangre que habla, y habla mejor que la de Abel. La sangre de Abel habla a Dios acusando y pidiendo venganza (Gn. 4:10-15), mientras que la sangre de Cristo habla a Dios pidiendo perdón, justificación, reconciliación y redención”.

Nada de lo que hablemos puede justificarnos ante Dios. Pero la sangre de Cristo habla poderosamente a Dios de perdón, justificación, reconciliación y redención por nosotros, ocupándose de nuestros problemas ante Dios.

Y eso no es todo. La sangre de Cristo habla aún más. Leamos la segunda parte de la nota:

“Además, esta sangre preciosa habla a Dios en nuestro favor, diciendo que por medio de la sangre (como lo revela este libro [Hebreos]), el nuevo pacto, el cual es eterno, ha sido establecido, y que en este nuevo pacto Dios debe darse a Sí mismo y todas Sus bendiciones a los que creen en Cristo, quienes reciben este pacto por fe”.

Un pacto es algo vinculante. La sangre del Señor habla a Dios que Él debe darse a Sí mismo y todas Sus bendiciones a nosotros, no porque seamos dignos, sino porque Jesús promulgó el nuevo pacto mediante el derramamiento de Su sangre.

Justo antes de que Jesús fuera a la cruz a morir, le dijo a los discípulos en Mateo 26:28: “Porque esto es Mi sangre del pacto, que por muchos es derramada para perdón de pecados”.

La nota 2 sobre pacto en este versículo explica:

“Algunos mss. añaden: nuevo. La sangre del Señor, habiendo satisfecho la justicia de Dios, estableció el nuevo pacto. En este nuevo pacto Dios nos da perdón, vida, salvación y todas las bendiciones espirituales, celestiales y divinas. Cuando este nuevo pacto nos es dado, es una copa (Lc. 22:20), una porción para nosotros. El Señor derramó Su sangre, Dios estableció el pacto y nosotros disfrutamos la copa, en la cual Dios y todo lo Suyo son nuestra porción. La sangre es el precio que Cristo pagó por nosotros, el pacto es el título de propiedad que Dios nos transmitió, y la copa es la porción que recibimos de Dios”.

Hoy la sangre de Cristo también habla de que el nuevo pacto ha sido promulgado. La justicia de Dios ha sido completamente satisfecha por la sangre de Jesús, y nosotros somos los beneficiarios. Debido a esto, podemos disfrutar de Dios y el perdón, la vida, la salvación, el amor, la paz, la gracia y todas las demás bendiciones espirituales en el nuevo pacto.

¡La sangre maravillosa de Cristo hace tanto por nosotros! Seguramente podemos y deberíamos descansar en este hecho visto en la Biblia.

4. La sangre de Jesucristo nos libera

Tal vez después de haber confesado nuestros pecados, todavía nos sentimos como si estuviéramos atados y subyugados. No nos sentimos libres de ellos.

En lugar de confiar en cómo nos sentimos, deberíamos creer y permanecer firmes en esta palabra clara en Apocalipsis 1:5:

“Y de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, y el Soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama, y nos liberó de nuestros pecados con Su sangre”.

Somos liberados de nuestros pecados por la sangre del Señor que Él derramó por nosotros en la cruz. Jesús pagó la pena completa por todos nuestros pecados al morir por nosotros. Cuando confesamos nuestros pecados, debemos darnos cuenta de que ya no estamos retenidos por ellos, porque la sangre de Jesús nos libera.

¡La sangre de Jesús es una sangre liberadora! Podemos declarar este gran hecho que se encuentra en la Palabra de Dios:

“¡Señor Jesús, gracias por liberarme de mis pecados por Tu sangre! ¡Gracias a Tu sangre ya no me retienen!”.

Creer y permanecer en la Palabra de Dios

Cuando confesamos nuestros pecados, deberíamos creer en la Palabra de Dios y poner nuestra confianza en ella, no en nuestros pensamientos o sentimientos poco fiables. Puesto que la sangre que Cristo derramó por nosotros es suficiente para Dios, debería ser suficiente para nosotros.

Dios quiere que vengamos a Él todo el tiempo para disfrutarlo como nuestra vida y todo, y la sangre de Cristo es nuestra manera de hacerlo. Su Palabra es inmutable y confiable y nos dice que la sangre de Cristo nos limpia, purifica nuestra conciencia, habla por nosotros y nos libera. Podemos tener absoluta confianza en ella.

En lugar de estar llenos de temor y duda, permanezcamos en la Palabra de Dios y declaremos los hechos en ella. ¡Esto nos llenará de fe y de gracias al Señor!

En esta entrada, sólo hablamos brevemente de cuatro aspectos maravillosos de lo que la sangre de Jesucristo hace por nosotros. Esperamos que estos versículos y notas le hayan ayudado. Si usted vive en los Estados Unidos, le animamos a pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para leer todas las notas y referencias paralelas sobre este tema crucial.

Para aprender más sobre la preciosa sangre de Jesús, también puede leer Tres problemas que sólo la sangre de Jesús puede resolver.

La vida cristiana
How to Have a Pure, Loving, and Soft Heart toward God

Before we were saved our heart was hard and cold toward God. We wanted many things, even sinful things, but not God. We felt little affection for Him and had no interest in the things of God.

But God wants to have an affectionate relationship with us. So when we were born again, God not only forgave us and cleansed us of our sins, He also did something in our heart. Ezekiel 36:26 says,

“I will also give you a new heart, and a new spirit I will put within you; and I will take away the heart of stone out of your flesh, and I will give you a heart of flesh.”

God renewed our heart of stone and made it soft, “a heart of flesh.” Now our new heart loves God and is inclined toward Him and responsive to Him. With this new heart, God wants us to enjoy all He is in a relationship of love.

Since we all received a new heart when we were saved, why is this loving heart evident in the lives of some but barely detectable in others? How can some of our hearts seem to have become cold and hard, like they were before? How can we keep our heart in its new soft and loving condition?

The need for exercise

Medical science tells us that for our physical heart to be healthy, we need to exercise, even vigorously. But exercise doesn’t come naturally or easily to most of us. Consider what it takes just to put on our athletic shoes and go for a run. Even while we’re running, we have to exert ourselves to keep going and not quit. And exercise isn’t a once for all matter; we have to do it over and over again. But working out regularly isn’t optional if we want a healthy heart.

Similarly, if we want our new heart to be kept in newness, that is, to be kept loving, soft, and responsive toward the Lord, then regular, continued spiritual exercise is needed. This is what makes the difference between whether our new heart remains in newness or goes back to its old condition.

So what is this regular exercise for our new heart? Since our heart is composed of our conscience, mind, emotion, and will, the “workout” our heart needs involves four parts.

[[Free Study Bible]]

1. Exercising our mind to turn our heart back to the Lord

Second Corinthians 3:16 says, “Whenever their heart turns to the Lord, the veil is taken away.” Everything begins with turning our heart to the Lord. When we were saved, we first repented and received Christ to begin our Christian life. To repent means to turn, to have a change of mind and direction. We realized we were sinful, and we turned to God.

But even after we’re saved, we still need to keep turning. Our minds are easily distracted and can cause our hearts to turn away from the Lord. Whatever turns us away from the Lord becomes a “veil” to us, keeping us from seeing Him. Similarly, Matthew 5:8 says,

“Blessed are the pure in heart, for they shall see God.”

To be pure means to be unmixed with anything else. When we’re turned away from the Lord, our heart is impure toward Him. Our focus is split between the Lord and something else. We have two goals in mind, two aims our heart longs after, and we can no longer see clearly. Our future, our career, even our work for the Lord can begin to compete with God in our heart and occupy our mind.

So we need to exercise our heart by praying, “Lord, I turn to you right now.” In fact, in the course of a single day we need to turn repeatedly to the Lord. For instance, we might be thinking about a certain thing and suddenly find we’re away from the Lord, so we need to turn. Later, we might see a billboard that sticks in our head, and we have to turn again. Then we begin to have negative thoughts about someone close to us, and we have to turn yet again.

Again and again, when we realize we’re turned away from the Lord, we need to turn our heart back to Him. It takes regular exercise. When we turn our heart from all other things back to the Lord, we’re made single and pure again, and the veils are taken away. This is a daily workout we all need.

2. Exercising our emotion to love the Lord

For us to have an affectionate relationship with the Lord, we need to exercise the emotions of our heart to love Him. We may not think we’re that capable of loving the Lord, but we can remember, He gave us a new heart specifically to love Him! And according to Romans 5:5, His love has been poured out in our hearts. He even told us in John 15:9, “Abide in My love.” Our heart is ready to love the Lord; we just need to start exercising it.

One way we can daily give our heart a “love workout” is by telling the Lord out loud that we love Him. What an enjoyable workout! Just as a spouses want to hear these words from each other, the Lord wants us to tell Him, “I love You”—the more often, the better. How wonderful it would be if we were to begin and end each day with, “Lord Jesus, I love you!” We can even say it all throughout the day.

Telling the Lord we love Him not only makes Him happy, it also helps to nurture our own love for Him. Exercising our heart this way keeps us in the sweetness of His love and refreshes our love for Him. We enjoy Him and sense His nearness.

We can also exercise our heart to love the Lord by singing to Him. As we sing to Him, our heart warms and we love Him afresh. For example, we can try singing a song like this. (You can hear the tune here.)

Give yourself to love the Lord.
No other way is so prevailing
And no other way, no other way is so safe.

Give yourself to love the Lord.
No other way is so rich,
And so full, oh so full, of enjoyment.

Each morning we must rise up and say to Him,
“Lord Jesus, I love You.”

Give yourself to love the Lord.
Do not care for anything else;
Just love Him! Do not care!
Give yourself to love the Lord!

We are not our own, Lord;
All we have we give to You.
Lord Jesus! Lord Jesus!
Lord Jesus, we love You!

3. Exercising our will to obey the Lord

We also keep our heart new by exercising our will to be obedient and submissive to the Lord. We do this by saying “Yes” and “Amen” to the Lord when He speaks to us in our daily life.

Perhaps the Lord speaks to us, “Don’t go to that place.” If we ignore His speaking and go anyway, we disobey Him. Repeatedly disobeying God hardens our heart toward Him. But if we go along with Him and say, “Yes, Lord, I won’t go there,” we obey Him. This may be difficult, but when we obey Him, our heart is kept soft and submissive. We enjoy Him and He becomes so real to us, not in theory, but in our actual experience.

4. Exercising our conscience by confessing our sins

We exercise our conscience by confessing our sins to the Lord. Confessing isn’t saying, “Lord, I won’t do that again.” It’s saying, “Lord, I agree with you, that was a sin. I sinned. I was wrong. Forgive me.” Confessing is simply agreeing with God when His light shines on something.

We shouldn’t be afraid to confess, nor should we try to hide our sinful selves from the Lord. A strong believer is a confessing believer. We may have years of unconfessed sins on our conscience, clogging our spiritual blood vessels and resulting in poor circulation; we’re “sickly,” that is, spiritually weak and lacking in God’s life. Accumulated sins on our conscience can make us insensitive to our conscience, causing us to lose the proper feeling toward sin. Our heart becomes hardened, callous toward sin and unfeeling toward the Lord.

But confessing clears everything away; God forgives us and the blood of Jesus cleanses us. We’re restored to fellowship and enjoy the flow of God’s life in us again. Because our conscience is clear, our heart is untroubled and peaceful, and we can have unhindered fellowship with the Lord. We desperately need this regular exercise of confessing our offenses to the Lord.

Paying a price to exercise

The thought that we can live any way we like, do whatever we want, and still experience Christ as our life is harmful to our Christian life. The experience of Christ is something precious; it has a price. In Revelation 3:18, the Lord counseled the church in Laodicea, “Buy from Me.”

To buy something means to pay a price for it. It’s a spiritual reality that to gain the precious experiences of Christ, a price must be paid. Our own wishes, desires, and decisions are the price we pay when we exercise our heart to keep it in newness. But by daily exercise, our new heart is kept pure, loving, right, and submissive. When our heart is in this condition, all the riches of Christ are ours to experience. And the more we go on, the more we realize the price we pay is actually a bargain for the unsearchable Christ we enjoy in return!

If you want to learn more about our heart, take a look at these additional posts: What Is the Heart in the Bible? and What Does It Mean to Love God with All Your Heart?

If you live in the US, you can order a free copy of the New Testament Recovery Version here.

El plan de Dios
¿Sabía usted que Dios tiene una economía?

¿Alguna vez ha escuchado que Dios tiene una economía?

La palabra economía generalmente trae a la mente cosas como dinero, recursos o sistemas financieros. Así que usted podría pensar que la economía de Dios está relacionada con la forma en que Dios quiere que los creyentes manejen su dinero, o cómo Él provee a las personas recursos materiales.

En el Nuevo Testamento, la frase la economía de Dios se usa en varios versículos. Pero ninguno de ellos se refiere a algo material. En cambio, esta frase en la Biblia se refiere a algo mucho más profundo.

En esta entrada, hablaremos del uso de la palabra economía en el Nuevo Testamento, enfocándonos en un versículo clave y su nota acompañante en la Versión Recobro. También leeremos extractos de La economía de Dios por Witness Lee, un libro que examina este tremendo tema de manera detallada.

La palabra griega oikonomía

El griego es el idioma original del Nuevo Testamento. La palabra griega oikonomía, que se traduce al español como economía, aparece en varios versículos del Nuevo Testamento. En 1 Timoteo 1:4, el apóstol Pablo instruyó a Timoteo, su joven colaborador en el Señor:

“Ni presten atención a mitos y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que la economía de Dios que se funda en la fe”.

Ya que este versículo afirma que la economía de Dios se funda en la fe, y dado el contexto de todo el libro de 1 Timoteo, podemos ver claramente que Pablo no estaba hablando de finanzas o cosas materiales.

Entonces, ¿qué significa la economía de Dios?

Leamos la primera sección de la nota 3 sobre este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro:

“La palabra griega significa ley doméstica, lo cual implica distribución (la base de esta palabra tiene el mismo origen que pastos en Jn. 10:9, lo cual implica la distribución de pastos para el rebaño). Denota manejo doméstico, administración de familia, gobierno familiar y, por derivación, una distribución, un plan o una economía para la administración; por tanto, esto también es una economía doméstica”.

Ahora que hemos visto lo que significa la palabra oikonomía, leamos la siguiente sección de la nota para ver qué es la economía de Dios:

“La economía de Dios en fe es Su economía doméstica, Su administración doméstica (cfr. nota 101 de Ef. 1; Ef. 3:9), la cual consiste en impartirse en Cristo a Su pueblo escogido a fin de obtener una casa que lo exprese, que es la iglesia (3:15), el Cuerpo de Cristo”.

Así que la economía de Dios es un plan y una administración para impartir no cosas materiales, sino a Él mismo en Cristo en las personas. Estas personas serían entonces Su casa, que es la iglesia, el Cuerpo de Cristo, para Su plena expresión.

La divina empresa de Dios

Teniendo en cuenta esta nota, leamos algunos extractos de La economía de Dios por Witness Lee.

En el prefacio, Lee explica el título del libro:

“Tal vez la palabra ‘economía’ usada en el título de este libro parezca un poco extraña al lector. ‘La economía de Dios’ es una cita de 1 Timoteo 1:4, conforme al griego. La palabra “economía” en griego es ‘oikonomía’, que primordialmente significa administración de una casa, manejo de una casa, arreglo y distribución, o dispensación (de riquezas, propiedades, asuntos, etc.). Se usa con la intención de dar énfasis al punto central de la divina empresa de Dios, la cual es distribuirse o dispensarse a Sí mismo en el hombre”.

Dios tiene una divina empresa, algo que Él quiere obtener en este universo. El punto central de esa empresa es Dios distribuyéndose, o dispensándose, a Sí mismo en la raza humana.

En una entrada anterior sobre el plan de Dios, vimos que Dios tenía un propósito particular en mente cuando creó al hombre. Él quería que el hombre lo recibiera y fuese lleno de Él. Al unirse Dios y el hombre y compartir Su vida divina, Dios sería vida y todo para el hombre, y el hombre expresaría a Dios a todo el universo. ¡Ésta es la divina empresa de Dios!

Fuimos hechos para contener a Dios

¿Cómo se aplica a nosotros la gran empresa de Dios? En realidad, la economía de Dios tiene todo que ver con nosotros como seres humanos y como creyentes en Cristo.

En la página 48 de La economía de Dios, Lee dice:

“¿Cuál es el propósito de que Dios creara al hombre? Sólo que el hombre fuera Su recipiente. Me gusta usar la palabra ‘recipiente’ porque es más clara que la palabra ‘vaso’. En Romanos 9:21, 23 y en 2 Corintios 4:7 se ve claramente que Dios nos creó con el propósito de que fuéramos Sus recipientes para contenerlo. Nosotros sólo somos recipientes vacíos, y Dios quiere ser nuestro único contenido”.

Dios nos creó como vasos, o recipientes, porque Él quiere ser impartido en nosotros para ser nuestro contenido, de hecho, nuestro único contenido.

Para ilustrar este punto, Lee señala que tanto las botellas como los focos están hechos para contener algo en particular. Así como un foco está diseñado para contener electricidad y nada más, nosotros fuimos hechos para contener a Dios.

Lee continúa en la misma página:

“El hombre fue hecho con el propósito de contener a Dios. Si Dios no es nuestro contenido y si no conocemos a Dios como nuestro contenido, somos una insensata contradicción. No importa cuánta educación obtengamos, qué clase de posición alcancemos o cuántas riquezas poseamos, con todo, nuestra existencia no tiene razón de ser, puesto que fuimos hechos con el explícito propósito de ser un recipiente para contener a Dios como nuestro único contenido. Como recipientes debemos recibir a Dios en nuestro ser. Aunque esta palabra parezca simple, es exactamente la palabra que se necesita para señalar el pensamiento principal de toda la Escritura. La enseñanza básica de toda la Escritura es simplemente ésta: Dios es el propio contenido, y nosotros somos los recipientes hechos para recibir este contenido. Debemos contener a Dios y ser llenos de Dios”.

Dado que fuimos hechos específicamente para contener a Dios, nada más realmente “encaja”. Esto explica por qué nos sentíamos vacíos interiormente antes de recibir al Señor Jesús. Cosas como una gran educación, un trabajo bien pagado, o un entretenimiento sin fin nunca pueden proveer una satisfacción duradera. Dios debe ser nuestro único contenido.

¿Cómo podemos contener a Dios?

Dios nos creó específicamente con tres partes: un cuerpo, un alma y, lo más importante, un espíritu humano. Nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser, tiene la capacidad de recibir y contener a Dios.

Cuando nos arrepentimos y creímos en Jesús, Dios se impartió en nosotros por primera vez. Lo recibimos y nacimos del Espíritu en nuestro espíritu humano. Ahora, desde nuestro espíritu regenerado, Dios quiere extenderse a cada parte de nuestro ser hasta que estemos llenos y saturados de Él.

En la página 232, Lee explica por qué nuestro espíritu es tan crucial en la economía de Dios:

“Dios se forja a Sí mismo a través de nosotros, usando nuestro espíritu como Su centro. El Dios Triuno está en el centro de nuestro ser. ¡Esto es lo más maravilloso! Dios entró en la naturaleza humana, llevó a la naturaleza humana y la introdujo en la naturaleza divina, y le dio fin a todas las cosas negativas; ahora el Dios Triuno y todo lo que Él ha realizado, están en nuestro espíritu como nuestra vida y como nuestro todo. Desde este punto central el Dios Triuno se dispersa desde adentro hacia afuera y satura las partes profundas de nuestro ser consigo mismo. El espíritu humano es el punto central del blanco de la economía de Dios”.

Así que nuestro espíritu es el punto de partida. A partir de ahí, Dios quiere impartirse a Sí mismo en todo nuestro ser para llenarnos por completo.

¿Por qué Dios quiere llenarnos? La meta de Dios al impartirse a Sí mismo en nosotros no es simplemente hacernos más espirituales o mejores personas. Dios quiere llenarnos completamente para que Él pueda ser expresado a través de nosotros. Cuando cada parte de nuestro ser esté llena de Dios, lo expresaremos de una manera completa como el Cuerpo vivo de Cristo. Esta expresión es el deseo del corazón de Dios.

Necesitamos ver la economía de Dios

Todo lo que Dios hace es con Su economía en mente. Dios nos creó e incluso nos redimió para que Él pudiera impartirse en nosotros y llenar todo nuestro ser. Así es como Él obtendrá el deseo de Su corazón. Si realmente vemos la economía de Dios, nuestra vida estará llena de significado, y nuestra vida cristiana estará llena de propósito.

¡Que el Señor nos abra los ojos para ver su economía maravillosa!

La economía de Dios implica muchos asuntos profundos en las Escrituras, incluyendo la Persona de Dios en Su Trinidad; Su creación y redención; Cristo morando en nuestro espíritu; las partes internas de nuestro ser, como nuestro corazón, espíritu y alma; y la meta de Dios, Su expresión a través del Cuerpo de Cristo.

Sólo pudimos presentar brevemente este tremendo tema en esta entrada. Le animamos a leer La economía de Dios con sus veinticuatro capítulos reveladores. Lee expone el propósito de Dios como se ve en la Biblia y provee muchos ejemplos prácticos que aplican la economía de Dios a nuestra vida diaria. Usted puede descargar el libro gratis desde cualquier parte del mundo.

La vida cristiana
Emmanuel—God with Us [With New Song]

We believers have an unspeakable blessing—we have God’s presence all the time!

In the New Testament, we find several names for our Lord Jesus. One is Emmanuel, which means God with us. A staff member at Bibles for America was enjoying the Lord as Emmanuel so much that he overflowed in song. He based his song on three verses in Matthew and set it to the tune of the American folk song “Shenandoah.” We hope you enjoy the marvelous fact that God is with us as you hear our staff singing the song.

“Emmanuel—His name men calleth,   God with us—with them He dwelleth;   I’m in their midst—where saints assembleth,   ‘Behold, I am with thee’—   ‘til this age hath ended.”

Play it here:

Download the MP3.

Let’s now briefly get into the three verses the song is based on, Matthew 1:23; 18:20; and 28:20.

[[Free Study Bible]]

1. Matthew 1:23

“’Behold, the virgin shall be with child and shall bear a son, and they shall call His name Emmanuel’ (which is translated, God with us).”

This word spoken by an angel to Joseph is a quotation of the great prophecy of Isaiah 7:14. Jesus’ birth was the fulfillment of that prophecy.

In the New Testament Recovery Version, note 2 for Emmanuel explains its meaning:

“Jesus was the name given by God, whereas Emmanuel, meaning God with us, was the name by which man called Him. Jesus the Savior is God with us. He is God, and He is also God incarnated to dwell among us (John 1:14). He is not only God but God with us.”

Jesus is wonderful! He’s Jesus our Savior and He’s Emmanuel, the incarnated God. Through His human birth God was no longer far away in the heavens, unreachable, and unapproachable. As Emmanuel, Jesus was the very God living, walking, and dwelling among human beings.

The blessing of having Jesus as Emmanuel wasn’t only for those who lived in Judea at the time of His earthly life. After the Lord lived a perfect human life among men, He died on the cross to accomplish eternal redemption for us. Then after three days Jesus rose from the dead and later ascended to the heavens. Yet though He’s now in the heavens, wondrously He’s also with us!

2. Matthew 18:20

“For where there are two or three gathered into My name, there am I in their midst.”

The Lord’s pledge here is for all His believers. The two or three in this verse refers to the believers who come together to meet. Whenever we gather together in His name, that is, in His person and out of everything else, Jesus promised He would be with us. Our meeting together isn’t a religious duty but a rich enjoyment because of Christ’s own dear presence. So if two of us come together in His name, three are actually present, because the Lord Himself is among us. What an encouragement and a joy this is!

3. Matthew 28:20

“Teaching them to observe all that I have commanded you. And behold, I am with you all the days until the consummation of the age.”

The Lord Jesus spoke these words to His disciples, after He resurrected and commissioned them with the gospel. Jesus guarantees with this comforting and strengthening word that no matter what, He is with us now and until the end of the age when He returns. And His promise is for all the days. Jesus is with us today, and He will be with us tomorrow and every single day. As we preach and teach His Word to others in the world, He is with us.

The Gospel of Matthew begins with Jesus being called Emmanuel at His birth, the incarnation of God. It continues with Jesus’ own promise to be with us whenever we gather in His name. And Matthew ends with the resurrected Christ promising us: “Behold I am with you.” Praise God for this incomparable blessing of God with us!

All verses are quoted from the Holy Bible Recovery Version. You can order a free copy of the New Testament Recovery Version here.

La Biblia
Cómo recibir vida de la Palabra de Dios

En una entrada anterior, hablamos de lo importante que es saber que la esencia de la Biblia es el Espíritu. Dado que Juan 6:63 nos dice que sólo el Espíritu puede dar vida, a fin de que podamos obtener vida de la Biblia, necesitamos contactar al Espíritu en la Palabra de Dios. Al recibir vida, seremos nutridos espiritualmente, y al ser nutridos, creceremos en Cristo. Así que poder recibir vida de la Biblia es crucial para nuestra vida cristiana.

¿Cómo recibimos vida de la Biblia?

En 2 Timoteo 3:16 se nos dice:

“Toda la Escritura es dada por el aliento de Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

Como vimos anteriormente, éste es un versículo clave que nos revela la esencia de la Biblia. Veamos de nuevo la nota 2 sobre dada por el aliento de Dios en el Nuevo Testamento Versión Recobro, prestando especial atención a la segunda parte:

“Esto indica que la Escritura, la palabra de Dios, es el aliento que sale de Su boca. El hablar de Dios es Su exhalación. Por lo tanto, Su palabra es espíritu (Jn. 6:63), o aliento. Así que, la Escritura es la corporificación de Dios el Espíritu. El Espíritu es, por lo tanto, la esencia misma, la sustancia, de la Escritura, así como el fósforo es la sustancia esencial de los cerillos. Debemos encender el Espíritu de la Escritura al contactarla con nuestro espíritu para obtener el fuego divino”.

Así que para recibir vida al leer la Biblia, debemos usar nuestro espíritu para contactar al Espíritu en la Palabra. Como dice la nota, necesitamos “encender el Espíritu de la Escritura al contactarla con nuestro espíritu para obtener el fuego divino”. Pero ¿qué significa esto?

Una ilustración útil

Miremos con más detalle la analogía en la nota y hablemos de cómo se enciende un cerillo.

La cabeza de un cerillo está hecha con fósforo. El calor generado por la fricción enciende este químico altamente reactivo cuando se raspa un cerillo contra una superficie áspera. Si raspamos un cerillo contra un suéter, el césped o una botella de plástico, no pasa nada, porque ninguno de estos es el tipo de superficie adecuada. Pero cuando raspamos un cerillo contra una piedra arenosa, inmediatamente se enciende en llamas.

Así que para iniciar un fuego, necesitamos dos cosas: el cerillo en sí, y la superficie adecuada para rasparlo.

Usar nuestro espíritu para contactar al Espíritu en la Palabra

La ilustración de un cerillo raspando la superficie adecuada nos ayuda a ver cómo podemos obtener el fuego divino escondido en la Palabra de Dios. Para hacer esto, también necesitamos dos cosas: la Biblia (el cerillo), que está fuera de nosotros, y nuestro espíritu humano (la superficie correcta), que está dentro de nosotros.

Si acudimos a la Palabra de Dios y sólo ejercitamos nuestra mente para entenderla, no habrá ignición, o fuego. Nos perderemos el Espíritu en la Palabra. Las Escrituras tienen que ser raspadas contra la superficie correcta para que ocurra la ignición. La superficie correcta no es nuestra mente analítica ni nuestras emociones cambiantes; es nuestro espíritu humano.

Pero ¿cómo exactamente usamos nuestro espíritu para contactar al Espíritu en la Palabra?

Ejercitar nuestro espíritu al orar

Hablando físicamente, la mejor manera de ejercitar nuestros pies es caminar. Hablando espiritualmente, la mejor manera de ejercitar nuestro espíritu es orar. Al leer la Biblia con oración, usamos nuestro espíritu. Cuando usamos nuestro espíritu al orar, contactamos al Espíritu en la Palabra escrita de Dios.

Incluso antes de comenzar a leer la Biblia, podemos orar una oración simple como esta: “Señor Jesús, quiero tocar Tu Espíritu en Tu Palabra. Señor, no quiero simplemente leer las letras en blanco y negro de la Biblia; quiero recibirte como vida en Tu Palabra”. Orar de esta manera hace una gran diferencia a medida que aprendemos a ejercitar nuestro espíritu cuando acudimos a la Biblia.

Entonces, al leer Su Palabra, podemos continuar orando usando las palabras de la Biblia como nuestra oración. Podemos usar estas palabras para alabar, agradecer y adorar al Señor.

Cómo orar la Palabra de Dios

Como un ejemplo de cómo orar con la Palabra de Dios, usemos Juan 10:11:

“Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor pone Su vida por las ovejas”.

Podemos usar las palabras de este versículo para orar algo como esto: “Señor Jesús, te alabo porque Tú eres el buen Pastor. Estoy muy contento de que seas mi Pastor. Gracias, Señor, por hacerme una de Tus ovejas. ¡Señor, gracias por dar Tu vida por mí!”.

Podemos orar al Señor usando Sus palabras, las palabras de la Biblia, como nuestra oración. Al orar con la Biblia, usamos nuestro espíritu humano y contactamos al Espíritu en la Palabra de Dios. Esto hace que la Palabra nos transmita el Espíritu que da vida. Experimentamos lo que el Señor habló en Juan 6:63: “Las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”.

Esta vida alimenta nuestro espíritu, satisface nuestra hambre interior de Dios y riega nuestra alma sedienta. Y así como un niño crece físicamente al ser alimentado, nosotros experimentamos un crecimiento espiritual en nuestra vida cristiana al ser alimentados por el Espíritu en la Palabra de Dios.

Recibir vida de la Palabra de Dios

Saber que el Espíritu es la esencia de la Biblia revolucionará la forma en que nos acercamos a la Palabra de Dios. Ya no veremos la Palabra de Dios simplemente como un libro de enseñanzas o una guía externa sobre cómo vivir. No acudiremos a la Palabra de Dios usando sólo nuestra mente. En cambio, ejercitaremos nuestro espíritu en oración para contactar al Espíritu en la Palabra. Vendremos a la Biblia para recibir vida de la Palabra de Dios.

Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí y practicar recibir vida de la Palabra de Dios.

La vida cristiana
Cantar con nuestros corazones al Señor

En la Biblia, encontramos muchos ejemplos del pueblo de Dios alzando sus voces a Él en canto. Por ejemplo, Salmos 104:33 dice:

“Cantaré a Jehová mientras yo viva; cantaré salmos a mi Dios mientras yo exista”.

La práctica de cantar a Dios ha continuado a lo largo de los siglos. Hoy en día, cuando nos reunimos con otros creyentes, cantar es a menudo parte de nuestra adoración a Dios.

Pero cantar al Señor no es sólo algo que hacemos cuando estamos con otros en un día determinado o en un lugar determinado. En realidad, podemos cantar himnos todos los días de nuestra vida cristiana, en cualquier momento y en cualquier lugar.

En esta entrada, veremos algunos de los beneficios maravillosos de cantar al Señor a fin de ser animados a desarrollar esta práctica en nuestra vida diaria.

Cantar calienta nuestro corazón

A veces, cuando nos despertamos por la mañana, podríamos sentirnos desanimados, sin sentir mucho hacia el Señor. Todo tipo de pensamientos y ansiedades podrían inundar inmediatamente nuestra mente, entristeciéndonos antes que comience el día.

Pero abrir nuestra boca para cantar calienta nuestro corazón y nos ayuda a centrar nuestros pensamientos en Él.

Por ejemplo, sin importar cómo nos sintamos, podemos comenzar nuestro día con un himno como Tal como soy. Inmediatamente nos sentimos alentados por las palabras de la primera estrofa:

Tal como soy, sin más decir Que en Tu sangre yo creí, Ya que me invitas vengo así, Cordero de Dios, vengo a Ti.

Las palabras de este himno tocan nuestros corazones. Mientras cantamos, apreciamos frescamente a nuestro Señor Jesús como el precioso Cordero de Dios que se sacrificó a Sí mismo para quitar nuestro pecado. Sentimos el deseo del Señor de que vengamos a Él, y venimos, tal como somos.

Con nuestro afecto y aprecio por el Señor conmovidos nuevamente, el tiempo que pasamos con Él por la mañana no es un deber seco; es una delicia. Disfrutamos Su presencia y somos refrescados y suministrados para enfrentar el día.

Las canciones que le cantamos al Señor por la mañana a menudo permanecen con nosotros durante el resto de nuestro día. Incluso recordar una sola línea puede animarnos y volvernos a Él una y otra vez.

Cantar permite que la palabra de Cristo more ricamente en nosotros

En Colosenses 3:16, el apóstol Pablo vincula cantar con el hecho de que la palabra de Cristo mora en nosotros:

“La palabra de Cristo more ricamente en vosotros en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándonos unos a otros con salmos e himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones a Dios”.

En el Nuevo Testamento Versión Recobro, el primer párrafo de la nota 1 en este versículo explica qué es la palabra de Cristo:

“La palabra hablada por Cristo. Dios, en Su economía neotestamentaria, habla en el Hijo, y el Hijo no solamente habla por Sí mismo en los Evangelios, sino también mediante Sus miembros, los apóstoles y profetas, en el libro de Hechos, en las Epístolas y en Apocalipsis. Todas estas maneras de hablar pueden considerarse la palabra de Cristo”.

La palabra de Cristo consiste en todo el Nuevo Testamento. Entonces, ¿qué significa permitir que esta palabra more ricamente en nosotros?

La nota 2 nos dice el significado literal de morar:

“Lit., esté en casa, resida, habite. La palabra del Señor debe tener suficiente espacio dentro de nosotros a fin de que pueda operar y ministrar las riquezas de Cristo a nuestro ser interior”.

Cuando permitimos que la palabra de Cristo habite en nosotros, esta palabra opera en nosotros y nos ministra las riquezas de Cristo. Todos definitivamente queremos eso, así que ahora veamos cómo sucede esto.

La nota 5 explica:

“Enseñándoos y exhortándoos y cantando modifican al verbo morar. Esto indica que la manera en que permitimos que la palabra del Señor more ricamente en nosotros consiste en enseñar, exhortar y cantar”.

Los creyentes de hoy hemos heredado un tesoro rico de canciones, himnos y cánticos espirituales escritos por otros cristianos a lo largo de los años. Muchos de ellos están llenos tanto de la comprensión como de la experiencia de verdades preciosas en la Palabra de Dios. Cantar tales himnos es una manera disfrutable de permitir que la palabra de Cristo more en nosotros. No sólo eso, también los podemos usar para enseñarnos y exhortarnos unos a otros.

Por ejemplo, cantar un himno como Qué garantía, mío es Jesús puede fortalecer nuestra fe y tranquilizarnos acerca de la seguridad eterna de nuestra salvación. Las dos últimas líneas de la primera estrofa nos recuerdan las cosas maravillosas que sucedieron cuando fuimos regenerados:

"Dios me compró, me dio salvación, Me redimió y regeneró".

Estas palabras resuenan profundamente con nosotros porque son verdades que están en la Palabra de Dios. Veamos algunas de las frases de este himno:

Dios me compró se basa en Apocalipsis 5:9, que dice: “Tú [Cristo, el Cordero de Dios] fuiste inmolado, y con Tu sangre compraste para Dios hombres de toda tribu y lengua y pueblo y nación”.
Me dio salvación es de Hebreos 1:14, que se refiere a nosotros los creyentes como “los que han de heredar la salvación”.
Me redimió se basa en Colosenses 1:14, que dice: "en quien [Cristo] tenemos redención, el perdón de pecados”.
Y regeneró hace referencia a 1 Pedro 1:3, que dice que Dios “nos ha regenerado para una esperanza viva”.

Con sólo cantar estas pocas líneas, cualquier duda se disipa. Y aprender un himno como este puede ayudar a que la palabra de Cristo more en nosotros y nos salva de estar ocupados con tantas otras cosas.

Cantar himnos nos consuela y nos anima

Todos enfrentamos sufrimiento y dificultades a lo largo de nuestras vidas. Durante tales momentos, podemos sentirnos impotentes e incluso aplastados bajo el peso de las cargas que estamos soportando.

Agradecemos al Señor que muchos creyentes hayan escrito himnos basados en sus experiencias que nos animan cuando estamos en medio de pruebas.

A veces puede que no tengamos las palabras para orar, pero cantar un himno como éste (puede encontrar la melodía aquí) puede animarnos enormemente. El primer verso y el coro nos recuerdan que no importa por lo que estemos pasando, podemos volvernos al Señor y experimentar el consuelo de Su presencia:

Oh alma cansada y turbada ¿Sin luz en tu senda andarás? Al Salvador mira y vive Del mundo la luz es su faz. Pon tus ojos en Cristo, Tan lleno de gracia y amor, Y lo terrenal sin valor será A la luz del glorioso Señor.

Cantar nos ayuda a alabar y adorar al Señor

A veces, cuando pasamos tiempo con el Señor, brotan de nosotros sentimientos de gratitud y el deseo de alabarle. Al considerar todo lo que Él ha hecho por nosotros y todo lo que Él es para nosotros, podríamos encontrar que nuestras palabras son inadecuadas para transmitir la profundidad de nuestros sentimientos.

Pero ciertos himnos pueden ayudar a convertir nuestros sentimientos en palabras y ser el medio perfecto para alabarlo y darle las gracias a Él. Y no tenemos que esperar por un momento o lugar especial para hacerlo. Podemos cantar para adorar y alabar al Señor dondequiera que estemos: en nuestro automóvil, dando un paseo, en cualquier lugar.

Por ejemplo, podríamos cantar algunas líneas del himno de Charles Wesley, Cristo ha resucitado:

Cristo ha resucitado, ¡Aleluya! Victoria a Su pueblo ha dado ¡Aleluya! Vuestros gozos proclamad, ¡Aleluya! Cielos canten, tierra load,  ¡Aleluya!

La página web hymnal.net tiene una categoría completa llamada Alabanza al Señor llena de himnos de alabanza a nuestro querido Señor Jesús. Incluso aprender y cantar sólo unos pocos coros cortos al Señor puede enriquecer nuestra alabanza a Él.

Cantar nos ayuda a entrar en las experiencias profundas de otros creyentes

A lo largo de los siglos, muchos buscadores que aman al Señor Jesús lo han conocido y experimentado de una manera profunda e íntima. Algunos escribieron himnos expresando su aprecio por el Señor y sus experiencias personales de Él.

Al sólo leer las palabras de sus himnos, podemos entrar en sus experiencias y ser ayudados a desarrollar una relación personal, afectuosa e íntima con el Señor.

Por ejemplo, un himno de A.B. Simpson, autor de más de cien himnos, escribió acerca de su experiencia de permanecer en el Señor en este himno:

He aprendido el gran secreto De habitar en el Señor;  He probado de Su vida en La palabra de mi Dios; Y confiando en la sangre Fuerza y paz recibo yo; En Jesús me he perdido Y me hundo en mi Dios.

Cantar un himno como este nos inspira en nuestro propio andar con el Señor para ir en pos de conocerlo de esta manera. A pesar de que fueron escritos por otra persona, la letra se vuelve profundamente personal para nosotros.

Cómo cantar está relacionado con nuestro espíritu

En Efesios 5:18-19, Pablo instruye a los creyentes:

“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien, sed llenos en el espíritu, hablando unos a otros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y salmodiando al Señor en vuestros corazones”.

Pablo contrasta estar embriagado con vino con ser lleno en el espíritu. En el Nuevo Testamento Versión Recobro, la nota 1 sobre la palabra embriaguéis en el versículo 18 explica:

“Embriagarnos con vino es ser llenos en el cuerpo, mientras que ser llenos en el espíritu (nuestro espíritu regenerado, no el Espíritu de Dios) es ser llenos de Cristo (1:23) hasta la medida de la plenitud de Dios (3:19). Embriagarnos con vino en nuestro cuerpo físico nos trae disolución, pero ser llenos de Cristo, la plenitud de Dios, en nuestro espíritu, hace que rebosemos de Cristo al hablar, cantar, salmodiar y dar gracias a Dios (vs. 19-20), y también hace que estemos sujetos los unos a los otros (v. 21)”.

Seguramente a todos nos gustaría ser llenos en nuestro espíritu regenerado con Cristo. Pero ¿cómo puede suceder esto? La nota 1 en el versículo 19 nos dice:

“Los vs. 19-21 modifican la frase sed llenos en el espíritu del v. 18. Los salmos, himnos y cánticos espirituales no sólo son para ser cantados y salmodiados, sino también para que nos los hablemos unos a otros. El hablar, cantar, salmodiar, darle gracias a Dios (v. 20), y el someternos unos a otros (v. 21) no solamente son el rebosar producto de ser llenos en el espíritu, sino que también son la manera en que somos llenos en el espíritu”.

Así que cantar es tanto el resultado de ser lleno en nuestro espíritu como una de las maneras de ser lleno. Cuanto más cantemos con nuestros corazones al Señor, más nos llenaremos de espíritu con Cristo. Y cuanto más nos llenemos, más rebosaremos de Cristo en el canto. ¡Éste es un ciclo maravilloso!

Aclamar con júbilo al Señor

Es animante saber que la Biblia no dice: “Canta con una voz hermosa” o “Asegúrese de no estar desafinado”. De hecho, Salmos 98:4 dice:

“Aclamad con júbilo a Jehová, toda la tierra; prorrumpid, cantad de gozo, cantad salmos”.

Cantar al Señor no es algo formal y ceremonial que deba hacerse de cierta manera. El Señor simplemente quiere que cantemos de gozo e incluso que aclamemos con júbilo a Él.

Así que si no tenemos una buena voz para cantar o incluso que no tenemos oído musical, ¡todavía podemos cantar! Y nuestro canto estará lleno de júbilo al Señor. Nadie está descalificado para obtener todos los beneficios de cantar al Señor. Él sólo quiere que abramos nuestras bocas para cantarle con nuestros corazones. No importa cómo sonemos, cuando cantamos el Señor está feliz y estamos llenos de gozo.Esperamos que hayan disfrutado los himnos a los que enlazamos en esta entrada. Le animamos a que acuda a hymnal.net para aprender y disfrutar de más himnos que puede cantar al Señor. La página está en inglés, pero puede usar la función de búsqueda (localizada arriba a la derecha) para buscar himnos en español usando palabras claves como “salvación”, “adoración”, “alabanza”, etc. También le animamos a leer todas las notas iluminadoras sobre los versículos que mencionamos. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

El plan de Dios
¿Cómo quiere Dios que vivan los cristianos?

Todos probablemente tenemos algunas ideas sobre cómo deben vivir los cristianos a fin de agradar a Dios. Quizás pensemos que necesitamos esforzarnos por hacer lo correcto, hacer buenas obras o vivir de acuerdo a algún tipo de norma moral o ética.

En realidad, nuestras propias suposiciones nos impiden ver el verdadero deseo de Dios para con nosotros.

Entonces, ¿cómo quiere Dios que vivan los cristianos?

En Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 3, Watchman Nee provee una ayuda tremenda. En el capítulo uno, “Dos principios relacionados con el modo de vivir: vivir según la vida o según el bien y el mal”, Nee explica el principio por el cual Dios quiere que vivamos, como se revela en la Biblia.

En esta entrada, incluimos algunos extractos iluminadores de este capítulo para ayudarnos a ver cómo debemos vivir como creyentes en Cristo.

Regresar al principio

Para entender cómo Dios quiere que vivan los cristianos, tenemos que regresar al principio. Después de que Dios creó al primer hombre, Adán, Él lo puso en el huerto del Edén, que tenía dos árboles particulares. Génesis 2:9 dice:

“E hizo Jehová Dios brotar de la tierra todo árbol agradable a la vista y bueno para comer, y también el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal”.

El árbol de la vida representa a Dios como vida en forma de alimento. Dios quería que Adán, en representación de toda la humanidad, comiera de este árbol. Al comer del árbol de la vida, el hombre recibiría la vida de Dios.

Por otro lado, el árbol del conocimiento del bien y del mal representa a Satanás, el enemigo de Dios, quien es la fuente de la muerte. Dios le advirtió a Adán que comer de ese árbol resultaría en muerte.

Note que la Biblia no llama a estos dos árboles “el árbol de la vida y del bien” y “el árbol del conocimiento del mal”. El árbol que representa a Dios es simplemente el árbol de la vida. El otro árbol es el conocimiento tanto del bien como del mal. Un árbol da por resultado la vida, y el otro da por resultado la muerte.

La función de la conciencia del hombre

Como sabemos, Adán y Eva fueron tentados por Satanás para desobedecer a Dios y comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. En lugar de vivir por la vida de Dios y disfrutar de una relación amorosa con Él, Adán y Eva tuvieron que ser separados de Dios porque llegaron a ser pecaminosos.

Estar separado de Dios es una de las muchas consecuencias de la caída de Adán, la cual afectó a toda la humanidad. En vez de estar bajo el gobierno directo de Dios, el hombre tuvo que estar bajo el gobierno de su propia conciencia.

La conciencia es la parte de nuestro ser creada por Dios que nos alerta cuando hemos hecho algo malo, algo que Dios no aprueba. Es tremendamente importante que las personas presten atención y escuchen a su conciencia a fin de ser preservadas de la maldad ruinosa para la salvación y el propósito de Dios.

Dios también dio los diez mandamientos con todas sus ordenanzas a través de Moisés. Estos mandamientos registrados en el Antiguo Testamento nos muestran qué tipo de Dios es Él y cuán pecaminosa es la humanidad. Ver lo que Dios aprueba y lo que Él condena ayuda a iluminar la conciencia del hombre.

Sin duda, es de vital importancia que los padres enseñen a sus hijos lo que es correcto  y lo que está mal, y los ayuden a distinguir el bien del mal.Cuando los padres alientan y enseñan a sus hijos a escuchar su propia conciencia, los niños pueden aprender a tener relaciones sanas con los demás y llegar a ser ciudadanos obedientes a la ley y miembros contribuyentes de la sociedad. Todo esto es necesario para que la civilización humana continúe de manera adecuada, y no se debe descartar.

Pero además de esto, cuando somos salvos, recibimos la vida de Dios. Así que, después de ser salvos, Dios quiere que vivamos por algo aún más elevado que nuestra conciencia: Su vida divina.

Dos principios relacionados con el modo de vivir

El árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal representan no sólo dos fuentes diferentes sino dos maneras de vivir diametralmente opuestas. Una manera es vivir tomando a Dios como vida, y la otra es vivir según el conocimiento del bien y del mal, es decir, hacer lo que creemos que es bueno y correcto y evitar lo que es malo o incorrecto.

En Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 3, Nee remarca que estas dos maneras son dos principios relacionados con el modo de vivir. En la página 9, explica por qué es crucial que nosotros como creyentes conozcamos estos dos principios:

“El cristianismo se relaciona con la vida de Dios, no con el bien y el mal; y se centra en dicha vida, no en discernir entre lo bueno y lo malo. Tenemos muchos hermanos y hermanas jóvenes entre nosotros. Cuando ustedes aceptaron al Señor Jesús y recibieron una vida nueva, obtuvieron algo maravilloso en su interior. Recibieron otro principio que gobernaría el modo en que ustedes vivirían. Sin embargo, si ustedes ignoran este principio, en lugar de ser regidos por la vida divina, vivirán según el principio del bien y del mal”.

Tenemos la vida de Dios en nosotros

Desde el momento en que Dios creó al hombre hasta ahora, la intención de Dios nunca ha cambiado. Él todavía quiere que recibamos Su vida. Y Él quiere que vivamos y hagamos todo por el principio de la vida.

Entonces, ¿cómo podemos vivir por el principio de la vida? El primer requisito es que recibamos la vida divina de Dios. Esto sucedió cuando creímos en Jesucristo y nacimos de nuevo del Espíritu en nuestro espíritu. ¡Ahora tenemos la vida de Dios en nuestro espíritu!

Ahora Dios quiere que vivamos cada día por esta vida, no por un código moral externo de hacer lo que creemos que es bueno y correcto.

Podemos ver esto claramente en Juan capítulo 3. Nicodemo, un hombre bueno y moral, vino al Señor Jesús. En lugar de enseñar a Nicodemo o exhortarlo a ser una mejor persona, Jesús le dijo enfáticamente: “Os es necesario nacer de nuevo”.  Por muy bueno que fuera Nicodemo, él necesitaba nacer de nuevo a fin de recibir la vida de Dios y vivir por ella.

En la página 11, Nee enfatiza fuertemente este punto:

“Debemos recordar que la Palabra de Dios dice que la vida cristiana se basa en la vida que reside en nuestro interior, y no en una forma externa que define lo que es bueno o malo. Muchas personas mundanas, que aún no han sido salvas, viven según la norma de vida más elevada que pueden alcanzar: el principio de escoger entre lo bueno y lo malo. No obstante, si nosotros como cristianos vivimos según este mismo principio en nada nos diferenciamos de la gente del mundo. Los cristianos y los incrédulos difieren en el sentido de que los cristianos no se rigen por una forma ética ni por una ley externa”.

Una vez que somos salvos, tenemos una vida que reside en nuestro interior, la vida de Dios. Esto nos hace diferentes de las personas que aún no han sido salvas. Así que, debemos vivir de manera diferente a las personas que aún no han sido salvas, viviendo no según una forma ética externa, sino según la vida de Dios en nuestro espíritu.

Por supuesto, no debemos malinterpretar el punto que se está haciendo. Nunca está bien hacer cosas malas o incorrectas, y Dios nunca nos llevaría a hacer algo pecaminoso o inmoral. Siempre debemos seguir escuchando la voz de nuestra conciencia, que corresponde absolutamente con Dios, quien es santo y justo.

Pero el punto es que Dios finalmente quiere que vivamos según el principio de la vida, que era Su intención original cuando creó a la humanidad. Tenemos que darnos cuenta una y otra vez de que Dios quiere que nosotros —Sus creyentes que poseemos Su vida— vivamos, caminemos y hagamos todo por Su vida.

La vida divina de Dios trasciende cualquier norma humana. Así que cuando vivimos y actuamos por la vida de Dios, nuestro vivir en realidad sobrepasa la norma moral o ética más elevada. Entonces nuestros familiares, compañeros de trabajo, amigos y otras personas en nuestras vidas ven algo mucho más elevado que una vida ética; ven la expresión de Dios mismo en nuestro vivir.

Cómo sabemos por qué principio estamos viviendo

Dios quiere que todos Sus hijos, los cuales nacen de Su vida, vivan, caminen y hagan todo por Su vida. Pero en términos prácticos, ¿cómo podemos saber si estamos viviendo según el principio de la vida? Nee da algunos indicadores de cómo podemos saberlo en la página 14:

“Recuerden que la vida divina no actúa basándose en normas externas de lo que es bueno o malo. Debemos tomar nuestras decisiones basándonos en el sentir de vida o muerte que tengamos. Debemos prestar atención a si la vida divina dentro de nosotros aumenta o disminuye. Ningún cristiano debe hacer algo simplemente porque sea bueno y correcto. Debemos consultar con el Señor, quien mora en nosotros. ¿Cuál es el sentir que Él nos da? ¿Nos sentimos gozosos interiormente al hacer aquello? ¿Tenemos el gozo y la paz que provienen del Espíritu? Esto es lo que ha de determinar el rumbo que hemos de seguir en nuestra senda espiritual”.

Aquí Watchman Nee habla de decidir cosas basándonos en “el sentir de vida o muerte”. En otras palabras, sabemos por cuál fuente estamos viviendo no por una señal externa sino por un sentir, o sentimiento, interno que tenemos. Ese sentimiento es de vida o de muerte.

Si estamos haciendo las cosas de acuerdo a la vida, sentiremos gozo, felicidad y paz. Y esos sentimientos no son algo que podamos fabricar. Por otro lado, si tenemos la sensación de que la vida de Dios disminuye en nosotros, eso es un sentir de muerte. Así que, no importa cuán buena sea cierta cosa que hagamos, si tenemos un sentir o un sentimiento de muerte espiritual, necesitamos detenernos y volvernos al Señor para contactarlo en nuestro espíritu.

Al prestar atención a si tenemos un sentir de vida o un sentir de muerte, aprenderemos gradualmente a vivir según el principio de la vida. Viviremos y actuaremos de acuerdo con la vida de Dios en nuestro espíritu en lugar de evaluar si las cosas son simplemente correctas o incorrectas, buenas o malas.

Dos hechos que debemos recordar

El Señor es una Persona viva que ahora vive dentro de nosotros. Si estamos atentos a Él, Él nos hará saber si no estamos viviendo según el principio de la vida.

En las páginas 22-23, Nee señala dos hechos importantes que debemos recordar:

“Cada vez que busquemos a Dios y le pidamos que nos hable, la luz espontáneamente resplandecerá en nuestro interior. Tengamos presente que nuestra regeneración es un hecho. También es un hecho que Dios vive en nosotros por medio de nuestro Señor Jesús. El Señor está expresándose continuamente desde nuestro interior. Por consiguiente, esperamos que cada uno de nosotros pueda decirle a Dios: ‘Concédeme Tu gracia para vivir según el árbol de vida, y no según el árbol del conocimiento del bien y del mal. Quiero estar siempre atento a la vida divina. En cada situación deseo preguntarme: ¿Cuál es el sentir que me comunica Tu vida?’. Si éste es el principio que rige nuestro vivir, notaremos un gran cambio en nuestra vida cristiana”.

Qué maravilloso es que hayamos nacido de Dios y que Él esté viviendo en nosotros hoy. Que realmente veamos que Dios quiere que vivamos por el principio de la vida. Y como resultado, que busquemos que Dios hable en cada asunto, prestemos atención a la vida y seamos sensibles al sentir de vida dentro de nosotros.

En este capítulo, Watchman Nee da muchos ejemplos de su propia experiencia para aclarar el punto sobre cómo Dios quiere que vivamos. Estas situaciones prácticas son muy útiles para aprender a vivir según el principio de la vida. Le animamos a leer todo el capítulo 1 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 3. Puede descargar una copia gratuita aquí.

Si vive en los Estados Unidos, también puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

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